Capítulo 9: Piensa Rápido

2061 Palabras
El cielo de Noruega los despidió en las rejas de metal de Equior junto a los mellizos Vanir. —¿No van a venir con nosotros? —le preguntó Elizabeth a Freyr después de que él le diera sus burdos adioses al resto de sus amigos, pero se despidiera de ella tomándole las manos. La verdad era que el dios del sol no tenía mucho de cálido y sí de caliente. Erick lo quería matar cuando dijo que era una lástima que Anna estuviera retozando con un neófito y Lachlan prácticamente ni le miró la cara desde que Lizzy se había despertado. Si acaso se había dejado ver con alguien, había sido con Hans, pero no conocía la naturaleza de esa relación. —Hasta pronto, pequeño príncipe sonrió el de los ojos amarillos con una malicia pintada en todo su rostro—. Y ahí va —habló cuando Lachlan entró en el auto—, intentando hacer como si la ira no se lo estuviera comiendo por dentro porque estoy tocando tus manos. —Por favor, Freyr —le pidió Lizzy y él solo relajó sus labios. —Nosotros no podemos salir de aquí, Artemis —respondió Freyja con su cabellera trenzada detrás de su hermano—, pero una de mis guerreras los ayudará. —¿Guerreras? ¿Qué más podría existir en aquel mundo de sobrenaturales que yo desconocía? —Elizabeth Shendfield —habló el chico de los ojos amarillos con un tono burlón en su profunda voz—. Tienes el honor de estar en presencia de ¡Freyja de Fólkvangr! ¡La diosa de los defensores caídos en batalla; la reina de las jodidas valkirias! —anunciaba él como si se tratara de una broma. Freyja se cruzó de brazos y rodó los ojos en blanco, tensando sus labios en una mueca hastiada por las payasadas de Freyr. Aquellos dos tenían una dinámica tan disfuncional como mellizos que a Lizzy le hacía estar agradecida por tener de hermano a Erick. —¿Ahora tendremos valkirias en Valley City? —preguntó Becky intentando procesar la sobrecarga de información que parecía fluir por su mente como un río inacabable. Jensen solo sonrió al escucharla con una expresión completamente adorable e intento esconder el rubor en sus mejillas y orejas bajando la mirada. —No, humana —habló Freyja queriendo quedar por encima de todos—. Kára es una guerrera y una inmortal. Ella comparte parte de mis poderes, así que también es una volva Estará con ustedes cuando lo necesiten. —¿Una qué? —fue el turno de Erick de preguntar. —Ella puede ver partes del futuro, como mi hermana —aclaró Freyr—. También es una perra traicionera sin una gota de lealtad hacia nadie más que ella misma, otra vez, como mi hermana. Pero por todo lo demás, debería irles maravillosamente bien con ella. Su sarcasmo era hilarante, pero si Elizabeth reía, iba a estar en un terrible problema, así que se mordió los labios. —¿No se supone que Artemis tenga unas cazadoras leales a ella? —preguntó Lizzy, ante lo que dios caído dejó escapar una mordaz sonrisa. —¿Un ejército de vírgenes? —había ironía en el tono de Freyr y la burla en su rostro volvía a aparecer como un cálido amanecer—. ¿En qué siglo estás viviendo, amor? Lizzy logró reírse esa vez y Freyr se acercó a ella solo para susurrarle al oído otra burla. —Además, ¿con qué ejemplo predicarías? Lizzy lo empujó con ambas manos en el pecho y sintió el palpitar de la cicatriz del dios. Él, la rodeó en un abrazo y enterró su rostro en el cabello n***o de la chica. —Te deseo suerte, Elizabeth —se despidió finalmente Freyr cuando su hermana se adentró en el castillo y los demás a su lado estaban demasiado ocupados acomodando el equipaje en los maleteros de los autos—. Espero que nunca tengas que utilizar las habilidades que Persephone te otorgó con ese beso, cualesquiera que sean —dijo y ella quedó paralizada por su comentario. —¿De qué demonios hablas ahora, Freyr? —preguntó. Él