Las palabras del doctor no fueron dimensionadas hasta que ve la lista de medicamentos, dieta y rutina que debe seguir su abuela a partir de ahora, sumado a la cuenta que tiene frente a ella por la hospitalización, incluye exámenes y tratamientos aplicados. Hace apenas dos días que cobro su sueldo, al pagar el hospital solo le queda un poco para la comida, cierra los ojos con preocupación, se muerde el labio inferior y con un nudo en su estómago que no resuelve nada, termina por pagar.
—Aquí tiene señorita. Que tenga buen día. — La recepcionista le entrega el recibo con una sonrisa que no aminora sus preocupaciones.
Al darse la vuelta ve a un enfermero venir con su abuela en una silla de ruedas, su abuela se muestra más animada y jovial, le sonríe al acercarse a Jodie toma su mano.
—Vámonos hija, este lugar huele a muerte y aún me falta mucho por vivir. — Su sentido del humor aún no ha cambiado y eso le genera mucho aliento, acaricia su mejilla feliz de tenerla con ella.
—No corramos, recuerda que aún debes cuidarte, sin excesos, las palabras del doctor han sido claras. — Entrecierra los ojos hacia Jodie con firmeza.
—Sí, un nuevo estilo de vida, dieta, pepas todo el día y una nieta gruñona que no me dejara en paz. — Suelta una carcajada, el enfermero esboza una sonrisa y Wanda sonríe negando.
—Vamos abu o el enfermero terminará enamorado de ti por tus ocurrencias. — Salen del hospital en silla de ruedas por las políticas que tiene la clínica, Jodie no olvida despedirse del enfermero guiñándole un ojo.
*
Al llegar a casa, Wanda toma el correo, su abuela se va por un vaso de agua, ella lo revisa, encontrando notificaciones de la hipoteca de la casa, más dolores de cabeza que siguen sumando, en su cabeza se pregunta ¿Cuándo pararan las malas noticias? Debe surtir la alacena, ahora la opción de hacer turnos dobles es tentadora, se lleva la mano a un costado de la cabeza para masajeársela un poco.
Al sacar un bolígrafo de su bolsa encuentra el test de embarazo, su abuela se sienta frente a ella, un poco nerviosa cierra la cartera y la pone en su regazo, escondiéndola de Jodie y sus preguntas que no tienen respuesta en estos momentos, comienza a hacer una lista de lo que necesita por los próximos días.
—Te veo preocupada hija. Sé que se vienen muchos gastos, pero trabajaré, no puedo cárgate con tantas cosas. — Toma su mano despertando a Wanda de sus pensamientos y la cantidad de ideas que vienen a su mente para rendir el dinero, pestañea y con su otra mano aprieta la de su abuela.
—No tienes por qué trabajar abu, me diste todo, soy joven y fuerte, estaremos un poco justadas, pero verás como las cosas irán mejorando; eso sí, te lo pido, debemos ser responsables, el mínimo malestar que sientas, dímelo, no esperemos a último momento, te conozco y sé cómo puedes actuar para evitar preocuparme, pero no sabes cómo me sentí cuando pensé que te perdía, deseo que dures muchos años más a mi lado. — Sus ojos se cristalizan con cada palabra, traga el nudo que se forma en su garganta y trata de dibujar una sonrisa.
—Estoy fuerte para dar mucho más, esto formará parte del pasado. — Reitera Wanda con más convicción.
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Un mes después.
Las cosas no fueron mejorando, por lo menos no económicamente, Wanda a penas come, el chef del restaurante se encarga de siempre darle un poco de comer sin que el dueño se dé cuenta, las pastillas para el tratamiento de su abuela es una de sus más grandes preocupaciones y su alimentación, tuvo que posponer el pago de la hipoteca, pero no lo olvida, incluso tiene la notificación pegada a la puerta de su habitación.
Vomita en el retrete nuevamente todo lo que comió, de rodillas con miles de pensamientos, ha bajado de peso los últimos días y con una decisión en la cabeza que no quiere tomar.
