Capítulo 10: Preguntas Erróneas

2004 Palabras
—¿Estás totalmente seguro de que ella no es un vampiro? —le preguntaba Jason Lambert a Jensen mirando fijamente los ojos de Elizabeth. Los eventos de esa tarde hicieron que el vampiro se apresurara a llamar al padre de Kat tan pronto como entraron a la mansión Amell. Él no se hizo esperar mucho y en cuestión de una hora, el cazador apareció en la puerta de la propiedad con toda la premura que le caracterizaba. Sentados en la sala, Lizzy y el resto de los chicos alternaban miradas entre Jason y Jensen, esperando atentos una respuesta plausible a la novel condición de la chica. —Estoy justo aquí —se encogió ella de hombros—. Puedes preguntarme directamente a mí. —Estoy más que seguro de que Elizabeth no es una vampira —confirmó Jensen al tiempo que caminaba hacia ella y apoyaba sus manos en sus cansados hombros. Lachlan, en cambio estaba recostado al marco de la puerta de la cocina de brazos cruzados y a una agradecida distancia de Lizzy. Estaba tan molesta por su desesperado movimiento esa tarde que ni siquiera quería mirarlo a la cara. —Tengo que admitir que nunca, en todos los años que llevo cazando criaturas como ustedes, he visto algo parecido —afirmó el padre de Katherine estrujándose las cejas e intentando buscar una referencia a lo que sea que estuviera sucediendo con la diosa caída. —Freyr lo dijo bien claro —habló Lachlan completamente convencido de que él estaba correcto en su suposición—. Persephone le devolvió parte de las habilidades de Artemis a Elizabeth. ¿Qué tan complicado de entender es eso para ustedes? —¿Y ahora de repente te fías de las palabras de Freyr después de estar tres semanas diciéndome que es un mentiroso y un embaucador? —arremetió Lizzy fastidiada contra el moreno de los ojos jade. Su hastío incomodó a todos en la habitación, pero Hans la detuvo de continuar poniendo a Lachlan en evidencia enfrente del resto de los chicos con una mano en el hombro de Lizzy. —Puede ser posible —habló el pelirrojo intentando aminorar la ira en los ojos de la chica y el aire pesado que se respiraba en la habitación. —Es muy insólito —continuó Helena—. Artemis no tenía tratos con Persephone y la reina del inframundo no es muy conocida por la bondad de su corazón. —Quizás necesita algo de mí —recordó ella—. En el Inframundo, habló de William. Se sentía delicioso escuchar mi nombre en sus labios. En contraposición, el rostro de Jason y de Helena se endureció en el justo momento que lo pronunció. Ambos sabían algo que no querían contar. —Si ese es el caso, creí que era totalmente imposible encontrarme algo como ella —afirmó el cazador mirando a Elizabeth un poco más que solo asombrado. —¿Qué? ¿Qué era totalmente imposible hasta que la viste a ella Jason? —preguntó Jensen tratando de sacarle al hombre los pensamientos que escondía detrás de aquellas palabras. Helena también sabía, pero quería permitirle al humano que diera sus explicaciones para luego sacar sus propias conclusiones con respecto al tema en cuestión; o sea, la complicada resurrección de una caída. El hombre divagó un poco para no contar toda la verdad, pero sabía que no podía retenerlo por más tiempo gracias a las molestas habilidades de Jensen de leer mentes. Si no quería decir con sinceridad lo que realmente sabía, el vampiro husmearía en cada milímetro de su mente hasta saber todos aquellos oscuros secretos suyos, y eso era algo que el cazador no podía permitirse en lo absoluto. No había nada que lo defendiera de las habilidades de Jensen desde el momento en punto en el que había permitido que tocara sus manos. Las limitaciones de los vampiros corrientes, sin embargo, no se aplicaban a mí y yo sí podía entrar a cualquier mente. —Bien —asintió finalmente—. Creo que la explicación más lógica al respecto de la nueva condición de Elizabeth, es que Persephone la regresó a la vida con ciertas habilidades para asegurarse de que nada obstaculizara la maldición y sacar a William de su tumba —supuso. Honestamente, ninguno de los presentes en aquella habitación comprendió una sola palabra de lo que había dicho, pero continuaron escuchando para ponerse al tanto. Helena se ocultó la cara entre las manos cuando creyó que nadie la estaba observando e intentó disimular el gesto en un intento de recogerse el cabello en un moño. —Dices que no devolvió la memoria celestial de Artemis, pero que sí parte de sus habilidades —quiso repetir Anna con el rostro fruncido y la mirada de no estar muy de acuerdo con lo planteado. —Con Helena hizo lo mismo —habló Hans y la pelirroja tragó en seco—. Perdió parte de sus habilidades y mantuvo sus recuerdos por los conocidos tratos que ellas dos tuvieron, pero llegó al plano terrestre prácticamente humana. Además, Artemis no es la única que ha muerto, como dijo Freyr, Hécate también tuvo una muerte limpia, solo que está en su mismo cuerpo. —No necesito que recuerdes nada de eso, Hans —riñó la bruja—. Si eso es cierto, Elizabeth debería ser, como mínimo, una bruja y nada de eso justifica que destrozara un auto con sus propias manos. Recuerdo demasiado bien la magia de mi hermana como para saber que no era eso. —Claro que lo haces —repuso Lachlan en un murmuro—. La magia de Artemis fue lo que te mató. Era cierto. Helena y Hans eran, después de todo, humanos que podían ser heridos por las criaturas sobrenaturales. Su poder y longevidad residía en hechizos y pociones que llevaban documentadas en los grimorios que solo eran