era muy capaz de dejarla allí sin una respuesta, pero Lizzy esperara que no lo hiciera. —Creo que lo descubrirán en muy poco tiempo —sonrió él al ver que Lachlan estaba atento a la conversación y lo escuchaba todo—. Y otra cosa más: si esa vampira logra despertar a William, asegúrate de enseñarle quién eres realmente y puede que sobrevivas a él. No es tan horrible como lo pintan. Sus crípticas palabras solo lograron confundir más a Lizzy. ¿Freyr conocía a William? se preguntó ella enseguida. Yo podría resumirle toda la historia cuando me levantara de mi suplicio. El camino al aeropuerto transcurrió con la mente de la chica enredada en la respuesta que Freyr le había dado a su pregunta y esta había sido tan reveladora como una noche oscura. Nadie más había escuchado aquellas palabras; solo Lachlan y ella. Becky durmió la mayoría del trayecto y solo se despertó cuando se trasladaron de las dos van negras al jet privado que esperaban en el aeropuerto. No iban a hacer ninguna parada en el camino, sino que se dirigirían directo a Estados Unidos lo más pronto posible. Era un viaje de ocho horas que pesar a todas las comodidades del avión, aún se sentía fatigoso gracias a las preocupaciones que todos tenía acumuladas en la cabeza. Por las ventanas no se podía ver más allá de las nubes negras debajo de ellos y me pareció que esa forma de trasladarse en un avión, no sería de mis favoritas una vez que regresara al mundo de los vivos. A veces, el reflejo de la luna menguante resplandecía en las aguas del océano, pero luego se perdía en el paraje inestable y volvían a la absoluta sombra. Prefería los barcos, sin duda alguna. Anna y Erick estaban acurrucados en sus asientos contiguos y Becky y Jensen estaban uno frente al otro. Hans al lado de Lizzy y Helena junto a Lachlan por su propia voluntad, lo que a la chica le parecía bastante acertado. Al aterrizar en Edinburg, ella todavía se sentía totalmente fuera de lugar, y debo añadir que yo también, pues todo el mundo parecía haber evolucionado a paso estrepitoso en comparación con otros períodos de la humanidad. No fue hasta que comencé a ver el inconfundible bosque a ambos lados de la carretera a las afueras de Valley City que sentí que caía nuevamente en lo que era mi esencia. Elizabeth, por otro lado, parecía respirar con más tranquilidad. ¿Cuándo aquel pueblo al que ella detestaba tanto a finales del año anterior, se había convertido en lo más cercano a su hogar? —¿No vamos a ir directo a casa? —preguntó al ver que Erick no tomó la calle principal, sino la avenida que sin duda llevaba a la mansión de los Amell. —Es mejor pasar la noche en un lugar que ya está protegido nuestros hechizos —respondió Hans—. Estoy muy cansado como para lanzar un conjuro de protección sobre tu casa solo para ti y Rebecca. Tenía algo razón en ello, más Lizzy no quería ir directo a su casa; ella quería ir a dónde Alexandra, aunque se limitó a no decir nada al respecto para no incomodar más a Lachlan. Definitivamente, no iba a dormir en su habitación esa noche. La vista de la mansión de los vampiros fue recibida por la chica con algo de nostalgia. Se sentía como si no hubiera estado en aquel lugar por años, cuando solo dos cortos meses habían pasado. Algo le faltaba y yo sabía que los ojos de Sam eran los que necesitaba, aunque ella se esforzaba por negárselo a sí misma. —¿Cómo vamos a hacer lugar para tantas personas allí dentro? —preguntó ella bajándose del auto con un dolor sordo en todos los músculos por el largo viaje que había sufrido. —Hay once dormitorios en la casa y trece baños, Lizzy —respondió Erick llevando las primeras maletas adentro—. Por habitaciones independientes no te preocupes —sonrió él, quien hablaba como si fuera el