Capitulo 4

1654 Palabras
El abogado vuelve sin el documento al apartamento de Alek, él enfurece al saber que Wanda no ha firmado y seguramente no lo hará por su propia cuenta. —Tenías que dárselo a ella, a nadie más. — Reclama sintiendo aún el sabor amargo de la traición, su maleta esta lista, el casero se encargará de vender el apartamento, le causa repulsión permanecer un día más en él, ve la bolsa de basura en un rincón donde están las pertenencias de ella, aprieta su mandíbula y vuelve su mirada al abogado. —Imprime nuevamente el documento, yo mismo la haré firmar. — Señala la salida para que de una vez haga lo que le ha pedido. El abogado se va y Alek, toma la bolsa para colocarla al lado de la puerta; los minutos pasan y la puerta es tocada, se levanta de la silla del comedor creyendo que es el abogado con el documento, pero es ella, Wanda, su futura exesposa, su rostro hinchado y ojos enrojecidos al igual que algunas marcas en su cuello, aviva la rabia en él, recordado el engaño y la poca lástima que sentía al principio de verla, se esfuma inmediatamente. —Tienes que escucharme. — Susurra temblorosa y suplicante al ver la mirada severa que le da Alek de arriba abajo. —Aquí está el acta. — Llega el abogado, le entrega el documento sacándole una sonrisa falsa a Alek, quien quiere demostrar que poco le importa ella. —Firma, es lo único que quiero de ti. — Ordena, extendiéndole el documento, Wanda toma su mano con una caricia para detenerlo, pero su tacto le quema y ocasiona repulsión. —Alek, pero…— La interrumpe. —¡NADA WANDA, NADA, NO VOY A ESCUCHARTE! SIMPLEMENTE, NO VOY A CREERTE, ES CLARO LO QUE VI, TE VI EN MI CAMA, DESNUDA, CAÍSTE EN SUS BRAZOS, DESTRUISTE LO NUESTRO, AHORA FIRMA, ¡FIRMA DE UNA VEZ! — Grita en su cara con un odio incontrolable. A Wanda se le inundan los ojos de lágrimas y sin opciones al ver el desprecio firma, poniendo fin a todo, no lo reconoce, nunca fue de esa manera, siempre la escucho, hasta en sus peores momentos, pero ante la gran prueba que el destino envía, el amor tambalea junto a la confianza; Alek siente un peso menos y acepta el documento de vuelta, toma la bolsa y se la tira a un lado, Wanda lo mira sin entender. —Esto es lo que quedaba de tus cosas, ya no tienes nada aquí, largo. Alek la echa, demostrándole una versión de él, nunca antes vista, déspota e insensible, ella presiona sus labios, para evitar volver a llorar por él, toma sus cosas y corre, lejos, perdiéndose en el ascensor, dejándolo atrás. Él la ve irse y aunque sus palabras fueron duras, a él le duele, nunca pensó ser de esa manera con ella, era su princesa; toma el documento, lo firma y se lo entrega al abogado. —Encárgate de que el divorcio salga lo más pronto posible, tienes mi número. — Ve por última vez el documento que la separara por completo de Wanda, el abogado asiente. Alek le da un último vistazo al lugar que fue su hogar y fue manchado por el engaño, cierra lentamente y se va del lugar para iniciar una nueva vida en un mundo desconocido. * Wanda camina por las calles, perdida, su corazón duele, su mundo se ha derrumbado, no sabe hacia qué dirección va, solamente se deja ir, hasta que el timbre de su teléfono devolviéndola a la realidad. —¿Vienes a trabajar hoy o tengo que contratar a otra persona? — Es su jefe del otro lado de la línea, Wanda se asusta, mira su reloj, aún está a tiempo, no puede darse el lujo de perder su trabajo, ahora más que nunca debe reunir dinero. —Voy en camino, no contrate a nadie, por favor, necesito el trabajo. — Pide Wanda, agita su mano para que se detenga el bus que ve venir para llegar pronto al restaurante, al subir mira a todos sumergidos en su mundo y al chofer demorarse un poco en arrancar. —Bien, un minuto de atraso y estarás despedida. — La llamada se corta, Wanda toma asiento y mira por la ventana encogiendo sus hombros, ruega que el bus llegue rápido. El camino está libre, permitiéndole llegar a tiempo, ingresa por la entrada de los empleados, guardas sus cosas en su locker personal, se coloca él uniforma rápido para tomar su delantal y libreta con la que toma los pedidos introduciéndola en uno de sus bolsillos, todo lo hace rápido antes de anunciarse con el jefe, busca un trapeador y comienza con su tarea. —Estoy aquí, señor Donald. — Avisa, sabiendo que la escuchara, siempre está atento a todo lo que sucede en su restaurante, fija sus ojos en el reloj, llego dos minutos antes, suelta un suspiro y el malestar de su roto corazón vuelve al aminorar las prisas. ** Un mes después. Han