Aquella sonrisa en el rostro de su hijo era bastante sospechosa, por lo que Hanna no dudó en seguir a su hijo hasta su habitación, apenas él había cerrado la puerta de su zona de confort cuando ella irrumpió. Se dio la vuelta algo confundido, arqueando una ceja mientras veía a su madre pues aquello no era una actitud normal en ella, así que de forma inmediata entendió el problema o al menos tenía una idea de lo que comenzaría a decir, uno de sus famosos sermones por Jilliane. — ¿Cómo les fue? ¿Se divirtieron mucho? —preguntó cerrando la puerta tras ella. — Sí, lo normal, aunque no entiendo cómo es que Jilliane llegó tan activa. Bueno durmió en la vía tanto de ida como de regreso. Parece una osa en hibernación. — Hmm, qué bueno que la pasaron bien. ¿Y tomaron fotos? Me gustaría ver como

