La fiesta comenzó más temprano de lo que se esperaba. Los chicos comenzaron a llegar uno detrás de otro y, para sorpresa de nadie, Sienna no tardó en llegar acompañada de sus nuevas amistades.
La vampira que Alex había asignado para que vigilara a Lizzy en la preparatoria ahora estaba dentro del grupo de las porristas y era una de las chicas más deseadas de todo el instituto. El solo hecho de verla enfermaba profundamente a Elizabeth y le recordaba la obvia realidad que se empeñaba en negar: Sam estaba con Alexandra.
—¿Estas recuperada, Lizzy? Supe que tuviste un terrible accidente hace ya algún tiempo. Es de lo más extraña tu mala suerte. O sea, literalmente has sufrido más misteriosos ataques animales y accidentes en menos de un año de lo que una persona normal sufre en toda su vida —le habló a Elizabeth en su natural tono sarcástico.
—Me siento mejor que nunca. Pero siempre estoy hambrienta —respondió ella con el mismo tono en el que le habló, intentando esquivar su atención frente a las otras chicas del escuadrón de porristas.
—Bien. No quisiera que nada malo te sucediera, pero cualquiera podría pensar que tu próximo encuentro con alguna situación de vida o muerte pudiera ser realmente el último, así que, si yo fuera tú, anduviera con extremo cuidado de ahora en adelante —la amenazó con una palpable ironía en su voz que la pelinegra no agradeció en lo más mínimo.
—Justo como si estuviera caminando descalza sobre cristal molido, ¿no es cierto? —sonrió Lizzy con un malicioso brillo en los ojos—. De cualquier forma, algo me dice que el destino aseguró un pacto a favor de mi vida.
—¡Oh sí! —rió ella—. El destino —presionó—. Alex tiene mucho que decir al respecto.
Lizzy no podía darse el lujo de impacientarse, y definitivamente, no podía dejar que sus claras formas de molestarla llegaran a su cabeza.
—¿Dónde está ella? Ya no estamos tan en contacto como antes. Es un hecho que Sam puede ser un poco agotador en la cama, pero nada de eso ha detenido a ninguna de las hemos estado en la misma situación primero que Alex. Y créeme, yo debería saberlo, pues he estado ahí cada segundo —arremetió Lizzy devolviéndole su sarcasmo. Parecía que el mecanismo de defensa que le había robado a Helena funcionaba a la perfección.
Ella solo rió divertida por las palabras y las garras comenzaban a despuntar de sus uñas junto a un peculiar brillo carmín en sus ojos.
—Alex y el resto de nosotros estaremos encantados de recibirlos en una cena de bienvenida el próximo domingo —invitó la vampira, y por su tono de voz, Lizzy supo que su presencia en aquella fiesta había sido solo para que Alexandra se asegurara de que aquel mensaje llegara a ella.
—¿Todos estamos invitados? —preguntó a tientas.
—Por supuesto —asintió la vampira—. Incluso Connan Lachlan será bienvenido esa noche.
Lizzy estaba harta de las continuas y sutiles amenazas vacías de aquella vampira, por lo que decidió alejarse tanto de su presencia como fuera posible y fingir rellenar su vaso en un intento de relajarse algo esa noche antes de enfrentar a Crystal, Aiden y Dylan, si era que se atrevían a entrar en aquella casa.
—Si nos ven juntos, la gente va a decir que tú y yo volvimos. No quiero que nadie piense cosas fuera de lugar —le dijo Lachlan con toda la intención de molestarla mientras le arrebataba el vaso de la mano y servía una cerveza. Ella no siquiera lo miró para responderle con la misma severidad con la que él le habló.
—No vine a ti —respondió levantando una ceja, cuando tuvo el vaso en su mano—. Posiblemente haya sido al revés. Y el que está totalmente fuera de lugar en esta fiesta eres tú. No eres de último año y ni siquiera estás en el instituto, así que tú eres el que sobra de nosotros dos —aclaró con algo de saña, pues a pesar de sus intentos por que los comentarios de Sienna no sacaran lo peor de ella, no había surtido mucho efecto mantener la mente fría y estaba tan irritada como para no soportar ni una sola palabra cruzada.
