Capítulo 25

1627 Palabras
Me senté en la cama espantada, ¿Cómo no me fijé? ¡Pero si me la he tomado todos los días! Saqué las pastillas de mi velador y las conté, no me sobra ni me falta ninguna, ¿es probable que quede embarazada tomando anticonceptivos? No puede ser, busqué el instructivo de las pastillas, tiene que decir algo, en qué condiciones la pastilla no es efectiva. Di vuelta el cajón del velador sobre mi cama ¿Por qué tengo tantos papelitos? Encontré tres instructivos diferentes antes de ver el de las pastillas, me siento irritada al darme cuenta del desorden que tengo en este cajón. Cuando por fin encontré las instrucciones de las anticonceptivas, me puse a buscar como loca la palabra "precaución", apenas la visualicé comencé a leer que puede quitar el efecto de la pastilla. La primera causa es no tomarla, bueno eso es obvio, la segunda causa es tomar antibióticos y, la última causa, es vómito y diarrea… Mmm… Pues no, no debería estar embarazada. Seguí leyendo las instrucciones por si había algo más y lo último que leí me dejó en shock, ‹‹Tiene una efectividad del noventa y nueve por ciento.›› Creo que no puedo respirar ¡No es cierto! ¡No puedo ser ese maldito uno por ciento! Entonces, sí estoy embarazada ¡Ay! ¿Por qué tiene que pasar esto justo ahora? Estuve toda la tarde acostada, trato de pensar en cómo decirle a Roberto que estoy esperando una guagüita ¡Ay! ¡Dios! ¡No puedo creer que estoy embarazada! Tendré que esperar hasta medianoche para hablar con él ¡Uy! ¡No puedo esperar tanto! Estaba sentada en mi cama agarrándome la cabeza cuando de la nada se abre la puerta de mi pieza y di un pequeño grito de sorpresa cuando veo a mi pololo entrar a mi habitación rápidamente. - ¡Sssh! ¡No grites, princesa! – Estaba sorprendida de ver a Roberto, por lo general demora como cuarenta minutos en llegar a la casa y si veo la hora en el reloj de mi velador, se demoró menos de veinte minutos. - Llegaste muy temprano, ¿acaso manejaste como si estuvieras en una carrera de autos? – mi pololo puso una cara de que había hecho algo malo. - No fue tan así, lo bueno es que llegué entero y no causé ningún accidente. - ¡Ay! No quiero pensar en que cosas ilegales hizo para llegar tan rápido aquí. Ignorando el tiempo en que demoró para llegar ala casa, me llama mucho la atención que en vez de esperar a medianoche entrara a mi habitación sin pensar, cualquiera pudo verlo, en especial mi mamá que está rondando por la casa a esta hora. - ¿Qué haces aquí, amor? ¿Pasó algo? – Roberto se sentó a los pies de mi cama y de manera ansiosa me dice: - Es… es que te fuiste temprano hoy y ni siquiera quisiste hablar conmigo… yo… me quedé preocupado… - mi pololo habla de manera extraña, como si quisiera preguntarme algo, pero no me dice nada. - Estoy bien, solo me duele la cabeza. – sí, aún me duele la cabeza y no se me ha pasado, a pesar de que me tomé un par de pastillas para la migraña. - Ah… entonces, estás bien… no te pasa nada malo ¿Verdad? – Esto es raro, tengo la impresión de que Roberto sospecha de mí, supongo que la actitud que he tenido hoy, lo obligó a crearse ideas extrañas. Se formó un silencio incómodo, es como si los dos supiéramos la razón de el por qué estábamos ahí, pero ninguno de los dos nos atrevíamos a hablar, en ese momento tomé aire y le hablé. - ¿Amor? – mi pololo me miró ansioso, incluso lo escuché tragar duro. - Dime, princesa. – volví a tomar aire y lo boté nerviosa. - Amor ¿Qué pensarías si estoy embarazada? – Roberto abrió mucho los ojos y entrelazó sus dedos de forma nerviosa. - No sé ¿Por qué me preguntas? – Tengo que darme valor, tengo que decirle que es lo que me está pasando ahora. - Pregunto porque… porque… - ¡Uy! ¡Debo decirle! No importa lo que pase. – porque creo que estoy embarazada. Roberto se tapa la cara, después se agarra la cabeza y susurra algo que no logro entender, de repente mi pololo me mira preocupado y me pregunta. - ¿Cuántos meses tienes? - No… No sé, no he sacado las cuentas. - Roberto se para y empieza a caminar de un lado para otro y se detiene solo para preguntar. - ¿No te estabas cuidando? - ¿Qué trata de decirme? - Sí, me cuido, tengo una alarma en mi reloj y en mi teléfono para tomarme las pastillas. – Roberto