accesibles para ellos. —Hay una posibilidad más —habló Jason, pero dudó un segundo si decirla o mantenerse al margen. Los ojos de Jensen le exigían que la verbalizara—. Quizás Persephone se aseguró de que ningún ser sobrenatural pueda dañarla o matarla y que, con tu mordida, ella haya absorbido parte de tus habilidades la parte buena de ti —explicó haciendo una gran disertación, pero eso era algo que todos imaginaban, lo que nos interesaba realmente era saber el porqué de toda aquella situación. —Ya somos conscientes de ello —interrumpió Hans—. Lo que aún no comprendemos es el por qué el interés de la diosa de los muertos en despertar a un vampiro milenario. —Puede que tenga algo que ver con un secreto que le dije una vez —finalmente habló Helena con un tono frustrado y hasta un tanto derrotado. —¿Qué secreto? —presionó Lizzy intentando hacer que la muchacha compartiera con el resto, el motivo por el cual estaba mucho más alterada que de costumbre desde que ella había despertado como una mortal en Equior. —Es una larga historia —resopló la pelirroja tirando el brazo para encontrar un vaso de whisky. Era bastante tentador escuchar su aparente explicación de lo sucedido, ya que ninguno de los que estaban en aquella habitación tenía idea de lo que suponía regresar con poderes sobrenaturales de la muerte y Lizzy se desesperaba por saber el verdadero motivo de por qué su vida como humana valía tanto. —Tenemos tiempo —presionó Lachlan. —¿Tú sabes algo acerca de esto, Hans? —inquirió Anna, pero el pelirrojo negó efusivamente con la cabeza y se dispuso a escuchar el relato de Helena, quien se veía con la soga al cuello. —Es una vieja leyenda —habló Helena poniéndose de pie y caminando de brazos cruzados por toda la habitación en un nervioso andar—. Es solo un absurdo sinsentido de los dioses más viejos de los dioses de piedra. —Por favor, Hécate —le interrumpió Jason—. ¿Te importaría ir directo al punto? Ella frunció los labios al escuchar ese nombre y apretó la mandíbula. —Hay profecías de todos tipos en el plano astral —continuó ella—. Desde el avistamiento de nuevos mundos, hasta la caída de los dioses. Los oráculos las conocían todas, pero siempre se negaban a hablar y responder nuestras preguntas de manera clara cuando se les hacían sacrificios en su honor. Freyr fue el primero de todos nosotros en preguntar y conseguir lo que buscaba; y cuando le reveló a Artemis lo que había descubierto, fue el final para él y su hermana en su Asgard. —No entiendo absolutamente nada de lo que estás diciendo, Helena —dijo Hans. Era un alivio que, por primera vez no fueran solo Lizzy y Erick los que estaban perdidos en un trabalenguas de palabras. —¿Qué preguntó Freyr? —inquirió Jensen y aquella parecía ser la cuestión correcta. Como siempre, el vampiro les llevaba ventaja al resto. —Algo muy sencillo —recordó la pelirroja—. ¿Cómo hacer caer a un dios y robar su corona? Ninguno de nosotros sabía que era siquiera posible derrotar a otro, pero el oráculo le respondió a Freyr que, tomando su reliquia, destruyendo su conexión con el mundo humano y apuñalándolo en el corazón con una daga de hueso y piedra podía matar a quien quisiera. —¿Freyr preguntó eso para matar Selene? —preguntó Lizzy, pues recordaba a la perfección la confesión del caído dios del sol acerca de su desprecio absoluto por la diosa reinante de la luna. —Su riña con Selene ni siquiera había comenzado en aquellos momentos. Freyr quería matar al Allfather, Odín. —Ya sabemos que se puede matar a un dios, Helena —interrumpió Lachlan, desesperado como siempre—. No es nada nuevo y no veo que tenga nada que ver con Elizabeth. —Pero sí tiene mucho que ver —se apresuró la chica a subir su tono por encima de el del príncipe—. Ustedes conocen la forma de hacer caer un dios, no de matarlo permanentemente. Con la daga de piedra, empuñada por otro dios, se puede matar a uno de nosotros y absorber sus poderes. —¿Con una daga de piedra y hueso y robando su reliquia? —repetía Jason extrañado—. ¿Y cuál sería su conexión con el lado humano? —Nosotros —aseguró Hans comprendiéndolo todo finalmente, mientras sonreía y cerraba los ojos—. Las criaturas que nacieron del poder de los dioses. —El primero de cada uno de ustedes, para ser precisos —asintió Helena y Lizzy se sintió orbitar en la gravedad de la situación—. Si quisieran atarme a mí, tendrían que encontrar la daga, tener mi reliquia y matar a Hans. Jensen se puso de pie de inmediato, e intentando no perder la calma, se pasaba las manos por su rostro y el cabello. En su cabeza analizaba todos los escenarios posibles y ninguno era favorable para ellos. —Claramente, todos los pasos deben hacerse juntos —continuó esclareciendo Helena—. No sirve de nada matar a primero si no se tiene la reliquia que absorberá el poder del dios. —¡Esto es una puta locura! —exclamó Lachlan cerrando los puños junto a su cuerpo—. ¿Estás diciendo que un dios quiere matarlas a ti y a Elizabeth, solo para tomar sus poderes? Tiene que ser Selene. No puede ser más nadie que ella. —Lo dudo —dijo Anna—. Si los vampiros quieren liberar a William y Persephone regresó a Elizabeth a la vida, es porque necesitaba asegurar que eso sucediera. Quien quiera que esté detrás de todo esto, también necesita que Selene caiga. —Quieren matar a las tres lunas, Helena —dijo Jason—. Y para ello necesitan a los hermanos Van der Berg y a Hans Roy en el mismo lugar que ustedes tres.
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