Narra Andrea
Han pasado unos cuantos días, no tengo idea porque estoy tan desanimada, es como si me hubiera enfermado, tal vez me resfrié. En el primer recreo me quedé en la sala recostada en la mesa, mi lindo pololo se pone de cuclillas al lado de mi silla y me dice muy preocupado mientras me acaricia la cabeza.
- ¿Qué pasa, princesa? ¿Te duele algo? – sus ojos se ven angustiados, como un perrito perdido que no sabe qué hacer.
- No, solo me siento desganada, con el cuerpo cortado, como si me hubiera resfriado. – Roberto me sigue haciendo cariño y me pregunta con ternura.
- ¿Quieres que te compré algo rico? – me sonrió con dulzura y algo ansioso, no suelo comer en los recreos, pero hoy se me antoja comer algo con manjar.
- Quiero comer un pastelito de manjar, creo que lo venden en el casino. – Mi amado Roberto se levantó, me besó la cabeza y me dijo con mucha energía:
- Voy al tiro, porque esas hueás se acaban rápido. - Mi pololo se fue corriendo, de repente empiezo a sentir un desagradable dolor de cabeza ¡Uy! ¡Me quiero ir a la casa!
Pasaron varios minutos, me llama la atención que mi pololo todavía no llegue, ¿Hay tanta gente en el casino hoy? A lo mejor los pastelitos se acabaron y Roberto está tratando de conseguirme uno a toda costa, conociéndolo, lo creo capaz.
Con cada segundo que pasa, va creciendo el dolor de cabeza, miro hacia la puerta esperando a mi pololo, pero no aparece, se está demorando mucho, ¿Y si lo voy a buscar? De pronto, escucho la voz de Roberto, está hablando muy fuerte y alegre. Apenas cruzó el portal, una joven mujer venía al lado de él. No pude evitar notar su largo pelo liso, es de un n***o brillante, sus ojos azules llaman mucho la atención y es muy delgada, además, ella se ve tan segura y coqueta al lado de mi hombre, a ella no la había visto antes ¿Quién es?
- Gracias Roberto, no hubiera podido subir la caja yo sola. - ¿Lo trata por su nombre? ¿Y por qué Roberto lleva una caja en sus manos?
- De nada profe. - ¿Profe? ¿Es está la peuca que me quiere quitar a mí pololo?
Roberto dejó la caja en el escritorio de la profesora, por alguna razón me sentía tan herida, tan traicionada ¡Ya va a ver ese infiel! ¡Esto no lo voy a dejar pasar!
Cuando mi tonto y malagradecido pololo se acerca a mí, me da una amplia sonrisa y me dice:
- ¡Mira, princesa! ¡Te traje cuatro pastelitos! Sé que me vas a decir que tienen muchas calorías y todas las hueás que te hacen mal, pero te juro que haré ejercicio contigo todo los días para que siempre comas cosas ricas. – Por lo general esto me hubiera parecido algo tierno de su parte, pero no sé por qué me largué a llorar y le dije:
- ¡Te odio! ¡No quiero verte! – Me paré de mi puesto y me fui al baño a llorar, me encerré en una de las casetas y me quedé ahí sollozando.
No sé cuánto tiempo pasó, pero escuché la voz de la Panchi buscándome:
- ¿Ann? ¿Estás bien? – No quería contestar, pero tampoco quiero que la Panchi llame la atención, ya que está gritando como loca.
- ¡Déjame! ¡No quiero estar con nadie! – Panchi tiene un muy buen oído y se acercó al baño donde yo estaba.
- ¡Ann! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? Roberto está super preocupado por ti, los inspectores lo han retado tres veces por estar fuera de la sala y ni siquiera entraste a la clase de arte, hay una nueva profesora. – Solo con recordar como mi pololo le sonreía a una extraña me parte el corazón y se me salen las lágrimas solas.
- ¡No me pasa nada! ¡Quiero estar sola!
- ¿Roberto te hizo algo? – suspiré, mi amiga también está preocupada por mí.
- Panchi, déjame sola, por favor. – No sé si la Panchi intuía algo, pero por debajo de la puerta trataba de pasarme mi teléfono.
- ¡Toma! Te traje tu celular, a lo mejor quieres hablar con tu mamá. –Tomé el teléfono y le agradecí a la Panchi. – Amiga, recuerda que si quieres hablar, siempre estaré para escucharte.
