Capitulo 2 (El gran Nayan Dimitriou)

1952 Palabras
- ¿ropa? – - ¡lista! – - ¿zapatos? – - ¡listos! – - ¿barita ? – - ¡lista! – - ¡no! la barita se queda- - ¿Por qué? No la usaré, padre, lo prometo- -no la puedes llevar, son ordenes- - ¿y si algo malo me pasa o intentan ata*car al hijo de la reina? – -si eso pasa, mandaremos a hechiceros guardianes por ustedes dos, a partir de ahora eres una humana, has todo lo que ellos hagan, menos cosas peligrosas- Con la cabeza baja, digo -está bien, padre- - ¿Llevas a Orión? - -Si, ¿no puedo? - niega, un poco triste -está bien, dejaré a mi gato aquí, solo cuídalo y dale de comer a la hora que es- bajo a Orión de mi mochila y el me dice que estará bien.  Tanto mi gato Orión y yo nos podemos comunicar telepáticamente, eso es gracias a que el nació de mi esencia de una lágrima mía producto de un hechizo de protección que hice. Prácticamente nació de la esencia de mi magia. Es un gato muy bonito que cuando su ama está en peligro se transforma en un hermoso dragón dorado que al volar expulsa un polvo brillante de sus alas.  -ven acá, hija- me abraza y yo lo rodeo con mis brazos -cuídate bien, esto es peligroso, no conozco ese lugar como para darte consejos- me da un beso en mis cabellos -ten cuidado, eres muy especial para mi- asiento y sonrío. -si padre, prometo cuidarme, ¿tengo que ser educada, así como aquí? – -si, pero entre las personas de tu edad no mucho, entra en confianza, hazte amiga de los que conozcas, trata de “vivir la vida” como dicen los jóvenes, si haces todo bien, podrás volver pronto, pero no puedes decirle tu identidad al hijo de la reina, el no puede saber que lo están cuidando, mantén ese secreto muy oculto, una cosa más- me mira -no te enamores de un mortal o humano, como lo quieras llamar. Sabes que si lo haces, te pueden quitar tu inmortalidad, los humanos y los hechiceros no pueden estar juntos- -lo sé muy bien, padre, voy a experimentar lo que es ser humana, pero tendré cuidado, nunca me he enamorado y no creo hacerlo- sonrío -aun no estoy lista-   -pero tendrás que estarlo, no por siempre te quedarás sola, tienes que darles vida a nuevos hechiceros, pero aún falta para eso- suspira -tienes veintidós años, cuando termines esta misión, tu y yo iremos a presentarte ante las familias prestigiosas, tienes que casarte- me mira melancólicamente -tienes que encontrar a alguien especial, si te enamoras de otro hechicero, mucho mejor, pero si no, vas a casarte sin amor o afecto- sonríe -vuelve pronto mi querida Freya- -prometo volver y darte un enorme abrazo- sonrío y me separo de él - ¿a qué hora tengo que estar allá? – -ya tienes que irte, cuídate mi querida hija, recuerda, no incumplas las reglas por nada, que la “Madre Luna” te guíe- asiento y salgo para ir donde la gran reina Evanora. -estoy lista, reina- -Freya Saturno, yo, la reina Evanora, te doy el privilegio de ir al planeta tierra y cuidar a mi hijo- una luz blanca llega hasta el gran salón y se posa al lado de ella -pequeña hechicera, acércate- obedezco y camino hasta estar frente a la gran luz brillante -una vez dentro, el mundo mortal te rodeará, bue viaje Freya- asiento y con mucho miedo entro en aquella luz, cierro mis ojos por la gran intensidad de esta, hace frio, pero la temperatura se normaliza y viento fresco recorre mi mejilla. Abro lentamente mis pequeños ojos y todo es verde, ¿árboles? Son… ¡ÁRBOLES DE VERDAD! Mi alegría es tan grande que voy y abrazo uno -espera, espera, esto creo que es poco normal- rápidamente me separo de él y respiro -aire fresco- observo todo mi alrededor, hay un gran salón, creo que les dicen “edificios”, ahí personas caminando y sentadas en el piso verde -disculpa, ¿Dónde estoy? – le pregunto a una bonita chica que pasaba. -en la Universidad Aristóteles de Salónica- ella lleva unos libros en sus brazos. -bueno, gracias- asiente y se va. - ¿Universidad? Aquí es donde ¿estudian? – con miedo empiezo a caminar por todo el lugar, viendo los paisajes muy bonitos, observando el gran salón al que llaman Universidad -o perdón, no te vi- choco con un chico que llevaba audífonos puestos. -tranquila, estaba distraído- sonríe. -oye, ¿me podrías ayudar en algo? – - ¿ok? – -conoces a ¿Nayan Dimitriou? – -oh si, es el que esta en aquella banca- sigo con mi mirada al lugar con el que apunta su dedo -es el de camisa blanca- -gracias- -de nada- se coloca los audífonos y se marcha. -te encontré- sonrío victoriosa y camino hasta donde esta él -espera, Freya, no puedes ir y decirle “vengo a cuidarte”, invéntate algo- pensativa, meto una mano en los bolsillos del calentador que mi padre me dio y siento unas cosas redondas - ¡dinero real!... Freya, con esto puedes comprar alguna agua dulce y hacer como que se te derrama sobre él, no es mala idea- digo para mí misma. Llego hasta una especie de puesto donde venden cosas - ¿tiene agua dulce? – - ¿agua dulce? – -bebidas dulces- sonrío apenada. -tengo refrescos- me da una botella con un líquido rosa y asiento. - ¿Cuánto vale? – -cincuenta centavos- Saco una moneda - ¿con esto alcanza? – La mujer me mira algo raro y asiente -ten el cambio- asiento y abro la bebida al mismo