Capítulo 28

1768 Palabras
Narra Roberto  ¡Por la rechucha! La señora tenía que llegar justo ahora. Uno de los dos tiene que decir algo o la mamá de mi polola va a empezar a sospechar. Tomé aire y lo boté con fuerza, con mucha improvisación vomité esta frase: - Señora, le presté un cuaderno de matemáticas a su hija y ahora no me lo quiere devolver, ¿usted le puede decir que me lo devuelva? – Tengo más que claro que a mi reina no le va a gustar mi plan, en especial porque ya me está mirando con odio. - ¡Yo no tengo tu cochino cuaderno! ¡Esa cosa debe estar toda sucia! – Por lo menos me sigue el juego, aunque en su voz se nota que está enojada. - ¡Andrea! –La señora se interpuso entre nosotros y con voz firme confrontó a mi reina. – ¿Dónde dejaste el cuaderno de este joven? Cuando conocí a la señora Magdalena, se veía muy simpática y despreocupada, pero, últimamente, parece un perro rabioso o, más bien me hace pensar que le caigo más mal de lo que yo pienso, ya que me mira como si fuera un parásito. Mi reina me mira de reojo, creo que su enojo hacia mí aumentó, bueno, sé que le cargué la mano, pero no se me ocurrió otra cosa para inventar, así que junté mis manos pidiendo perdón, aunque no creo que esto la satisfaga, puedo ver en los ojos de mi polola como me mutila lentamente ¡Uf! Tendré que contentarla más tarde. Mi princesa no tardó mucho en contestarle a su mamá: - ¡No sé, mamá! ¡Yo no lo tengo! ¡Ese cavernícola debe tener un desastre en su pieza si no encuentra sus cosas! – La señora Magdalena se giró y me observó de manera despectiva mientras yo fijaba mi vista por encima del hombro de la señora, estaba tratando de no hacer gestos raros, ya que pude ver la satisfacción en el rostro de mi princesa. - ¿Joven, me está escuchando? - ¡Mierda! Me distraje. - Amh… - ¿Qué se supone que le debo responde? La mamá de Andrea suspiró con desagrado y me dijo: - Le dije que volviera a buscar en su habitación, a veces hay que ordenar para encontrar y si mi niña tiene el supuesto cuaderno, se lo devolverá. - ¿Cómo qué supuesto? ¿Acaso sabe algo? - Creo que tendré que buscar de nuevo, pero estoy seguro de que lo tiene su hija, a ella se lo presté la última vez. – tengo que mantener mi postura, por alguna razón, creo que la mamá de mi reina está sospechando algo. - Ya veremos. - ¡Agh! Me cae como patá en la guata que me trate como la mierda, pero me apesta más el hecho de que sepa alguna hueá. – ¡Ah! Se me olvidaba, espero que le pidas disculpa a mi hija. - ¿Disculpas? - ¿Por qué mierda me pide eso? - Sí, no puedes hablarle de esa manera grosera a mi niña, ella es una dama, no una de tus amiguitas de barrio, pídele disculpas y espero que esto no se vuelva repetir. - ¡Qué mierda! ¿Cree que mis amigas son putas? Me hierve la sangre al ver su arrogancia, pero mi rabia me la tengo que tragar como un cuesco de palta, no quiero cagarla en este momento. Le pedí disculpas a mi reina, tanto para ella como para mí fue algo extraño, ya que lo que dije no fue para insultarla, fue por frustración, desde que es mi polola nunca se me ha ocurrido ofenderla de ninguna forma, ya que ella es muy sensible y cualquier cosa que diga le afecta, siempre quiero verla feliz, así que me esfuerzo por sacarle una sonrisa todos los días. Después de que la señora Magdalena quedó satisfecha al conseguir humillarme, me fui directo a mi pieza ¡No sé qué hueá con la mamá de mi polola! Siempre he hablado así y ahora le molesta, bueno, tendré que ser más piola. Estaba echado en la cama mirando el techo, de vez en cuando miraba el reloj despertador que está en mi velador, vi la hora y son un cuarto para las doce, a pesar de que me masturbé cuando me bañé, sigo muy activo, estoy ansioso, tengo esa sensación de que olvidé algo, pero no me acuerdo. Chato de esperar a que me de sueño, me levanté, me puse un pantalón y busqué mi mochila, talvez si estudio algo aburrido me quede dormido. Iba a sacar el libro de historia cuando veo una caja ¿Qué mierda es esto? ¿Ahora me echan hueás en la mochila? Cuando reviso el paquetito, me pareció familiar y al abrirlo me acordé de que era, son los pastelitos que le compré a mi reina, no me acordaba que los tenía, es probable que se me olvidara cuando Andrea se enojó de esa forma repentina. Me los podría comer solo, pero lo dulce me empalaga rápido, en especial cuando tiene manjar, es mucha azúcar y solo con pensar en comer un poco ya sé que no voy a dormir. Me