Jilliane Becker He de confesar que esa madrugada del veintiséis de septiembre no pude dormir casi nada, me sentía incómoda, ansiosa, sentía algo que no sé cómo explicar. Quería ir al baño cada que me sentaba, iba al baño, pero no hacía nada más que perder mi tiempo. Christopher recién había regresado de un viaje y por ello estaba muy cansado, realmente deseaba que descansara y recuperara sus energías, pues algo me decía que el bebé nacería dentro de poco, solo no creí que sería tan pronto. El bebé se movía de forma extraña y lo sentía muy abajo, no era agradable pensar que, de sentarme en el inodoro, algo malo iba a ocurrir. Caminaba de un lado a otro con calma, volvía a acostarme, me dormía y de nuevo despertaba con ganas de ir al baño, era un tanto frustrante. Los dolores de las contr

