Mis piernas temblaban y el miedo era evidente, el sentimiento de confusión se hizo presente en el momento exacto que pude ver su rostro.
No sabía qué sentimiento encontrar o que sentimiento demostrar. Calmarme, tener miedo. Era él. Justo él.
—¿Christian?—Dije en un susurro inaudible dentro de un llanto evidente.—¿Tú? ¿Por qué?
Me miró y bajó su cuerpo a mi altura. Conjunto de ropa negra, máscara y capucha.
Rió y pasó con cuidado sus manos sobre mi rostro y por reflejo, quité mi rostro y escupí en el suyo.
—¡Mierda Mía! ¿Qué te sucede?—Gritó enojado.
—¿En serio Christian? ¿¡Que mierda te pasa a ti!? ¿No te bastó con ser infiel y ahora vas y me secuestras!?—Grité enojada. Lanzando golpes y movimientos para soltar mi cuerpo y huir. Pero no lo logrababa por nada del mundo.
—Quería verte sin tenerte con el estúpido de Michael.
—¡Suéltame!—Grité una vez más. Puso su mano asquerosa sobre mi boca y entre susurros escupió.
—Si no te callas ahora, taparé no solo tu boca, si no tus ojos. No te he hecho, ni te haré daño. No me provoques ahora.—Dijo apretando su mandíbula.
Y con cuidado, fue quitando su mano de mi boca. Haciéndome temblar del miedo.
—Pequeña Mía...—Susurró.—¿Te habías olvidado de mi?—Preguntó.
—Sí.—Dije desafiante. Haciendo que él pusiera sus manos sobre mi cuello con fuerza, dejando poco aire que respirar.
—¿Te habías olvidado de mi, Mía Miller?—Insistió. Y con el poco aire y fuerza que me quedaban, ahora solo debía asentir. Y eso hice.
Sonrió y besó mi frente.
—Por favor Christian, déjame ir. No le diré a nadie.—Insistí.
—No me importa que todos sepan. Siempre serás mía. Me importa un carajo Michael. —Dijo poniéndose de pie y lanzando cosas al azar.
—No eres ésto Christian. No eres un secuestrador, ni un asesino. Eras mi estúpido amigo y terminamos confundiendo todo y llevándolo a algo que nunca debió ser. Tú y yo nunca debimos pasar aquella ralla.—Dije.
—¿¡NUNCA!? ¡Yo de verdad quise hacer las cosas bien contigo, Mía! ¡Pero tú siempre tuviste ojos fue para Michael! ¿Crees que no lo sabía? ¿Crees que no lo veía? o al menos, ¿crees que no me lo decían? ¡Era el maldito cuernudo! ¡Veía ese deseo entre ustedes y ni siquiera tenías el valor de decirlo! ¡No tardaste nada en estar con él! ¿Te llegué a importar?—Y hubo silencio de mi parte. Un golpe con fuerza sobre una mesa, me hizo cerrar mis ojos con fuerza.—¿¡Te llegué a importar, Mía!? ¡Mírame!—Insistía.
—¡Sí! ¡Sí te quise Christian, estaba ilusionada contigo y tú mismo lo arruinaste!—Grité molesta.
—¿Yo lo arruiné? ¡Maldita sea vive cada día sabiendo que la mujer que amas vive en la misma casa del hombre que desea más que a ti mismo! ¡Lo terminé de arruinar, sí, pero eso nunca hubiese ocurrido en un principio si tan solo me hubieses amado más a mi de lo que lo hacías a él!—Dijo poniendo sus brazos con frustración sobre su cabeza.
—Christian estás a tiempo de solucionarlo. Puedo irme y haremos como si nada pasó, puedes irte de nuevo lejos y solo diré que necesitan un tiempo antes de casarme.—Insistí.
—¡Y te casas con él!—Dijo lanzando su cuerpo sobre el suelo.—¡Pudimos ser nosotros!—Gritó con desesperación.—¡Él debería estar aquí y no tú!—Insistió.—Pero sabía que secuestrarte a ti, le dolería más.—Se puso de pie una vez más, y ahora caminaba en círculos con frustración y miedo. Christian no estaba bien de la cabeza y se notaba a simple vista.—¡Me salí de control! ¿Vale? ¡Pero mientras yo intentaba arreglar mi vida y sentirme bien, tu ya estabas follando con él y estabas con un anillo en tu dedo! ¡Éramos amigos y no le importó ni un segundo en llevarte a la cama, tenerte para él y mucho menos le importó lo que yo llegase a pensar!
—¡Tu me fuiste infiel! ¡Tampoco sabes lo difícil que fue para mí! ¡No era una puta competencia! ¡Tampoco lo es ahora!—Grité forzando todas mis ataduras. Pero igual era imposible salir de su agarre.
Christian se acercó a mí y pasó sus manos por mi cuerpo en silencio.
—¿¡Qué harás ahora maldita sea!? ¿Vas a violarme?—Grité al borde del colapso.—¿Caerás así de bajo? ¡Eso es lo que serás! ¡Un sucio secuestrador y violador! ¡Tienes la maldita oportunidad de desaparecer ahora antes de que Michael nos encuentre y destruya todo lo que eres y tienes!—Grité antes de escupir en su rostro.
—Mala chica.—Dijo limpiando su rostro. Lo siquiera que ví fue como tapaba mis ojos, gritando una y otra vez, tapó mi boca.
—¡AHHH!—Grité una última vez dando golpes una y vez. De nada servía. Seguía allí atrapada con un psicópata que era peor de lo que podía creer, estaba herido.
Había roto su corazón y eso se volvería mi peor arma. Él no quería acabar conmigo, quería acabar con lo que más amaba en el mundo, Michael. Y solo sabía así que estaba dándole en su punto más débil; yo.
Y era cierto, hubiese dolido menos a él que lo secuestraran, pero sabe que justo ahora teniendome lejos, su mundo se está viniendo a bajo poco a poco. Segundo a segundo. Lleno de desesperación y agonía.
Christian estaba logrando lo que quería.
Acabar con nosotros.