Se limpia la boca y se quiebra, rompiendo en un sollozo aprieta las manos con fuerza, no sabe qué hacer con su vida, aun el dolor por la pérdida de Alek está más vivo que nunca; junto a él sentía que todo lo podía, siempre había alternativas, ¿Cómo llegar a este punto donde la soledad es su única compañera? Ni siquiera su abuela puede saber lo que ocurre, las opciones se vuelven cada vez más reducidas en su vida.
Lleva las manos a su vientre y cierra los ojos ante los espasmos que invaden su pecho.
Un bebé, no está lista para esto, apenas puede mantener a su abuela con vida y él no fue producto del amor, tampoco fue con el hombre que ama, golpea el lavamanos, las murallas se vuelven aún más altas para ella, todo se vuelve aún más difícil. Su teléfono suena indicándole que su hora de descanso ha terminado y aún debe continuar y cumplir con el siguiente turno.
—Bienvenidos ¿Desean ordenar? — Pregunta de manera monótona con su habitual sonrisa falsa en sus labios, la pareja frente a ella le indican su pedido y Wanda sin más se va, sus pies duelen, pero no se doblega y sigue su trabajo.
Las horas pasan Wanda entrega una orden a la mesa 4 y está a punto de tropezar, pero es sujetada a tiempo; abre un ojo y mira a un hombre de cabello n***o, ojos castaño oscuro, nariz perfilada, alto de 1.85, contextura atlética, atractivo y una barba que marca aún más su mandíbula cuadrara, él la mira con preocupación.
—¿Se encuentra bien? Creo que su tobillo se ha torcido ligeramente. — Le dedica una mirada amable y la ayuda a sentarse en la silla de su mesa.
Wanda se apena porque no es correcto, mira su pie y el desconocido intenta deslizar la zapatilla, pero Wanda lo evita, al ser un restaurante fino su uniforme debe estar impecable y debe usar zapatillas de tacón, aunque no muy altas por el tiempo que las lleva usando y lo lastimados que están sus pies se dobló un poco, no desea hacer una escena y guardándose todo el dolor vuelve a colocarse la zapatilla para ponerse de pie, ocultando su malestar.
—Sí, solamente he pisado mal, disculpe las molestias ocasionadas ¿Han tenido una buena atención? — Sonríe con los labios apretados, sus manos sujetan su libreta pegada del delantal.
—Es nuestra primera vez en el lugar, estamos de paso, pero la comida es exquisita, nada fuera de lugar. — Su sonrisa resplandece, trasmitiéndole serenidad a Wanda.
—Grandioso, me retiro, sigan disfrutando la velada. — Hace un asentamiento y se retira dejando al hombre amable con una mujer esbelta a su lado quien no tiene buena cara, incluso continúan una acalorada discusión por sus facciones, pero con un tono bajo de voz.
Vuelve nuevamente a sus labores, no pasa mucho tiempo cuando termina su jornada, se cambia de ropa, saca su bolsa de su locker y sale del restaurante por la parte de atrás para tomar un bus, cuando detiene uno, un auto es más rápido y se estaciona frente a ella, propiciando que el bus siga su camino.
—¿Qué le pasa? — Se queja, pero su voz termina de desaparecer cuando ve al mismo hombre del restaurante que evito que cayera, esto le genera un sabor amargo, camina para alejarse del auto y él retrocede aprovechando que viene pocos autos en la vía.
—Detente un momento, necesito tu ayuda, por favor. — Pide desde el auto.
Su mirada no le da desconfianza, pero ¿Qué hace un hombre a esa hora de la noche siguiéndola? Wanda mira a ambos lados con duda, algunos transeúntes por el lugar aún pueden verse, esa zona no es tan peligrosa y el hombre no parece ser una mala persona ¿Podría estar mal escucharlo? Se pregunta, pero mientras lo piensa el hombre se baja del auto rápidamente y se detiene frente a Wanda, la mira de arriba abajo y suelta un suspiro de alivio.
—Sí, eres tú. — Suelta un suspiro cansado poniendo sus manos en sus caderas.
—¿Por qué me busca? — Frunce su cejo ligeramente, aun sosteniendo su bolsa con fuerza y un poco nerviosa.
—Charlie Gosling, representante de grandes modelos, ha sido la chica elegida para ser mi modelo suplente para un evento que tendré en dos días. Por favor no te niegues antes de escuchar mi propuesta.