La curiosidad de Jilliane y Christopher por conocer la persona que estaba robando sonrisas en su madre los mantenía atentos, eran ellos quienes iban tras su madre cada que ella salía con la excusa de querer caminar un poco, aunque ella siempre se les perdía de vista, sabía cómo perderse y pasar desapercibida entre la multitud. Era un tanto frustrante para la joven pareja, pues su madre no comentaba nada en absoluto, ni porque ellos preguntaran directamente, solo les ignoraba y se retiraba a su habitación riendo sin parar. Ideaban planes para no perderla de vista, pero ninguno parecía tener éxito, es como si se esfumara entre la gente, hasta que llegó el día en que Hanna, por cuenta propia, decidió llevar a la misteriosa persona a casa. Jilliane llegaba del tribunal cuando vio a su madre