—¡Wow! Eso fue extremadamente grosero de tu parte —dijo fingiendo un tono indignado, aunque estaba sonriendo.
—Lo siento, pero es que las cosas esta noche no han salido según lo planeado —aceptó Lizzy intentando dejar de lado todas las rencillas que no estuvieran ligadas a él de alguna forma.
—No es necesario disculparse y lo puedo comprender sin reproches. Por cierto, es muy gratificante saber que es un hecho bastante conocido para ti las habilidades que Sam pueda tener en una cama —recriminó Lachlan en un golpe bajo que le llegó a Lizzy hasta las entrañas—. Mirando en retrospectiva, ahora estoy lo bastante seguro como para afirmar ustedes dos estaban juntos cuando te acostabas conmigo...
Ya era suficiente con todo el drama de Lachlan y, como aparentemente aquella era la jodida fiesta de las realidades, sería el momento y el lugar perfecto para que Elizabeth le dejara saber todo su pensar y las razones pertinentes de su molestia.
—¿Quieres ir por ese camino? Muy bien —endureció su tono y dejó el vaso sobre la mesa para no sentirse tentada a tirarle la cerveza a la cara—. Estás resentido conmigo porque no puedo quitarme a Sam de la cabeza, pero era algo que tú sabías desde el primer momento que viste mi cicatriz. Sabías lo del vínculo y no dijiste nada al respecto. Muy por el contrario, me has hecho sentir mal desde el primer día por poner mi pensamiento en él, sabiendo muy claro que es algo sobre lo que no tengo ningún dominio y elección yo.
Su ego se desinfló completamente y su rostro quiso palidecer. Nunca creyó que Elizabeth pudiera arremeter contra él de aquella forma, pero era algo que tenía atorado en su pecho desde que supo toda la verdad acerca del maldito vínculo que la unía a Sam en Equior.
—Eso es todo una mentira, Elizabeth —intentó cambiar el rumbo de la conversación.
—¡¿Una mentira?! —exclamó ella, pero al ver que su réplica llamó la atención de los que estaban a su alrededor, intentó mantener la compostura y no perder los papeles, aunque nada le apetecía más que eso en aquellos momentos.
—Sé que puedes sobreponerte a ese lazo, Lizzy —aseguró él poniendo sus manos sobre de ella, pero la chica las retiró al sentir el roce—. Freyr se ha acostado con medio Equior.
—Tú incluido —recriminó Lizzy frunciendo los labios.
—Pero lo ha hecho. Y está supuestamente destinado a Selene —recalcó Lachlan en su lucha por demostrar un punto en el que no tenía ningún tipo de razón.
—¡Y después de todo, se siente vacío con cada uno de ellos! —exclamó ella con los ojos al borde de saltar en lágrimas—. Yo sé que lo he intentado. No quiero ser parte de eso. No quiero estar atada a nadie, pero me sentía como una mierda por estar contigo y pensar en él y no hubo un día en el que tú hicieras algo para tranquilizar mi mente. Quizás yo solo siempre fui solo un juego para ti. ¿Qué querías? ¿Estar con la chica que imagina está con dos hombres en la habitación? Al final, tú no estás enamorado de mí siquiera. La persona a la que amas la tienes a menos de cien metros y te refugias en mí para no volver a involucrarte sentimentalmente.
—Detente, por favor —sentía que cada uno de los reclamos de Elizabeth lo enmarcaba detrás de una pared de inseguridades.
—Eso era lo que yo quería que me dijeras. Solo la verdad hubiera sido suficiente. Me odié una y mil veces por lo que sucedía. Ahora solo los odio a ustedes dos por no contarme nada acerca de esto y hacerme sentir como una puta muñeca para saciar cualquiera de sus fetiches.