Escuché cuando salió del lugar, me quedé mirando el celular y pensando si debía llamar a mi mamá, pero ella es la que menos me entiende en este momento, aunque creo que sé quién puede venir por mí.
Narra Roberto
Estaba esperando a que mi reina saliera del baño y me explicara que pasó, no sé qué la enojó tanto. En ese momento, sale la amiga de mi princesa, estaba ansioso por ver a mi polola, pero la Pancha se encoge de hombros y me dice:
- Rob ¿Qué le hiciste a Ann? – yo me quedé muy sorprendido, porque no le hice nada.
- Yo… no le hice nada, ella se enojó porque sí. – ella me mira de manera condescendiente.
- Creo que sé lo que le pasa a Ann, pero no estoy segura ¿Tú y ella se están cuidando? - ¿Qué insinúa?
- Sí… ella se cuida.
- ¿Estás seguro? ¿No ha olvidado ninguna pastilla por error? Eso suele ocurrir. – Me dio una hueá en la guata, como vértigo, nunca me puse a pensar que Andrea pudiera olvidar esas cosas, ella es muy responsable cuando se trata de su autocuidado ¿verdad?
- Ahm… sí, estoy seguro. – me pregunto sí, ¿las cagás de pastillas fallan?
- Mmm… - La amiga de mi polola me mira con desdén y me dice: - Mejor volvamos a la sala antes que el profesor de Física nos haga una prueba sorpresa.
No podía quedarme a esperarla, así que me fui a la sala y traté de ser paciente, supongo que Andrea no puede quedarse en el baño eternamente.
Cuando estaba por terminar la clase, un inspector entró a la sala y preguntó por las cosas de mi polola, la Pancha le dijo que estaban al lado mío, esto me preocupó, así que le pregunté al hombre qué pasaba.
- ¿Andrea está bien?
- Sí, nada grave, no se siente bien, la vinieron a buscar. - ¿Cómo qué la vinieron a buscar?
La Pancha le ayudó al inspector a guardar las cosas de mi polola y se las llevó de la sala justo cuando tocaron el timbre para la hora de almuerzo.
Estoy tan preocupado por mi princesa que corrí para verla, pero no alcancé, ya que Julián tomó la mochila de mi polola, giró con rapidez, dio unas cuantas zancadas, entró al auto y se fue ¡Agh! ¿Cómo mierda pasó todo esto?
Cuando fui al casino, elegí cualquier hueá para comer, tengo la cagá en la cabeza, en especial por lo que dijo la amiga de mi polola, ¿Será que embaracé a Andrea? Tendría sentido su enojo, pero ¿por qué no me lo dijo antes? Pensé que nos contábamos todo, al parecer no es tan así. De pronto, veo que el Lalo se sienta al lado mío y me pregunta:
- ¿Qué te pasa, socio? Tienes una cara de raja que no te la quita nadie.
- Es que, no sé qué le pasa a mi mina, de repente se enojó conmigo.
- A lo mejor está en sus días.
- ¿En sus días?
- Sí, a veces, mi polola se enoja mucho conmigo, sin ninguna razón, pero le pasa cada vez que le llega la regla. – Ahora que lo pienso, he tenido sexo sin parar con Andrea, no me he dado cuenta sí le ha llegado o no ¡Mierda! ¿Cómo soy tan hueón?
Estuve el resto de la tarde pensando en lo que pasó hoy, debí cachar que había algo raro cuando no quiso salir en el primer recreo y ella nunca quiere comer en los descansos ¿Cuándo la embaracé? ¿Cuántos meses tiene? Comencé a culear con ella cuando volví de Italia, pero, ella me dijo que se cuidaba con pastillas ¿Esas hueás fallan? ¡Agh! Quiero volver a la casa, necesito saber en qué estado esta Andrea.
Narra Andrea
Ale me fue a buscar, no me preguntó nada, solo me dijo que estaba preocupada por Selenita, apoyé mi cabeza en la ventanilla del auto y solo deseaba acostarme y dormir hasta mañana.
Apenas llegué a la casa, subí con pesadez las escaleras y me dejé caer en mi cama. Me duele mucho la cabeza y también me duele a horrores la espalda, me siento muy mal, nunca había sentido tanto dolor, desde mi última regla hace dos meses ¡Ay! ¡No! ¿No me ha bajado hace dos meses? ¡Esto es malo! ¿Acaso estoy embarazada?