quedé meditando, se me cruzó la idea de llevárselos a mi reina, en primer lugar se los había comprado a ella, talvez todavía esté despierta, también escuché en alguna parte que a las mujeres les gusta comer cosas dulces cuando les llega la regla ¡Sí! ¡Se los llevaré! Le quitará el mal sabor del día de mierda que tuvimos. Salí con cuidado de mi pieza, revisando bien los pasillos para que nadie me viera, me moví rápido hasta la puerta de mi princesa, entré sin tocar y vi a mi princesa acostada leyendo, estaba tan sorprendida cuando me vio, que su voz sonó muy tierna. - ¡Amor! pensé que no ibas a venir. - Tenía que venir, en la mañana mi reina quería comer unos pastelitos con manjar. - ¡Ay! ¡Amor! ¡Los guardaste! – se arrodilló en la cama y empezó a rebotar en el colchón muy feliz. - La verdad, me olvidé de que los había echado a la mochila, los vi hace poco. – Tomó la caja y al ver el contenido su cara se iluminó, amo esa expresión en ella, parece una estrellita que brilla con toda su fuerza. - ¡Ay! ¡Amor! ¡Te amo! – me besó con cariño y sacó uno de los pastelitos, se lo echó a la boca y gimió suavemente mientras lo saboreaba. – Mmm… Está muy rico. - ¡Qué bueno que te gustaron! - ¡Me encantan! – me dice mientras toma otro pastelito. De repente me mira a los ojos y me dice con amor. – Amor ¿No vas a comer? ¡Saca uno! Ella es tan linda, tan rica, prefiero comérmela a ella antes que cualquier otra cosa. Tomé su boca, sus labios están dulces, al igual que cada roce de su lengua, mis fantasías empezaron a fluir al sentir su sabor, me imagino que mi reina tiene el cuerpo cubierto de manjar y está esperando por ser lamido, también se me ocurrió la idea de poner manjar en mi pene y que ella lo chupé con su exquisita boca ¡Agh! De nuevo me puse duro, talvez mi cuica hermosa me pueda quitar las ganas. Solté su boca, la abracé con algo de fuerza y casi gruñendo le dije: - Princesa. - Amor. - ¿Se enojara si soy directo? Bueno, el que no se arriesga no cruza el río. - Tengo muchas ganas ¿Me podrías hacer sexo oral? – el rostro alegre y tierno de Andrea cambió con la propuesta, ahora tiene el ceño fruncido. - ¿Para eso me trajiste los pastelitos? - Aaah… No, no fue para eso. – la voz me tembló cuando le respondí, eso puede interpretarse de mala manera. - Creo que es mejor que te vayas a dormir. - ¡Por la rechucha! ¡La cagué! - Princesa, no fue esa… - ¡Ándate! – ¡Agh! ¡Por la cresta! Ya no me quiere escuchar. Andrea se acostó, apagó la luz de su velador y me dio la espalda, casi puedo sentir su enojo, es obvio que cualquier cosa que diga en este momento la hará enojar más, así que preferí irme. Al cerrar la puerta suspiré pesado y me pregunté ¿Todas las minas se ponen tan bipolares cuando están con la regla? - ¿Qué estás haciendo ahí parado? - ¡AAAH! ¡POR LA CRESTA! – Me asusté, no me di cuenta cuando Rex apareció y se puso al lado mío. – ¿Por qué chucha te apareces así? ¿Acaso te pagan por penar también? - No. – dijo mi hermano sonriendo. – acabo de llegar y me iba a acostar. - Ah. – no sabía que más decir. - ¿Y te vas a quedar ahí parado? No deberías ser tan obvio, mis suegros están muy enloquecidos con Andrea y si te ven frente a su puerta, se te va a ser más difícil estar con ella. - Ya sé, Andrea me acaba de echar de su pieza. - ¿Te peleaste con ella? - No tengo ni puta idea, le llegó la regla y no sé cómo actuar con ella. – Rex siseó y me dijo: - Vas a tener que aguantar su carácter, Ale también es muy temperamental, lo único que te puedo decir es que le compres muchas cosas ricas para comer, a mi mujer le encanta comer papas fritas y carne. - ¡Agh! ¿Significa que tendré que comprar más pastelitos de manjar? - Mmm… Creo que a Andrea le gusta comer un postre de merengue, crema y frambuesas, por lo que recuerdo, cada vez que se sentía mal pedía eso para comer. – ¡Oh! Sí la he visto comer ese postre, pero no me imaginé que le gustara tanto. – Ahora me voy a acostar, estoy muy cansado. - Ok, que duermas bien. - Tú igual. Me fui a la pieza, me saqué los pantalones y me acosté, me quedé pensando en lo que me dijo mi hermano, tal vez se le pase el enojo si le compro ese postre, espero que no mal interprete mis intenciones esta vez y espero no ser tan hueón para andar pidiendo hueás en este momento. Bueno, tendré que esperar a mañana para ver como estan las cosas, ahora voy a pajearme e intentar dormir.
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