Capítulo 27

1512 Palabras
Narra Andrea  ¡Ay! Me siento tan cómoda en los brazos de mi lindo Roberto, su cuerpo emana ese olor a hombre bruto y salvaje mezclado con el aroma de la madera, me hubiera quedado dormida con el calor de su cuerpo, si es que mi pololo no me hubiera dicho: - Princesa, ¿me esperas un rato? Voy al baño y vuelvo. – Con pereza me levanté para que él pudiera ir al baño y con la misma energía me acosté en la cama. Mientras esperaba a que mi lindo Roberto volviera, se me pasó por la mente una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si de verdad hubiera estado embarazada? ¿Me hubieran obligado a casarme con él? Si soy sincera, no quiero repetir la historia de Ale, no quiero casarme apurada y esconder un vientre de cinco meses bajo un vestido de novia. A veces me pregunto si realmente mi hermana está enamorada de Rex o se siente obligada a llevar una vida de mentiras. Suspiré meditando ese cuestionamiento, antes de conocer a Roberto esperaba una vida idéntica a la de mi hermana, con un esposo importante y atrapar todas las miradas por ser una esposa perfecta, supongo que mi pololo fue el golpe de realidad que necesitaba para darme cuenta de que las cosas no eran como pensaba. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que no me fijé que Roberto me mira mientras está de cuclillas al lado de mi cama: - ¿En qué estás pensando, reina? – sus lindos ojos verdes me observan con amor, me hacen olvidar que tengo problemas en este momento. - Nada importante ¿Y tú? ¿En qué piensas? – con una sonrisa juguetona me responde: - No pienso en nada, solo veo a la hermosa mujer que tengo enfrente. - ¡Uy! Se pone tan tierno. Le iba a responder con algo igual de tierno, pero su rostro cambió de repente. - ¿Qué te pasa? Te ves triste. – Roberto me ve con melancolía y me dice tratando de mostrarse tranquilo. - No es nada grave, es que estuve viendo las fotos que tienes en la pared y supongo que no tengo idea de lo que eras antes de que nos conociéramos… – miré las fotos en la pared y no entiendo por qué mi pasado lo pone triste, mi vida no es muy diferente a lo que es hoy, ¡Bueno! Si a cambiado bastante, pero no en ese ámbito. Mi pololo continuó hablando con ese tono neutro que a veces pone para no dar a entender que se siente dolido. – No sabía que antes de conocerme ya habías estado con alguien. ¡Ah! ¡Es eso! Ese hombre fue alguien muy lindo conmigo, siempre pensé que él era muy maduro para su edad, me hizo sentir única hasta el último momento. - Bueno, la verdad, si no te conté es porque nunca preguntas nada. – Roberto se entristeció, eso me rompe el corazón, no quiero que se sienta mal por algo que pasó hace cinco años. – Ese chico se llama Efraín, nos conocimos cuando cursaba séptimo básico, nuestro pololeo fue algo lindo, pero también fue mi primera desilusión amorosa. Efraín tiene un año más que yo, lo conocí por casualidad en una práctica de vóley, nuestra relación fluyó de manera tan natural, me prometió que seriamos pololos, incluso cuando entráramos a enseñanza media, juró que no me dejaría ir jamás, todas sus promesas eran algo que me ilusionaba, hasta que viajó, solo se iba por un mes a España, para ver a sus abuelos, pero su padre murió de un ataque al corazón y no pudo volver. Efraín me escribió varias veces, hasta que llegó su última carta, en ese momento me pedía perdón, que no iba a poder cumplir su promesa, que me liberaba y esperaba que yo fuera feliz, lloré por semanas y lo único que me quedó fue la foto de las vacaciones, la sacaron después de que él me dio mi primer beso, fue mágico. Mi mente se llenó de recuerdos y aún está presente las dulces palabras que me dijo después de besarme: “Voy a ser tu esposo, te lo juro, aunque me cueste toda la vida, me casaré contigo.” Sonreí ante esa imagen y me dije a mi misma “¡Qué tonta soy! ¿Cómo se me ocurrió que eso