tiempo que pongo mis pies en marcha hasta donde se encuentra la razón de mi misión. Tomo un poco antes de desperdiciarlo -esto es… ¡rico! – tomo más del líquido hasta casi vaciarlo. Guardo la calma y en el momento de estar al lado de él, hago un ligero movimiento con mi muñeca haciendo que la botella gire y vacíe todo el líquido. - ¡Que te pasa! – -oh, cuanto lo siento- - ¡Mira por donde vas! – -oye cálmate, solo fue un poco de refresco, tampoco es para que me grites- me acerco a él y quedo cerca de su cara -a las mujeres no se les grita- y con mi dedo índice le doy un golpe en la frente. - ¿Quién te crees que eres? – esta vez habla con más cautela. -soy alguien normal, del planeta tierra- -deja de decir tonterías, vete, estorbas- gira su torso y sigue haciendo lo que hacia antes de que yo llegara. -tu camisa esta manchada, si me la das, podré lavarla- sonrío. -dije que te fueras- bufa. Busco en mi equipaje una camisa grande -ten, esto te servirá- me mira y de mala gana la coge -de nada- - ¿Qué es lo que quieres? Eres rara- -soy única, y quiero ser tu amiga- me siento a su lado - ¿Cómo te llamas? – -eso a ti que te importa- revira los ojos y vuelve su vista a un papel blanco. -eso fue muy descortés de tu parte- lo reprendo - ¿Por qué eres tan pesado? – - ¿Por qué eres tan irritante? – -solo quise remendar el error que cometí- -no te lo pedí- -eres un…- ¿esta bien decir un insulto? - ¿un qué? – este chico no me agrada. -eres alguien odioso- es muy creído, me da tortícolis. -vete entonces- vuelve al papel. Ten paciencia, Freya -dime, ¿Qué haces? – -déjame en paz- deja de mover su lápiz sobre el papel y me mira -dije que te fueras, pero eres terca- coge su equipaje y se levanta. - ¿Dónde vas? – -muy lejos de ti- camina y yo sigo sus pasos contándolos - ¿Qué haces? – -no conozco a nadie aquí, solo te sigo- sonrío. - ¿me vas a seguir? – hace una mueca de disgusto. -a ti no, a tus pasos si- señalo el piso. - ¿te han dicho que eres rara e irritante? – deja sus cosas en el suelo y suspira, se saca la camisa dejando ver todo su abdomen. - ¡QUE HACES! – pongo mis manos tapándome el rostro, se paso del límite, eso es muy descortés, desvestirse delante de una dama no es algo adecuado. -listo, ten- me lanza la camisa manchada -lávala y deja de seguirme. Asiento -prometo dártela cuando este sin ninguna mancha- digo mientras él camina hasta perdérseme de vista. Vine con las esperanzas de encontrarme a un chico educado y que me haga decir “gusto en conocerte, Nayan”, pero solo me encontré a uno odioso, sin modales y respeto. Esto será un poco más difícil de lo que pensé, ya se a quien debo proteger, pero ¿podre hacerlo? El parece estar protegiéndome, yo desconozco la tierra, no sabia ni cuanto darle a la mujer que me dio el refresco, tengo que investigar más acerca de los mortales, como viven, como hablan, como se llevan… sin duda alguna, mi amistad con Nayan, el hijo de la reina será todo un caos, es muy peleón y grosero, no se compara con la gran reina Evanora, ¿Quién lo cuido cuando la reina abandono la tierra? Parece un chico solitario o soy la única que lo piensa, creo que demuestra esa faceta porque algo pasa, no creo que una persona sea así en su interior. Yo vine para protegerlo, mi deber es estar cerca de él y eso es lo que haré. -Freya- Esa voz, ¿de dónde viene? -Freya Saturno- La voz, quien me está hablando… -Freya, soy la reina Evanora- - ¿reina Evanora? – -me comunico contigo a través del hechizo de la telepatía- -que gran alivio escucharla, mi señora- -ya conociste a mi hijo- - ¿Cómo usted lo sabe? – -lo sé todo, Freya, tu te quedarás dentro del campus de la Universidad, tienes que estar cerca de mi hijo, algo se aproxima, tienes que protegerlo, en el lugar habrá cosas de ayuda para ti, una laptop donde podrás investigar todo sobre los mortales, comida, más ropa, y un manual donde te explica detalladamente como usar la tecnología- -se lo agradezco mucho, mi reina- -un camino hechizado que solo tú podrás ver te guiara hasta tu departamento- - ¿departamento? – -así les dicen los mortales a los salones, cuídate mi querida Freya, estaré comunicándome contigo cuando estés en problemas- Un camino brillante aparece frente a mí como si fueran las huellas que deja Orión cuando toma un baño de leche y miel, lo sigo y llego a un salón, no, a un departamento que está cerca del gran salón donde estudian las personas, la puerta está sin llave por lo que entro sin ningún problema. El lugar esta muy bonito, todo es diferente a comparación de “La Luna”, es pequeño, pero me gusta. Ahí un espejo n***o encima de una repisa, una cama blanca muy suave con algodones para mi cabeza, un lugar donde puedo hacer mis necesidades, un cajón donde hay comida, puedo vivir aquí si me dieran a elegir, es algo nuevo, pero me gusta. Y como la gran reina Evanora dijo, si ahí un manual donde esta cada cosa detallada y una laptop, por lo que leí, ahí podre investigar. En “La Luna” investigamos a través de hechizos, invocamos un portal donde aparece lo que buscamos. Trataré de adaptarme lo antes posible, en eso soy experta.   
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