LO QUE PASA EN PUERTO VALLARTA,
SE QUEDA EN PUERTO VALLARTA.
CAMILE
Otro nuevo día, él se encuentra en la entrada de mi casa, aguardando por mí para ir juntos a trabajar un día más.
—Esto es lo que no me gusta de compartirte con McAllen.
No pude evitar sonreír divertida.
—Solo será un día, Brian.
—Lo sé, pero parecerá una eternidad, Camile.
-¿Por qué? —Pregunté, con la esperanza de obtener una cursi y melosa respuesta.
—Porque mi madre consideró visitarme, y no estarás para distraerla.
Achiqué la mirada al instante, negué.
- Adoras a esa mujer, cómo es que tienes tan poca paciencia a sus visitas.
—Porque le encanta llevarme de compras, ver programas de comida gourmet y platicar sobre cuántos hijos quiero tener.
—Eso no es tan malo, Brian.
—Es terrible. Son las cosas que menos me gusta hacer —susperado en corto mientras gira el volante de su auto con gran seriedad y porte único—, desde que estoy contigo el descanso de todo eso, y ahora estarás en Puerto Vallarta.
—Empaqué mi bikini, estoy emocionada por cierto, gracias por preguntar — bromeé.
—Con bikini te refieres al trisuit, ¿no es así?
-No tengo trisuit, Brian.
—Por supuesto que tienes, yo te compré uno.
Solté una divertida risa llena de incredulidad.
—¿Cuándo sucedió eso?
—Cuando se suponía que iríamos a Malibú, pero preferimos quedarnos hacie ...
—Sí, lo recuerdo —fruncí el ceño, completamente incrédula— ¿En verdad me compraste un trisuit?
Él asintió.
Puse mis ojos en blanco.
- Dijiste que no eras celoso.
-No soy celoso, es para que no te afecten los rayos ultravioleta.
—Brian.
—Está bien, pero solo no quiero que el resto de los hombres te vea en paños menores. Además, es verdad que también te protejo, Camile.
—Un poco de color me vendrá bien, tranquilo.
Llegamos al aeropuerto, y de nuevo, mi mañana se vio iluminada por el maravilloso brillo de Oscar.
—Te quiero conmigo de vuelta, dile a Mouque que hagan un intercambio. Tina por mí y así yo estoy contigo y Tina con Chad.
Le miré asombrada.
-¿Sabes sobre Chad?
—Amiga, todos sabemos sobre ella y Chad.
Una sonrisa burlona apareció en mí.
- Tina querrá morir.
—Oh, tranquila. Ayer pegó el grito en el cielo. Se lo dije en la noche, creo que no pudo dormir —Terminó en susurro.
—Pobresilla.
—Hablando del rey de roma —Oscar alzó la mirada, tambaleándose sobre sus pies de adelante hacia atrás, con las manos descansando por detrás. Chad llegó a nuestro lado: Chady, hola.
—Hola, Oscar. Cami —Me miró y sonrió, depositando un beso sobre mi mejilla—. De casualidad, ¿sabes si Tina ya llegó?
Suspire al recordar que olvidé pedirle a Brian su ayuda.
-No la he visto, lo lamento.
Su mirada de decepción apareció, y no pude evitar sentirme mal. Es decir, Tina era un caso perdido.
—Bueno, entonces supongo que iré con tu hombre o cortará mi cuello — Suspiró — Estarán en México, ¿cierto?
—Así es, es solo un día. Mañana por la noche estaremos de vuelta.
—¿Cómo te sientes al dejar a Brian el día de la visita?
No pude evitar reír.
-¿Cómo es que puede gritar a los cuatro vientos que no le agrada la visita de su madre?
—Le gusta ver a su madre, solo no le gusta lo que hace cuando ella llega —aclara su mejor amigo.
—Chad, ¿podrías dejar a Camile en paz y subir al avión?
Ups, Brian hizo su aparición.
—Y tú también, Oscar — Terminó.
Chad suspiró de nuevo.
- Tu novio es un opresor peor que el mismo Benito Mussolini.
—Confirmo.
En cuanto Oscar terminó de articular aquella palabra, Brian solo requirió mirar conles para que ambos se apartaran al mismo tiempo.
—Si dice así, pasarás de ser Mussolini a Hitler.
—Ven acá ... —Pidió mis brazos y se los di gustosa, sin rechistar, estrechándolo cálidamente— Ten un buen viaje y te cuidas mucho.
—Gracias, tú también ten un buen viaje —Tomé un poco de distancia para poder besar sus labios. Aunque había preferido una mejor despedida, solo eso se me permitía.
—Te quiero, Camile.
•••
Por fin llegamos a Puerto Vallarta. Tina y yo nos dirigimos con gran emoción hacia el hotel. Daban las seis de la tarde y la playa aguardaba por nosotras.