podía pasar?”, levanté la cabeza y vi la tensión en el cuerpo d Roberto, parece preocupado. - Amh… Bueno, la foto no significa nada, puedo quitarla, él ya no me importa, ni siquiera me acordaba que estaba en la pared. – Me senté en la cama mientras mi pololo apoyaba la frente entre sus manos entrelazadas. - No, no es necesario. – Ahora soy yo la que está preocupada, no quiero que se sienta menos por algo que pasó hace años y yo ya lo superé. - Amor, de verdad él ya no me importa, eres tú quien me gusta, es a ti a quien amo. – Roberto levantó la cabeza con una sonrisa de satisfacción. - Lo sé, yo te amo también. - ¡Ay! ¡Por Dios! Su voz salió tan masculina que sentí que debía lanzarme a sus brazos y comérmelo. – Solo me siento algo mal por no ser mejor pololo, nunca se me ocurrió que pudiste haber tenido a otro, ya que te sentías tan enamorada de ese hueón de Zanetti. ¿Por qué mi pololo insiste con llamar al demonio cuándo nadie quiere oír su nombre? ¡Uy! Voy a tener que retarlo. - ¡Roberto! Olvídate de él, ni yo recuerdo a ese monstruo como tú lo haces - Sí, sí, me cuesta olvidar lo que te hizo y no pude sacarle la cresta como yo quería, me quedé con la bala atravesá. - ¿Por qué es así? ¡Tan bestia! ¡Tan sensual! No me pude aguantar y me acerqué a Roberto gateando por la cama, él levantó la cabeza de manera distraída y aproveché para besarlo. No entiendo la razón de por qué sus besos son como una explosión de sensaciones, empieza en mi boca y se esparce por todo mi cuerpo hasta llegar a la punta de mis dedos en un eléctrico y rico cosquilleo. Roberto profundiza el beso al tomar mi cara y enredar sus dedos en mi pelo, quiero hacer el amor con él, quiero ser suya una y otra vez. Mi amado pololo suelta mi boca gruñendo y me dice: - ¿Cuánto rato tenemos antes de que tu mamá vuelva? – ¡Uy! ¡Mi mamá! Últimamente, cada vez que discutimos, se da una vuelta para tranquilizarse y después vuelve para hablar más calmada y pedirme disculpas por sus arrebatos, realmente no sé qué le pasa, pero debo aguantar hasta que confié en mí o traiga un pololo que tenga tantos títulos y riqueza para que nunca más se preocupen por mi bienestar, dudo que pase algo de eso a corto plazo. - Amor, es mejor que te vayas. – de mala gana le tuve que decir que se fuera, ya que puede demorar desde quince minutos hasta media hora en llegar. - ¡Agh! Me calentaste la sopa solo para no tomártela. – Roberto me hace un gesto de decepción, pero a la vez dice. – No me queda otra, tendré que esperar hasta las doce. Se levanta, me da un beso en la frente y me ayuda a bajar de la cama, apenas toco el suelo corro hasta la puerta, la abro y reviso que nadie este viendo, Roberto está detrás de mí y le digo en un susurro: - Ahora puedes salir, amor. – mi lindo pololo, antes de salir, me besa y me pregunta: - ¿Dónde quieres estar? ¿En mi pieza o en la tuya? – De verdad, el dolor de cabeza aun lo tengo y aún me duele la espalda ¡Solo quiero dormir! - Amor, podemos dejarlo para después de que se me acabe la regla, no me siento cómoda haciéndolo mientras sangro. – Roberto pone una cara de desilusión y me pregunta. - ¿Y cuánto te dura eso? - ¿Acaso no pone atención en clases? Eso lo enseñaron en la clase de biología. - Tres días. - ¡Qué! ¡Aaaagh! – salió de mi pieza quejándose. – ¡Tres días es mucho tiempo! - Mmm… ya veré que puedo hacer. – se dio la media vuelta, se apoyó del marco de la puerta y me dice algo molesto: - ¡Voy a tener que estar a pura paja! – Se quedó un rato mirándome y de manera brusca dio dos pasos hacia atrás. - ¡Agh! ¡Qué mierda! - ¡Qué es ese vocabulario! ¿Por qué tratas a mí hija de esa manera tan vulgar? – un escalofrío recorrió mi espalda y vi como la cara de Roberto palideció, No esperaba que mi mamá llegara tan luego y menos nos escuchara hablando, ahora ¿Qué hacemos?
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