—Nunca fue así y necesito que me dejes explicarte, Elizabeth—continuó en sus esfuerzos de limpiarse el pecho frente a ella—. No había estado con una mujer en siglos y solo tú llamaste mi atención.
—¿Y quieres saber por qué sucedió así? —presionó ella. Si las lágrimas salían de sus ojos, no lo hacían por ningún tipo de tristeza, sino por la pura rabia que la consumía en aquellos momentos—. Porque yo no estaba destinada a estar contigo. Querías probar fuerza, y lo entiendo. Yo quizás hubiera estado tentada a estar contigo de todos modos, pero al menos hubiera estado consciente de que es todo meramente carnal.
—¿Quieres que sea así? ¿Solo sexo y ya? —inquirió levantando la ceja y cruzando los brazos.
Algo me decía que el moreno no estaba tampoco en total desacuerdo con aquella opción después de todo. Yo no lo estaría...
—Necesito tiempo, Lachlan —respondió ella alejándose del príncipe—. Y necesito decidir por mí misma lo que quiero hacer y tengo que dejar de mentirme al respecto de lo que quiero. Quizás tú deberías hacer lo mismo.
En ese preciso instante la mirada de Lizzy se cruzó con Dylan, Crystal y Aiden quienes habían acabado de hacer su entrada triunfal a la a la fiesta. Saludaron a unos pocos compañeros y fueron hasta el patio donde no había nadie más, solo ellos tres hablando para sí mismos. Elizabeth se enjugó las lágrimas y bebió el trago de un sorbo. Quizás necesitaría más que solo cerveza, por lo que fue al despacho de Jensen a por un whisky.
—¿Para eso querías hacer la fiesta, Lizzy? —preguntó Erick alcanzándola en el despacho tan pronto ellos llegaron.
—Necesitamos respuestas y te aseguro que hoy las voy a conseguir todas —explicó su hermana con un temerario tono de voz—. Estoy en el perfecto humor esta noche como para decirle a cada quien una buena porción de verdades a la cara y no espero menos de ellos —terminó siguiendo al trío con la vista.
Ella esperó lo suficiente a que los recién llegados se asentaran y se sintieran cómodos entre sus compañeros para dirigirse a Dylan con lo que aparentemente era cumplir su papel de anfitriona.
—¿Quieren beber algo? —preguntó la pelinegra ofreciéndoles un poco de ponche bien cargado en licor y con las gotas de aquel brebaje que Hans había preparado.
Si jugaba bien sus cartas, sin embargo, no sería necesario el uso de la magia del brujo.
—No, gracias. Estamos bien —respondió Crystal sin mirarla directamente a la cara. Aiden, en cambio no apartaba su vista de Lizzy, lo cual era realmente incómodo. Dylan no se atrevía a hablarle siquiera y ella pudo notar un poco de tensión en los gestos que hacía constantemente. Además, Lizzy olía algo, un olor totalmente diferente al del aquel día en el comedor de la escuela. Era mucho más fuerte y penetrante, pero a la vez más inconstante. Lo que sentía su olfato no era sangre, sino miedo y provenía solo de Dylan.
—¿Estás asustado de algo en particular? —preguntó ella atrevida sin pensar en las consecuencias de sus palabras.
—¡No! ¿Qué tonterías son esas que dices? —respondió exaltado y completamente a la defensiva. Trataba de disimular su terror sin resultado alguno.
—¿Te han hecho algo? Dylan. ¿Estás herido? —continuó ella un poco más preocupada por el bienestar del chico que por el suyo propio.
La expresión del rostro de Crystal cambió rotundamente. Lo que antes parecía dulce y compasivo se había tornado violento y agresivo.
—Aléjate de él si sabes lo que es mejor para ti y tus amigos, maldita bruja —amenazó Crystal entre dientes, aunque Aiden la estaba reteniendo por el brazo. Dylan en cambio no hablaba, sino que solo observaba detenidamente todo el panorama.
—¿Sucede algo aquí? —presionó Anna, quien estaba observando todo el espectáculo desde la puerta y se acercó a ellos mientras Erick y Lachlan aparecieron detrás de Lizzy, solo para demostrarles a ellos que estaban en una evidente desventaja numérica.
