Santiago Entro corriendo a la clínica, un solo llamado suyo basto para que dejara todo de lado y viniera. —Cielo— digo cuando la localizo—. ¿Qué paso? ¿Cómo está? —Lo están operando— murmura con los ojos lloroso. —Celeste, va a estar todo bien— la abrazo y ella rodea sus brazos en mi cintura—. Pedro es fuerte, va a salir de esta. —Tengo miedo, es lo único que me queda— llora contra mi pecho—. Si a mi papá le pasa algo, me voy a quedar sola. —Eso no es verdad— me separo y sujeto sus mejillas con mis manos—. Estas rodeada de gente que te ama, tenes un esposo que te adora y siempre me vas a tener a mí y además repito, nada va a pasar. —Gracias— dice—. Gracias por venir, por estar acá— suspiro—. Seguro debo haber interrumpido todo tu día. La tomo de la mano y la llevo a que nos sente

