Prólogo
Nadie en la faz de la tierra posee una vida perfecta, Hanna Becker no fue la excepción de ello, su vida no era color de rosas ni nada sencilla, pues a sus veintidós años concibió a su primogénito Christopher, y aunque su padre nunca se hizo responsable del pequeño, no fue motivo para ella derrumbarse, siguió adelante con tal de poder mantener a su hijo.
Los años pasaban sin clemencia alguna, y con ello, Christopher se volvía un niño muy guapo de cabello n***o y ojos azules; respetuoso e inteligente, siendo incluso amado por las compañeras de trabajo de Hanna, quienes adoraban su carisma y su pequeño mal carácter que solo lo hacía lucir tierno y muy atrayente. Aunque no siempre lo llevaba con ella al centro de telefonía, en ocasiones el niño estaba con su tío Sonny o con su abuelo. La idea de dejarlo solo no era de su agrado, sin embargo, comenzaba a pensar que el niño necesitaba una compañía más acorde a su edad.
Un sábado por la mañana, Hanna tomó el auto y condujo hasta el orfanato “Big Little Hearts”, al estacionarse y bajar del vehículo vio a una pequeña niña que la observaba detrás de las rejas de la entrada principal; al acercarse a ella, esta le sonrió y se alejó corriendo dando pequeños saltitos alegres, sintió una ternura inmensa por esa blanca niña, sus cautivadores ojos grises inmediatamente hicieron que deseara a esa niña como su nueva hija. No le importó mucho ver otros niños juguetear o la alegría que estos irradiaban, ya tenía la mirada fija en esa niña en particular, aunque los otros niños fueran también encantadores. Solo que ninguno de ellos se fijó en su llegada o al menos ninguno hizo contacto visual con Hanna.
El proceso de adopción demoró unos días entre el papeleo y la entrevista para determinar si sería una buena madre para la pequeña, además de las investigaciones pertinentes sobre ella y su familia pero finalmente, al cabo de unos días, Hanna realizó su sueño de adoptar a la pequeña niña. Luego del papeleo para la adopción de la chiquilla, la llevó a un centro comercial para comprarle ropa y zapatos, todo lucía tan hermoso en su nueva hija que no podía decidirse en qué comprarle, era emocionante para toda madre, comprarle ropa a su hija. Horas después, al volver a casa y con la niña tomada de la mano, pudo ver que Christopher jugaba con su tío Sonny, seguidamente el niño dirigió su mirada hasta su madre con una sonrisa para luego bajarla hacia la niña y borrarla de forma automática a la vez que su ceño se fruncía, ella le mostraba una linda sonrisa llena de dulzura, pero él, todo lo contrario.
Era momento de presentarle a su hijo a su nueva hermana, lo único que ella como madre pedía, era de algún modo la aceptara en la familia sin resentimiento alguno, y sabía que su pequeño tenía un corazón noble escondido.
— Chris, ella es tu nueva hermanita, su nombre es Jilliane, tiene 3 añitos. Ya eres hermano mayor.
— ¿Mi hermana? ¿Y qué voy a hacer yo con una niña? Yo no juego a las muñecas.
Christopher no lucía totalmente feliz, no le agradaba mucho la idea de tener que cuidar a una niña, ni mucho menos le veía el provecho de jugar con ella a los carritos o a los superhéroes. Su madre sonrió y contestó:
— Ya verás que pronto amarás a esta pequeña.
Apenas al soltar la mano de Jilliane, esta corrió hasta su hermano mayor manteniendo la enorme sonrisa para así conocerle, él le miraba con cierto recelo, desde ese momento Christopher cambió de una forma un tanto extraña, seguía siendo buen niño, hacía caso en todo y era bueno en la escuela, sin embargo, con su hermana era un poco arrogante y amargado.