Alek, Camina hacia la habitación, toma una de las maletas y mete toda la ropa que consigue de ella y la saca a la calle, Wanda lo sigue angustiada; él no la determina hasta que la toma del brazo y la saca de la casa en bata, sin importarle que no lleve nada debajo, le tira la puerta en la cara y lo último que ve es su rostro con sus ojos llenos de decepción.
Alek escucha los golpes incesantes de ella, no se detiene, ambos lloran embargados por el dolor, él no quiere escucharla, lo que vio fue claro, ellos le fueron infiel, un amor de años no le fue suficiente a ella, le dio toda la confianza del mundo, se desvivió para ella, su amor fue íntegro, pero lo desbarato todo, golpea la pared con un dolor que lo priva mientras sus lágrimas brotan ante el dolor desgarrador, ve su mundo derrumbado, su matrimonio acabo.
Wanda no para de llorar, golpea incesantemente la puerta, siente que merece que escuche su explicación, aún no entiende que paso, pero ella nunca lo engañaría, no puede creer que no quiera escucharla, nunca le ha fallado, golpea fuertemente la puerta arrastrando sus manos enrojecidas, mientras presiona su bata en el pecho y se arrastra cayendo en el piso, su mirada se vuelve borrosa ante el mar de lágrimas.
—Alek, mi amor, por favor, escúchame, no te engañe, mi vida... — Sus manos tiemblan ante el miedo, de que esto sea real, de que si, lo está perdiendo, su cabeza da vueltas, escucha los murmullos a su alrededor y ve a los vecinos asomarse, trata de cubrir su cuerpo con la bata, pero la escena que da en estos momentos es deplorable, se levanta como puede y toma su maleta al no tener respuesta del hombre que ha amado siempre, traga su dolor; los minutos pasaron y Alek no le abrió, dejándola sola y rota por dentro.
Marca el ascensor y baja hasta la recepción, se acerca al chico que cuida la entrada del edificio, al mirarla con sus piernas descubiertas se le altera el pulso poniéndose nervioso.
—Podrías prestarme el baño, por favor. — Pide abatida, él apenas asiente y le indica cuál es.
—Si necesita algo puedes llamarme. — Trata de no enfocar su mirada en su rostro.
Wanda cierra rápidamente la puerta y pasa seguro; se sostiene del lavamanos tragando con dificultad el nudo que se mantiene en su garganta, su corazón vibra fuerte, siente que sus fuerzas se han desvanecido, se frota el rostro y al mirar su reflejo se asusta, las marcas de las manos de Alek en su cuello, moretones y chupones en todo su cuerpo, está hecha un asco, eso la derrumba aún más, violación, ¿Pudo haber sido eso? Se horroriza, si su abuela se entera, la destrozará, Thomas tiene familia con dinero, ¿Quién le creerá a una camarera? Ni siquiera su propio esposo la escucha, lo único que le queda es ir con su abuela y darle tiempo a Alek.
—Así es Wanda, él no te abandonará, solamente es el shock del momento, pero Alek creerá en ti y todo volverá a ser co…mo e-era a-antes. — Su voz se rompe, con los espasmos del llanto que embate su cuerpo, se cubre el rostro tratando de calmarse, pero es tan doloroso, no sabe qué hacer con tanto dolor.
Sé tranquiliza un poco para lavar su rostro, coloca la maleta sobre el retrete, saca de ella un suéter cuello de tortuga y unos vaqueros, encuentra también unos tenis viejos, se cambia y aunque su rostro evidencia lo mal que se encuentra al tener la cara hinchada, nariz enrojecida y ojos irritados, es lo que hay, no tiene otra cara. Sale del baño rodando su maleta y ve al chico nuevamente.
—Gracias, si Alek pregunta por mí, dile que estoy en casa de mi abuela, por favor. — Avisa en voz baja, no lo mira a la cara, siente vergüenza de conectar con su mirada y ver más que lastima en él.
—He, he… Si yo le digo. — Menciona el chico un poco incómodo.
