Wanda y Charlie están sentados en el auto, rodeados de una atmósfera de tranquilidad que contrasta con la mente inquieta de Wanda. En su interior, se encuentra analizando y organizando cada una de las actividades que tiene programadas para los próximos días. La lista parece interminable, ya que tiene varios compromisos que cumplir, pero, a pesar de su apretada agenda, no puede permitir que su responsabilidad como madre se desdiga. Mientras se muerde el labio inferior, su mente trabaja a toda velocidad, intentando idear un plan que le permita distraer a su hija, Luna. Siente una punzada al pensar en la distancia que ha creado entre su pequeña y sus amiguitos desde que se mudaron; esa ausencia le pesa en el corazón. De pronto, una suave caricia en su mano la hace regresar al presente. Es