dueño de aquella mansión y no Jensen. Después de todo, su hermano pasaba más tiempo allí que en la casa que compartía con ella. —Supongo que eso significa que no dormirás conmigo esta noche —habló Lachlan con algo de dolor en el ego. —Creo que es mejor para ella descansar un poco estos primeros días —intentaba suavizar Jensen mientras le arrebataba una maleta de las manos a Lizzy para que no hiciera ningún tipo de esfuerzo físico. —¡Puedo bajar mi propio equipaje! No estoy enferma —discutía con el vampiro a la hora de sacar de la camioneta cada una de las bolsas. Quedaba solo una maleta y se parecía mucho a la suya, así que supuso que al menos podría con aquella escuálida bolsa que era más espacio vacío que ropa. —Lizzy, no puedes cargar eso —le dijo Jensen, pero aún así, la bajó del maletero del carro sin el mayor esfuerzo, como para demostrarle al protector vampiro que no le había costado nada. Al levantar la vista, los encontró a los dos prácticamente boquiabiertos e incapaces de parpadear. En sus rostros se veía un poco de confusión e incredulidad y ella no comprendía muy bien la razón por la cual se asombraron tanto al verle realizar aquella acción. Era algo simple, pensaba. —¿Por qué me miran como si fuera un fenómeno de circo? —preguntó en un intento de comprender el motivo de la sorpresa. —En esa maleta es donde traemos las bolsas de plasma. Es posiblemente la más pesada de todas. ¿Cómo pudiste bajarla con tanta facilidad? —preguntó Jensen. —No estaba tan pesada realmente —respondió quitándole importancia al asunto. —Allí dentro había casi 500 bolsas de plasma. Eso es el doble de la cantidad de litros de sangre que tiene un ser humano —respondió el vampiro aún incrédulo, y comprobando que se tratara de la maleta correcta, se adentró en la casa con ella. —¡Elizabeth! ¡¡Piensa rápido!! —le gritó Lachlan repentinamente y al posar sus ojos al frente, lo único que descubrió la chica fue al príncipe levantando el auto con sus manos. Jensen corrió hacia ella tan rápido como pudo, pero estaba demasiado lejos como para llegar antes que el carro. El rubio jamás llegaría a tiempo y daba por seguro que la van la aplastaría con facilidad, o que se quedaría estática y en shock por el trauma sufrido con el accidente que realmente le había costado la vida. La única reacción de Elizabeth fue cruzar los brazos frente a su rostro en un escaso intento de detener el impacto, o hacerlo un poco menos doloroso, aunque lo dudaba. Sintió el golpe sobre las manos, pero cuando abrió los ojos aún estaba en pie. Ningún hueso se había roto. Ni siquiera una pequeña herida o rasguño se había hecho sobre su piel. El carro, en cambio estaba sobre el pavimento totalmente destrozado. —¡¿Por qué demonios hiciste eso?! —le gritaba Jensen a Lachlan cuando la tensión del momento se había dispersado. Lizzy, en cambio, no podía articular palabra ninguna, solo mirar al auto hecho añicos y de alguna forma, recordar al accidente en medio de la carretera con Christian. —Si no hubiera estado seguro de que nada le habría pasado, no lo hubiera hecho —respondió Lachlan muy calmado. —Pero, ¿cómo lo sabías? —preguntó Jensen. —He estado suficientes siglos alrededor de Freyr como para saber que un beso de Persephone antes de devolverle la vida a un dios, es sinónimo de regalarle parte de sus poderes originales —respondió el muchacho revisando el carro muy pausadamente, como si sus palabras y sus acciones no tuvieran mayores implicaciones—. Esperemos que no le haya "obsequiado" nada más. Jensen quería destrozarlo por poner en peligro a la chica, y Lizzy quería hacerlo por otras razones, pero la realidad era que a ella no le restaban fuerzas para usarlas en Lachlan.
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