Wanda sale a la calle y detiene un taxi, sube inmediatamente, no quiere ser vista por nadie más, le da la dirección y en pocos minutos está en la casa de su abuela, se baja, sorbe por su nariz y saca de su cartera el pago del taxista.
—Gracias. — El hombre acepta el dinero y arranca.
Wanda se gira, buscando las llaves de la pequeña casa, espera no encontrar a su abuela, no sabe cómo le explicará esto, aprovecha que los vecinos no han notado su presencia, logra encontrar las llaves y abre, todo está en orden, puede ver en la cocina café recién hecho, eso quiere decir que su abuela probablemente desayuno y se fue temprano a la iglesia, por lo que ella va directo a su habitación asegurando la puerta a su espalda.
**
Dos días después.
Wanda sigue sin querer comer, no le da explicaciones a su abuela, quien ya no sabe que más hacer para saber lo que sucede, Alek no le responde las llamadas, la única pista que tiene es la que le está dando el hombre de traje frente a ella, el divorcio de ambos.
—Debo entregarle personalmente el acta de divorcio a la señora McCarthy, su esposo espera que lo firme en la brevedad posible. — Comenta el abogado sin titubeos, Jodie, no lo deja entrar a su casa al ser un desconocido, toma el sobre en sus manos y lo mira con seriedad.
—Si Alek, no ha sido valiente de venir el mismo a pedir el divorcio, no tiene por qué exigir nada, yo hablare con mi nieta, dígale a su cliente que me responda las llamadas, porque si no le romperé este sobre en su cara, váyase ya, largo, largo, no lo quiero aquí. — Lo echa al enojarse, ¡Un abogado! El muy cobarde, no tuvo la valentía de pararse al frente y pedirlo por su propia boca, bate el sobre, enojada. — Me decepcionas Alek. — Dice al aire negando, camina con un poco de dificultad hacia la cocina, ya se le acabó la paciencia, se terminaron las consideraciones, Jodie busca un sartén y va hacia la habitación de Wanda, con todas sus fuerzas golpea varias veces la cerradura hasta romperla.
Wanda, que permanecía dormida tras haber llorado por horas, se sobresalta y al fijar sus ojos en la entrada se encuentra con el rostro de su abuela, enojada, con una de sus manos en la cintura, le arroja un sobre en la cara y ella abre la boca incrédula ante la invasión sorpresiva en su habitación. Jodie puede ver lo afectada que se encuentra, un mar de lágrimas, su rostro enrojecido e hinchado.
—¿Abuela porque hiciste eso? — Wanda la mira conmocionada.
—Llevas dos días en mi casa, encerrada en esta cuatro paredes, como si tu mundo se acabó, me tienes con el alma en un hilo, no respondes cuando te llamo, no sé, si estás muerta, si te ahogaste en la bañera, no comes, no hablas y para colmo el cobarde de tu marido no me atiende las llamadas y te manda el divorcio ¿Qué es lo que está pasando Wanda? No me embaucarás con mentiras, quiero la verdad y la quiero en este mismo instante. — La apunta con el sartén, la palabra se repiten en su cabeza DIVORCIO, estos dos días no sirvieron para que se calmara, su abuela le señala el documento, lo saca y en él está escrito, no quiere nada más con ella, lo rompe en miles de pedazos y se rompe en un sollozo.
—Me culpa de engañarlo abuela, me aborrece, me odia, me saco de su vida, pero no lo hice abuela, no hice nada, lo juro. — Dice destrozada, las facciones endurecidas de Jodie decaen y se acerca a su nieta para abrazarla, tira los trozos del documento en el suelo y se sienta a su lado, la sostiene en sus brazos, niega porque sabe quién es ella, la vio crecer, amarlo como una loca chiquilla, desde siempre queriéndolo, aún ve la adoración en sus ojos y como lo ama.
—Lo buscaré y lo traeré a ti, te escuchará y esto quedará como un amargo recuerdo, pero solamente eso, ustedes estarán bien. — Jodie responde con una gran convicción, siente que entre ellos todo podrá arreglarse luego de aclarar el malentendido.
Wanda se detiene y se levanta para fijar sus ojos en ella.
—No abuela, esto lo tengo que resolver yo.