Capitulo 2

1519 Palabras
Alek está en shock, trata de entender a las personas frente a él quienes dicen ser sus padres, hasta el momento su realidad ha sido otra; la mujer elegante de contextura mediana, cabello platinado, bien cuidado y flequillo de lado, aprieta su bolsa de mano, puede ver su nerviosismo al no dejar sus manos quietas y el hombre a su lado, alto, cabello canoso bien cuidado, barba totalmente blanca, piel clara con líneas de expresión en su frente y ojos, evidenciando su avanzada edad. A simple vista se puede ver el dinero y estatus que poseen. —¿Quiénes son realmente? ¿Por qué alejarme de su lado y dejarme en este orfanato? ¿Por qué buscarme después de tantos años? — Cuestiona, Alek toma distancia de ellos, la madre superiora los deja solos para que se conozcan; Alek en este momento debería estar con su esposa, no con personas que exigen su presencia a altas horas de la noche, no pudieron esperar que saliera el sol para verlo y pretenden que él los reciba con los brazos abiertos cuando ha sufrido su abandono. —Soy un congresista con muchos enemigos que siempre han querido hacerme daño. Hijo, fuiste despojado de los brazos de tu madre, te hemos buscado durante años, nunca pudimos saber quién te alejo de nosotros, pero hoy estamos aquí para recuperarte y llevarte con nosotros. — Menciona Richard dando un paso hacia él Alek retrocede, ríe sin humor, le parece gracioso que tengan esos pensamientos, como si lo que anteriormente menciono, acabará de suceder. —¿Se dan cuenta de que no soy un niño? Soy un hombre felizmente casado, aquí tengo una vida. — Dice un poco alterado mostrando su anillo y señalándolo con su otro dedo. Mónica lo mira con sorpresa y le sonríe de manera maternal, se levanta del sofá y se acerca a el de manera sigilosa, hace a un lado su flequillo y toma ambas manos de Alek brindándole calor, sus ojos están cristalizados al tenerlo finalmente frente a ella después de tantos años de angustia y dolor, puede ver mucho de Richard en él, cuando era joven, lo tenaz que podía ser algunas veces, pero todo era cuestión de tiempo para ablandar su corazón; acaricia su mejilla con un leve temblor con tanto amor que lo afecta y debilita ante de ella, es su madre, tiene un rostro que recordar y al cual darle nombre, la odió y se hizo una imagen totalmente distinta a lo que ella se muestra ahora. —Te daremos tiempo, yo no me iré de Portland, estaré cerca, nos conoceremos y lo haremos funcionar. No te perderé de nuevo hijo, no ahora que te he encontrado. — Palabras sutiles que le hacen bajar la guardia, respira hondo, Mónica se aleja y él, la mira intensamente para luego arreglar sus lentes de pasta y fijar sus ojos en Richard. —Podremos conocernos, pero no iré a ningún lugar, no cambiaré el mundo que mi esposa conoce de un día para otro. — Plantea con firmeza, ambos asienten de acuerdo, entienden que es algo nuevo para todos, a pesar de que Richard tenga muchas obligaciones, tratara de ir a la par de su esposa y al ritmo que su hijo decida. —Estaremos en el hotel, este es nuestro número a la hora que desees, estaremos para ti. — Mónica deja en su mano una tarjeta, besa su frente lentamente al mismo tiempo que una lágrima se desliza por su mejilla y se aleja para buscar la salida, Richard se acerca y estrechan sus manos, más por una formalidad, Richard lo busco incansablemente, pero su forma de ser y el recelo de Alek lo llevan a no ser tan expresivo. Al irse, lo dejan incrédulo, sumergido en pensamientos sentado en el sofá del despacho de la madre superiora, no se siente en condiciones para manejar, su cabeza da tantas vueltas que sin darse cuenta ha amanecido; la madre superiora lo intercepta con un café. —Buen día, hijo, no te niegues a verlos, saber más de ellos, vinieron muy ilusionados a conocerte; siento mucho haber interrumpido tu celebración, pero tu madre estaba desesperada e inconsolable. — Menciona la monja, Alek recibe el café y se limita a mirarla, lo toma en silencio, aún no se repone de la noticia, los había sacado de su vida, había dejado de importarle ser un huérfano, pero no lo es, tiene dos padres dispuestos para él, o por lo menos eso dicen, después de