Esta semana que he estado en el planeta tierra ha sido una experiencia muy distinta a la que me imaginé.
He salido a ver como las personas de aquí conviven día a día. La verdad es que es más fácil de lo que me imaginé. Sin embargo, hay personas que prefieren aislarse del mundo a vivirlo en carne propia. Así como Nayan.
Me he dado cuenta que no le gusta salir mucho, interactuar con alguien, hasta he llegado a creer que respirar el mismo aire que otra persona le molesta.
Aunque eso me ha intrigado mucho, me ha hecho hacerme muchas preguntas de si a sido así desde siempre o específicamente por algo, eso no me es impedimento a querer acercármele. Me hace a un lado, pero parezco goma de mascar pegada a el cuando puedo porque siempre desaparece. Por cierto, la goma de mascar es deliciosa, no es tan dulce ni tan simple.
Ya sé utilizar el fuego para hacer comida en lugar de mi varita. También sé dirigirme a una persona sin sonar demasiado rara. Sé los nombres reales de algunas cosas como las bicicletas que me parecen divertidas. He hecho amigas, o creo que las son para mi porque así me dicen, “amiga”.
La ultima vez que interactué con alguien fue hace cinco minutos porque pedí una bebida en este lugar al que le llaman cafetería. Todos los días trato de dar con su paradero, pero pareces que se esconde en las cuevas más profundas que puedan existir aquí porque no lo encuentro. O eso pensaba hasta ahorita.
- ¡Nayan! ¡Estoy aquí!
Como si yo fuera lo más vergonzoso que haya visto hoy se aleja. No lo dejo siquiera abrir la puerta para salir porque le obstaculizo el paso.
- ¿En donde te has metido todo este tiempo? Te eh estado buscando por todos lados, pero te sabes esconder muy bien.
Me mira, me hace a un lado con su mano y sale del lugar. Lo sigo, pero al estar a unos metros veo que su expresión de cansancio cambia a una llena de vida, y diría que alegre por esos dos chicos que se le acercaron. ¿Quiénes son?
Ellos empiezan a caminar luego de darse un abrazo, los sigo discretamente. Pasan al otro lado de la calle hasta llegar al campus, entran a un edificio un poco alto y decido seguirlos hasta ver a donde llegan. Suben las escaleras y entran en una pequeña habitación juntando la puerta. Me acerco y la abro tan solo unos centímetros para poder ver o escuchar algo.
-Hola, Dimitriou. Pensé que ya no vendrías más después del incidente.
-Solo necesito relajarme.
-Has venido en el momento correcto, tengo un poco del nuevo que salió a la venta esta semana.
- ¡¿Hablas del groen?!
-De que más, ven, tengo un poco listo para ser consumido.
¿Groen? ¿Qué es eso?
-Ten, tu ya sabes lo que tienes que hacer.
Nayan pone un pequeño tubo en su nariz y se inclina hasta llegar a un polvo blanco en una pequeña mesa.
- ¿Tú también viniste para relajarte?
-Yo… no jeje, yo no…
Me han descubierto.
-Vamos, entra.
Me ofrece la mano, pero esta situación no me agrada para nada.
- ¿Qué mierda haces aquí?
-Nayan, yo… yo te seguí.
- ¿Desde la cafetería? -asiento-. Vamos, este no es tu lugar.
Me jala del brazo haciéndome caminar a su paso. Más bien estoy tratando porque el tiene piernas largas y da pasos más grandes que yo.
-Espera, me estás lastimando el brazo.
Sigue caminando sin escuchar lo que le digo.
-Enserio me lastimas, Nayan.
Me suelta bruscamente poniéndome delante de él.
- ¡¿Por qué me sigues todo el tiempo?!
-Yo… solo quiero ser tu amiga.
- ¡¿Acaso no te eh sido claro cuando te eh dicho que me dejes en paz?!
Su tono de voz me hace retroceder un paso. Me hace dar miedo.
- ¿Qué era ese polvo blanco? -pregunto, con voz tímida y mi cabeza agachada.
-Eso no te incumbe -baja su voz, poniendo una de sus manos en su mandíbula-. Quiero que ya no me persigas más, ¿me entendiste?
- ¿Qué era ese polvo blanco? -sigo preguntando.
- ¿Eres o te haces al no saber que es droga? -suelta, como si fuera algo normal.
-Tú mamá no estaría orgullosa de ti si consumes esas sustancias dañinas -me tapo la boca al darme cuenta de lo que acabo de decir y al ver su cara de desconcierto.
- ¿Tú que sabes de ella? ¿Acaso la conociste más que yo? -me habla con desprecio.
-No la conocí -miento-, pero a ninguna madre le gustaría saber que su hijo está en malo pasos. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué no te cuidas?
-Tú no eres nadie como para venirme a decir que hacer con mi vida, si estoy en esto es porque quiero, porque me gusta -se gira, empezando a caminar hasta la habitación en donde lo encontré.
Se aleja, lentamente. Empiezo a recordar la paliza que le dieron el otro día y al recordar lo que el chico le dijo, “Pensé que ya no vendrías más después del incidente”.
-Espera… ¿Por eso fue que te golpearon? ¡Nayan, espera un momento!
- ¡Si, ahora déjame en paz! ¡Nunca nadie me cuido y no quiero que lo hagan ahora! ¡Siempre he estado solo! ¡No quiero a alguien cerca de mí, todos me abandonaron! ¡No quiero que sientan lástima!
La tristeza que encuentro en su voz me hace dar cuenta de lo mucho que ha sufrido en todos estos años. Nunca creí que él estaría solo. Siempre pensé que la reina lo cuidaba por medio de otras personas, pero veo que pensé mal.
-No estas solo, me tienes a mí, yo puedo cuidar de ti si me lo permites.
- ¿Crees que necesito que alguien me cuide?
-No dije eso, solo creo que es mejor que salgas de esto con ayuda de alguien quien te apoye.
-Apenas eres una chica rara, no te conozco y me caes muy mal, no quiero de tu ayuda, estoy bien donde estoy.
Empieza a caminar y las ganas de darle mi calor me hacen mover muy ágilmente, poniendo mis brazos alrededor de su cadera y mi cara en su espalda.
-No estás solo, Nayan.
- ¡¿Qué estás haciendo?!
-Esto es un abrazo.
-Sé lo que es, pero suéltame -me trata de quitar los brazos de su cadera, pero no lo logra-. ¡Que me sueltes te dije!
- ¿Te sientes diferente? Un abrazo hace que las personas se sientan bien.
-Lo único que siento es… -se queda en silencio por unos segundos, sin saber que palabra decirme.
- ¿Es?
-Mejor me voy, no quiero tener que lidiar con un bicho raro otra vez.
-Sé que el abrazo te gustó, aunque no me lo hayas dicho –le sonrío, dejando ver mis hoyuelos en mis cachetes-. Conmigo no tienes por qué ocultar lo que sientes.
-Adiós.
Se aleja.
- ¡Al menos, hablemos mañana en la misma cafetería! ¡A las seis de la tarde!
Grito para que me logre escuchar. Aunque no se si asistirá, lo esperaré.