El despertar en aquella mansión se le hizo extraño a Elizabeth. Ver el ventanal de cristal desnudo frente a su rostro mientras la luz del sol hacía su entrada triunfal fue refrescante en el segundo que abrió los ojos, pero minutos después, cuando los recuerdos de las verdades contadas el día anterior le invadieron la cabeza, regresó la frustración.
Erick le dio dos rudos toques a la puerta de la habitación de Lizzy para despertarla y en un grito le avisó que llegarían tarde a la escuela. El deja vú la hizo regresar a su primer día en Valley City, cuando todo el drama de los seres de la noche se ocultaba bajo un velo que la protegía de la realidad.
Debían dar gracias a Hans y a Helena, quienes consiguieron una excedencia de dos meses a Lizzy, Anna y Erick, para que la ausencia fuera justificada y no perdieran la oportunidad de graduarse con el resto de la clase. No era que ninguno de los tres lo necesitaran realmente, pues Erick y Anna tenían su futuro resuelto y Lizzy ella sabía en su interior que no tendría futuro alguno que tuviera cabida en el mundo de los mortales.
Desde la ventana veía perfectamente a Lachlan nadando en el lago mientras Hans leía alguno de sus grimorios en la orilla. En el despacho, Helena y Jensen preparaban lo que le dirían al nido de vampiros que se había asentado en la ciudad y Becky empacaba los almuerzos de los escolares como si se tratara del primer día de clases en el instituto. Ella había renunciado a su trabajo y estaba cien por ciento enfocada en Erick y en Elizabeth.
—¿Cómo se siente regresar de entre los muertos? —inquiría Katherine, la humana y única que estaba al tanto de la realidad de Lizzy, con una curiosidad muy propia de ella.
La mañana había pasado sin penas ni glorias y estaban disfrutando de la hora almuerzo sentados los cuatro en una mesa al fondo de la cafetería.
—Se siente igual que antes —respondió Lizzy encogiéndose de hombros. Quería agregar que se sentía más vacía, pero se abstuvo de hacerlo. Al parecer Jason había puesto al tanto a Kat de toda la situación.
—¿Y qué sucede con Sammuel? Nadie lo ha visto en todos estos meses —preguntó nuevamente, haciendo que Anna le negara con la cabeza en un gesto para nada sutil.
—No tenemos ni idea —habló la pelinegra cruzándose de brazos—. Alex todavía lo tiene. O al menos eso suponemos.
—Solo podemos esperar que esté bien, Katherine —le dijo Erick intentando no estresar mucho el tema de Sam.
—Helena y Jensen se están ocupando de eso en estos momentos —añadió Lizzy súbitamente, con plena convicción en que entre los dos intentarían llegar a un acuerdo con la vampira—. A estas alturas, aseguro que Alexandra sabe que estoy viva y perfectamente bien, como para continuar con su plan de revivir a William sin ningún tipo de inconveniente.
Las cartas de Elizabeth estaban puestas en el ferviente deseo de todos mis vampiros en regresarme a la vida. Ella sabía que los vigilaban y que habían notado su presencia y su sangre humana tan pronto había puesto un pie en Valley City.
—¿Y Christian? El hermano de Sammuel, ¿no es cierto? —volvió a preguntar Katherine sin ningún tipo de tacto y parecía que a Anna le iba a dar un derrame cerebral con todas las inapropiadas preguntas que la rubia continuaba haciendo en pos de saciar su propia curiosidad.
Erick estaba igual de incómodo, pero a diferencia de la vampira a su lado, no hacía más que reír en una nerviosa manera que era hasta entretenida de observar.
—Jason fue el que nos dijo que se había marchado de Valley City —respondió Anna con un tono áspero—. ¿No te lo había dicho?
La frente de la rubia se arrugó y frunciendo el entrecejo, Kat negó con algo de efusividad.
—Te aseguro que Christian no se ha marchado de la ciudad, Anna —respondió—. De hecho, estuvo rondando los alrededores de la antigua casa de los Fennigan durante el tiempo que ustedes estuvieron en Noruega. Michael y su esposa se fueron de Valley City tan pronto Sam les avisó del accidente que provocó Christian. No se ha sabido más nada de ellos, pero el hermano de Sam no se ha ido de aquí, así que te aconsejo tener el arco y las flechas listas para si él intenta hacer algo contra ti.
—¿Y por qué demonios tu padre le mintió a Jensen al respecto? —inquirió Erick con los ojos brillando en azul. Él consideraba que guardarse un secreto de aquel calibre había sido una traición por parte del cazador.
—No tengo ni idea, Erick, pero te aseguro que tendrá sus razones —se puso a la defensiva la rubia.
—Sí, claro —repuso enseguida Anna—. Las imagino todas. Si Christian asesina a Elizabeth antes de que los vampiros lleguen a William, no habrá ninguna posibilidad de despertar al Van der Berg, y con él, todos los horrores que desatará contra la humanidad.
La mala sangre y la desconfianza eran evidentes entre Anna y Kat. Ambas no podían evitar ponerse en sus respectivas esquinas del ring y tomar sus naturales lugares en una pelea que era completamente innecesaria.
—¡Ya está bien! —exclamó Lizzy intentando poner un punto final a la batalla de miradas de aquellas dos—. Jason sabe a la perfección que ningún ser sobrenatural puede poner sus manos sobre mí ahora. Nada de lo que intente Christian en mi contra va a funcionar.
—Exactamente —se apresuró a notar Anna, quien ya comenzaba a mostrar sus colmillos. Estábamos a pleno día y a la vista de todos los chicos del comedor del instituto y ella no parecía detenerse—. Es el momento perfecto para que un cazador humano pueda llegar a ti a través de cualquier ventaja que tenga.
Katherine estaba a punto de responder de la peor manera posible, cuando un repulsivo olor golpeó la nariz de Lizzy y la obligó a cubrirse la cara. Era un hedor que ella nunca había olido nunca antes. Era tan fuerte que parecía se abría paso en su cerebro y le hacía sentir en la boca algún tipo de sabor metálico justo como si se hubiese mordido la lengua. A ninguno de los otros chicos pareció molestarles el olor, pero ella se estaba revolviendo en el asiento a punto de vomitar.
—¿Qué sucede, Lizzy? —le preguntó su hermano al verla perdiendo los colores y que una palidez extrema se apoderara de ella. Su preocupación era palpable y al menos el malestar de la chica había servido para detener la discusión entre la rubia y la pelinegra, ya que ambas le asistían en un intento de que Elizabeth no desfalleciera sobre el suelo del comedor.
—¿Acaso no puedes oler eso? ¡Es extremadamente repulsivo! —exclamó la chica tapándose la nariz de aquel hedor y respirando por la boca. La rubia se extrañó de su reacción, pues al parecer no había nada fuera de lo normal para ella en aquella habitación.
—No hay nada de raro, Lizzy —respondió Kat—. Solo el mismo almuerzo de todos los días y los sándwiches de tu tía. ¿No habrás comido algo ayer en mal estado?
Erick y Anna tuvieron un rápido intercambio de miradas que hizo que a Elizabeth se le pusieran los pelos de punta.
—¿A qué hueles? —inquirió su hermano de inmediato—. ¡Dime a qué hueles!
—Huelo a sangre —respondió reconociendo el sabor metálico en su paladar.