Crystal ya tenía los ojos centelleando en dorado y faltaba poco para que Aiden también perdiera la paciencia. Anna, por otro lado, estaba tan serena como de costumbre y no había ningún signo aún de su conversión, pues no era de su mejor interés provocar a aquellos inestables novatos.
—Solo estamos conversando tranquilamente. No hay necesidad de formar un espectáculo por algo tan efímero —dijo Aiden tomando a Crystal por un brazo en un intento de tranquilizar el temperamento de la volátil chica. Acto seguido, Lizzy se apresuró a llegar a la mano de Dylan para tratar de sacarlo de la compañía de aquella gente, pero el chico se soltó en cuanto sintió el roce y mostró una expresión de sorpresa en su rostro.
—¡No lo toques! —gritó alterada Crystal mientras levantaba sus manos para arremeter contra Elizabeth. Afortunadamente, la renacida Lizzy anticipó sus movimientos y logró tomar sus manos antes de que la tocaran, deteniendo a Anna de que hiciera algo en contra de ella también.
Elizabeth había tirado a Crystal sobre el césped del patio y retenía a la chica con las manos sobre su cabeza, aunque algún tipo de hiedra se alzaba del suelo y se enredaba entre el cuerpo de la muchacha que se retorcía de dolor, pero estaba demasiado debilitada para gritar. Lizzy reconocía las flores de la planta en cualquier lugar: era matalobos.
—¡Lo ves ahora, Dylan! —exclamó Aiden—. Ningún humano hubiera podido detener un movimiento de Crystal.
—¿Es una de ellos? ¿Eres una vampira? ¿O una bruja? —preguntó el chico indignado mirándola a los ojos. —No lo quería creer no de ti
Aiden respondió en lugar de Lizzy, que veía aterrada lo que su ira le había hecho a Crystal. Anna se apresuró a romper los tallos de la planta y a arrancarla de raíz, mientras separaba a ambas chicas.
—¡Ella no puede ser una vampira, Dylan!
Él lo sabía todo, o al menos una parte de la historia que le había contado alguien más y Elizabeth tenía miedo de el veneno que pudieron haber puesto en su cabeza.
—¡Por supuesto que no lo es! —ladraba Crystal. Aquella chica estaba tan saturada por la ira que era imposible llegar a razonar con ella. Lizzy estaba segura que en cualquier momento mostraría su faceta sobrenatural, incluso frente a todos los que estaban en aquel lugar, sin ningún tipo de contención—. ¡Ella es la desgraciada diosa que nos condenó a esta agonía cada luna llena!
—¡Yo no te condené a nada! —arremetió Lizzy correspondiendo a su enojo— ¡Quizás es una maldición a la que te expusiste tú misma cuando decidiste matar a alguien!
Sus palabras no solo llegaron a Crystal, quien fue detenida por Aiden al punto de comenzar la conversión, sino que Dylan también se sintió aludido por los reclamos de la chica.
—Chris tenía razón sobre ti también. Él dijo que eras una traidora, que eras la pequeña mascota de los vampiros —dijo Dylan con un dolor en su voz que rozaba la decepción total.
En su defensa, Elizabeth intentó llegar a Dylan una última vez: hablar con él, de hacerlo entrar en razón, pero se fueron de la fiesta tan pronto como Dylan dijo sus últimas palabras. Estaba deshecha y molesta consigo misma y con el resto del mundo. Estaba enojada por perder a otra persona más dentro de aquella enemistad que ni siquiera le interesaba. Lo mejor para Lizzy era pasar el resto de la noche sola e intentando averiguar cómo ponerle fin a toda aquella nueva situación que se levantaba frente a ella.
No solo tenía a Alexandra detrás de su cabeza, sino que también contaba con el asesino serial de su ex novio liderando a su pandilla de hombres lobo. Era un desastre y lo menos que podía hacer era solucionarlo antes de que las cosas pasaran a peores términos.