veinticuatro años. Llego el momento de volver a casa, tiene la necesidad de hablar con Wanda contarle lo que ha acontecido en su vida. —Gracias madre, iré a casa. — Se despide con un asentamiento, deja la tasa en la pequeña mesa a su lado y busca la salida. Su cuerpo actúa automáticamente, sin darse cuenta ha llegado al edificio, se baja de su auto y camina hasta un puesto cercano de flores, elige unos girasoles para su amada, paga las flores y mira hacia el edificio desgastado el cual ha sido su hogar, la chica llama su atención entregándole el vuelto. —Gracias. — La chica asiente y él se gira para guardar el dinero. Alek camina más tranquilo, con una sonrisa en sus labios, frente a la puerta de su departamento gira la llave y la puerta sede inmediatamente, al entrar frunce el cejo con una extraña sensación en su pecho, ve algunas cosas tiradas, el jarrón de la mesa destrozado, los cojines del pequeño mueble esparcidos, las llaves en el piso, camina hacia la habitación en busca de Wanda, se preocupa de que le haya pasado algo, pero sus pasos se detienen en el momento en que la puerta de la habitación que comparte con ella se abre, saliendo Thomas, su mejor amigo, abrochándose el pantalón con la camisa abierta, mostrando sus pectorales y los zapatos a medio poner, al fondo puede verse la espalda desnuda de Wanda, sus ojos se abren inmensurablemente, quedando petrificado ante lo que sus ojos ven, Thomas sube la vista y se queda de piedra al ver a Alek frente a él; con una mirada asesina, lo toma por la camisa y lo acerca a su rostro. —¡¿TE ATREVISTE DE ENTRAR EN MI CASA TE ACOSTASTE CON MI MUJER, IMBÉCIL?! — Le propina un puñetazo cegado por el odio, sin darle tiempo a que hable o pueda explicarse, sigue por otro y otro, Thomas trata de cubrirse, aún sigue mareado, aturdido ante el recibimiento de Alek, todo le da vueltas. —TE DI MI AMISTAD Y ME TRAICIONAS DE ESTA MANERA, MALDITO. — Reclama, Thomas logra responderle con un golpe en la mandíbula, le rompe el labio alejándolo y con un poco de dificultad aprovecha su ventaja para buscar la salida, Alek va en su búsqueda por cobarde, pero la voz de Wanda los detiene a ambos. —¿Por qué pelean? — Su voz es baja, pero lo suficiente para que sea percibida por ambos. Alek y Thomas se giran hacia ella, Wanda se cubre con una bata de dormir al sentirse expuesta, los gritos y las cosas siendo arrojadas, la levantaron de un profundo sueño que se convertía en pesadilla, apenas puede abrir los ojos, ve a Thomas con la camisa abierta, su pómulo enrojecido y su labio partido, Alek al verla actuar de manera despreocupada se acerca a ella sujetándola del cuello y mandíbula, Wanda se sobresalta, trata de alejarse de él y aflojar su agarre tomando sus manos, pero al ver sus venas marcarse en su cuello se aterra. Thomas se aleja dejándolos discutir. —Mi… amor… ¿Q-qué suce…de? ¿Por qué me tra…tas así? Me las…timas. — Suplica a media voz, Alek, no mide su fuerza, cegado por el dolor y la decepción que lo embarga, presiona su mandíbula, suelta su bata y le señala su cuerpo desnudo, Wanda cae al piso sosteniéndose su garganta buscando un poco de aire, con un profundo dolor en su pecho por las acciones de Alek. —Has sido capaz de traicionarme con mi mejor amigo, ¿DE VERDAD TE HAS REVOLCADO CON EL EN NUESTRA CAMA? MIRA COMO TE DEJO, COMO UNA CUALQUIERA, PROFANASTE NUESTRO HOGAR Y MATASTE MI AMOR POR TI, WANDA MCCARTHY, FUERA DE MI CASA, VETE, LÁRGATE DE MI VIDA. — Grita muy cerca de su rostro con los ojos desorbitados señalando la salida. Wanda queda petrificada, sus ojos se llenan de lágrimas, no entiende ¿Qué engaño? ¿De qué le está hablando? Mira su cuerpo con moretones, chupones y lo peor pasa por su mente, Alek nunca le ha hecho uno, siempre le pareció algo vulgar, el horror llega, se cubre rápidamente y se levanta del suelo para llegar a él, suplicarle que le escuche, no recuerda lo que paso el día anterior, solamente que se sentía mal y Thomas se ofreció a traerla a casa después de eso todo es borroso. —Mi vida, esto no es lo que tú crees, te lo juro, nunca te traicionaría, Alek, yo te amo, yo no provoque esto.
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