sido semanas muy difíciles donde sacar una sonrisa ha sido algo casi imposible, sus amigos no le hablan y como no, son amigos de Alek, estarán de su parte, Thomas se lo trago la tierra, su número se va a buzón, desde ese día ha querido gritarle y descargar su frustrado dolor, pero nada más le queda maldecirlo en la soledad de su habitación, no hay día que no sienta odio hacia él y decepción por Alek. En las noches han vuelto las pesadillas que en su niñez la visitaban, causándole insomnio, yendo a trabajar con apenas haber descansado dos horas, creyó que sus malestares y el retraso de su periodo era su mala alimentación, pero las dos pruebas de embarazo que se obligó a comprar para descartar una posibilidad que creía imposible arrojan un resultado inquietante, dos rayas rosas muy marcadas, es claro, está embarazada de Thomas, del hombre que le desgracio la vida y la puso patas para arriba. —Wanda ¿Estás adentro? Llaman del hospital, es tu abuela. — Escucha la voz de Roberta, una de las meseras, esconde las pruebas de embarazo dentro del bolsillo de su falda rápidamente y se limpia el rostro, se mira en el espejo, tratando de parecer decente, abre la puerta y se encuentra con su compañera. —¡¿Qué has dicho?! — Sale del baño con el corazón en la boca, creyendo que ha escuchado mal. —Tu abuela está en el hospital, acaban de llamar. * Wanda corre por los pasillos de Legacy Good Samaritan Medical Center, su corazón golpea su esternón con fuerza luego de saber que la encontraron desmayada en la calle y la persona que trato de auxiliarla la llevo al hospital. —¡Señorita no puede correr de esa manera! ¡Está en un hospital! — Exclama alterada una de las enfermeras quien lleva a un paciente en una silla de ruedas y casi colisiona con ella, Wanda se detiene apenada. —Lo siento, ¿Puede indicarme la habitación 203? — Mira a su alrededor con su mano en el pecho tratando de recuperar el aliento. —En el tercer piso, doble a la izquierda y la encontrará. — Sin más continua su camino, Wanda asiente luego de fruncir los labios. Sigue las indicciones de la enfermera y al encontrar la habitación con el número en el centro de la puerta se detiene, aprieta sus manos sudadas por los nervios. Toma la cerradura de la puerta y la gira para abrirla, encontrándose con un doctor revisando el monitor al cual está conectada su abuela, Jodie está con una mascarilla de oxígeno mientras duerme. —¿Es un familiar? — Pregunta el médico de mediana edad guardando su bolígrafo en su bata blanca al sentir su presencia. —Soy su nieta ¿Qué le ha sucedido a mi abuela doctor? ¿Por qué la han traído? Esta mañana me fui de la casa y estaba bien. — Termina de ingresar a la habitación, siente que todo le saldrá muy costoso luego de recorrer toda la habitación, equipos de calidad, muebles impecables, incluso el olor a hospital es poco perceptible. —Su abuela sufre de insuficiencia cardiaca, ha tenido un episodio en la calle que le ha impedido respirar, llego sin fuerzas ¿Conocía su condición? Porque sus resultados están limpios de medicamentos; esta mujer no lleva un tratamiento para un padecimiento que no es nuevo. —Explica de manera seria y clara; el rostro de Wanda se desencaja por completo, no tenía la más remota idea, más allá de la cojera de su abuela la cual lleva pocos años, pero se lo atribuía a la edad. —No doctor, no lo sabía, venir aquí ha sido una sorpresa, mi abuela es una mujer que se muestra bien siempre, no he visto una señal, solo una cojera que tiene por una caída de hace pocos meses. — Recuerda ese hecho y Jodie se burlaba de su torpeza y siempre le resta importancia. —La cogerá tiene relación directa, la insuficiencia cardiaca de su abuela le impide que su corazón bombee sangre adecuadamente al cuerpo, provocando retención de líquidos y eso afecta diferentes partes del cuerpo incluyendo sus piernas. Esto es muy serio, señorita… —Wanda doctor, mi nombre es Wanda. Dígame ¿Qué hay que hacer? ¿Qué necesita mi abuela para sanar? — Junta sus manos apoyando su mentón en el de manera preocupada, ve a su abuela y un sentimiento doloroso la hace negar por los malos pensamientos que quieren alojarse, no puede perderla a ella también. —En estos momentos está dormida, le aplicamos tratamiento para estabilizarla, por eso no debe preocuparse ahora. Acompáñeme a mi consultorio, le entregaré una lista de todo lo que necesita su abuela a partir de ahora, porque esta enfermedad no tiene cura señorita Wanda, solo se controla.
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