Desde que puse el auto en marcha, mi reina no me habla, tampoco se me ocurre nada para romper el hielo y explicarle el por qué la confundí. Falta poco para llegar a la casa, así que me detuve un par de metros antes para hablar con mi princesa y arreglar esta hueá: - Reina… - ella no me quiere mirar, así que insisto. – Reina, no tenía idea que Martina se había vestido como tú ¡hasta se peinó igual que tú! - ¡Para! – Andrea me miró con rabia y con los ojos cargados de lágrimas. – ¡Debes creer que soy una tonta! ¡Pero no es así! ¡Recuerdo cada vez que has dudado de quién soy! ¿Sabes cuantas veces he pensado en “tus confusiones”? ¿Te has puesto a pensar en lo que pasa por mi cabeza cuando te imagino decirles a otras “Mi reina” o “mi amor”? Agaché la cabeza, no me imaginé que mi princesa