vuelve a caminar de un lado para otro y me increpa. - ¿Estás segura de que no se te olvidó ninguna? - ¿Acaso no escuchó? - Roberto, soy muy cuidadosa con lo de las pastillas, no quiero quedar embarazada a esta edad. – mi tonto pololo se ve irritado y me alza la voz. - ¡Algo debiste hacer! Me dijiste que te cuidarías y que no me preocupara, pero ahora pasa esto. - ¿Me está culpando? - ¿Insinúas que quería quedar embarazada a propósito? – Roberto no dice nada y solo me mira con duda. – ¡Roberto! ¿desconfías de mí? ¿Crees que te miento? ¡Es un estúpido! ¿Cómo se atreve a pensar así de mí? Tenía ganas de llorar, me paré y le grité en la cara. - ¡Eres un desgraciado! ¿Cómo puedes pensar así de mí? ¿En algún momento se te pasó por la cabeza que las pastillas tienen indicaciones? ¿Pensaste qué estas porquerías de pastillas tienen un margen de error? – No pude aguantarme, las lágrimas se me salían solas mientras seguía enfrentándolo. - ¡Eres un animal sin corazón! ¿Cómo puedes culparme si esto lo hicimos los dos? El estúpido hombre que tengo al frente, agachó la cabeza avergonzado, quería seguir gritándole, pero mis sollozos no me dejaban decir ni una sola palabra. Roberto, sin preguntar, me estrechó en sus brazos y me dijo con arrepentimiento: - Discúlpame, no quería tratarte así. – Estoy muy enojada, pero no me siento capaz de separarme del cuerpo de mi hombre, la verdad, en este momento siento que lo necesito. Después de un rato acurrucada en sus brazos, Roberto me guía a la cama, al parecer quiere que nos recostemos, creo que es una buena idea, ya no tengo fuerzas para nada. Pasaron unos cuantos minutos donde nos quedamos mirando, quería decirle algo, pero mi dolor de cabeza creció con la discusión que tuvimos y no tengo las ideas claras. Mi lindo pololo me acaricio la cara mientras me observa con amor, en ese momento, él se ve más calmado y esto le da pie para comenzar a hablar: - ¿Cómo le vamos a decir a tus viejos que estás embarazada? – otro problema más a esta historia. - No sé, no tengo idea como hablarles de que voy a ser mamá y va a ser mucho más difícil cuando sepan que es tuyo. - ¿Qué te imaginas que van a hacer? – Roberto tiene una mirada cansada y neutra, eso no me da muchas luces de saber lo que piensa. - Tal vez me obliguen a casarme contigo o tal vez, si no tengo tantos meses de embarazo me van a obligar a abortar. – Roberto frunció el ceño y me dice: - ¿No se supone que son católicos? Creo que en alguna parte de la biblia dice que no puedes abortar o algo así. - ¡Ay! No sé, lo único que tengo en mente es que tengo una guagua en mi vientre y que me duele la cabeza a horrores. – mi pololo me acaricio la cabeza con cuidado y me dice algo desanimado. - Me imagino lo mal que estás, pero tenemos que empezar a buscar el momento de hablar con tus viejos, hay que hablar con ellos sí o sí, explicarles que estamos juntos y que seremos una familia ahora. – ¿Mi lindo mecánico está pensando en nosotros como familia? ¡Ough! ¡Es tan lindo! - Entonces ¿Estás dispuesto a casarte conmigo? – Roberto toma aire y me dice con una sonrisa. - Sí, me casaré contigo, me esforzaré mucho para terminar mis estudios y trabajar. - ¿Terminar los estudios? ¡Claro! Ahora no me van a recibir en el colegio si estoy embarazada, no podré concretar mis planes para futuro. Me distraje ante estas ideas destructivas, pero Roberto me besa con suavidad y me dice: - Te amo, no importa lo que pase. De repente Roberto se acerca a mí y comienza a besarme, respondí a sus besos sin dudar, de pronto siento como mi amado pololo comienza a recorrer mi cuerpo y este acto me pone un poco nerviosa. - ¡Roberto! Alguien puede entrar y vernos. – él sonrió con malicia y me dice: - ¿Y qué? Da igual en este momento si nos pillan o no, ya te embaracé. – de pronto este loco hombre, baja hasta mi ropa interior, la corre hacia un lado y comienza a penetrarme con sus dedos sin piedad. – al parecer estás muy deseosa, tu v****a está muy mojada. ¿Mojada? No tengo tantas ganas para estar tan húmeda, en ese momento, Roberto sacas sus dedos y sin querer los dos miramos hacia su mano, con curiosidad e ingenuidad mi pololo dice: - ¿Qué es esto?
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