—Me adelantaré para comprar las cervezas —Dijo ella.
—Para mí sin alcohol, por favor —Dije desde el interior del baño.
Ella bufó.
—Esas no existen, doña aburrida.
—¡Claro que existen!
—¡Pues nadie las vende porque solo momias las comprarían! ... y no existen las momias —pensó un poco— Bueno, sí. Una, y está justo en mi baño.
Fingí reír.
- Deja de ser tan graciosa.
Veinte minutos después, nos encontramos dejando el cuarto con nada más que una hielera en mano.
—¡Hola, amigas!
No pudimos evitar detener, pues René se postró frente a nosotros. Tina puso sus ojos en blanco, yo nada más pude suspirar con gran pesadez.
—¡Vámonos a la playa!
-¿Disculpa? Nadie te invitó —Dijo Tina rápidamente.
—Yo quiero ir a la playa, y veo que ustedes van. Entonces, vayamos juntas —comenzó a caminar después de alzar sus manos en un perfecto y elegante ademán.
Tina y yo nos regalamos una mirada llena de pesar. Qué cosa horrible habíamos hecho para merecer tal castigo.
No podríamos dejar que René arruine nuestra tarde en Vallarta, así es que solo decidimos ignorarla en su totalidad. O al menos lo que pudimos. Nos sentamos frente a la orilla de la playa, bebiendo un par de cervezas y jugos, viendo el atardecer y platicando tan solo.
—Entonces, ¿cómo es Brian en la cama?
Achiqué la mirada ante la espeluznante pregunta de René, y no por el cuestionamiento en sí, si no, por sus oscuras intenciones.
- Excelente.
—Anda, cuenta detalles. ¿Qué hace ese hombre que nadie nunca quiere contar? Le rogó tanto a Bett, pero también es una tumba.
Oh, fantástico Intenciones encontradas. Simplemente quería hacerme molestar, pero no le daría el gusto.
—Chad es muy bueno —tendrá rápidamente Tina, intentando ayudar a mi causa—. Lástima que no lo repito.
Si algo le encantaba a René, era el chisme. Se olvidó de mí un momento.
- ¿Por qué no ?, ¿qué sucedió?
No sucedió nada, solo es muy lindo para una perra como yo.
—Bien, basta de hablar de chicos — pedí— entremos al agua.
—Tú siempre con las mejores ideas, amiga. Por eso te quiero mucho.
Casi una hora estuvimos dentro del agua. Jugando, riendo, bebiendo, e ignorando a René cuando empezaba con sus comentarios pesados.
—Hoy habrá una fiesta en el centro, ¿se apuntan? —Preguntó ella misma, observando su celular.
-¿Una fiesta? Uh, me interesa- Dijo Tina rápidamente.
—Son las ocho de la noche y estamos llenas de sal y arena. ¿A qué hora piensan que iremos a una fiesta? —Pregunté tan ingenua como siempre.
René y Tina me miraron al mismo tiempo, ambas mostraban gran desapruebo.
—Cariño, ¿a qué clase de fiestas asistes ?, ¿infantiles?
—Sí, Camile. Una vez que quieras llegar temprano, creo que nos alcanzará el tiempo perfecto para ir a cenar antes.
No me quedaba más que suspirar, eran las expertas en eso, yo solo me especializaba en la comida y pasaba buenos momentos junto a Brian.
Daban las once y media de la noche, cuando nos dirigimos hacia la zona divertida de Vallarta. La buena música de los centros nocturnos reventaba contra mis oídos, aparentemente un buen ambiente.
Llegamos a uno de los locales, la fiesta de la que René había visto y había perdido, y había cierto límite. El gran y musculoso guardia de la entrada nos detuvo.
—Nombres.
—René Lafont, y dos acompañantes.
Tina y yo nos miramos curiosas, serias.
Lo más impresionante fue lo que estuvimos en la zona VIP. Esa mujer no conocía de fronteras en lo que a fiestas se refería.
-¿Sabes? En este momento, solo por este momento, ella me agrada —susurró Tina a mi oído, antes de darle la bienvenida a ese disparo en su mano.
—Yo en realidad solo quiero ir a dormir.
No seas aburrida, tómate uno a ella, ofreciéndome uno de los vasos.
—Tina ...
—¡Toma!
No me haría la aburrida tampoco, así es que lo tomé. Y bailamos, y tomé, y seguí bailando, y reímos, y tomé.
BRIAN
Diez de la noche, acaba de terminar algunos ejercicios en el gimnasio después de un cansado día junto a mi madre, y decidí ver el celular. Por supuesto, los mensajes de Camile abundaban, y no era algo que me molestara en realidad.
Respondí algunos, ella se divertía y eso me agradaba. Aunque, sí hubo un problema, justo después de la una de la mañana.
Dormía, cuando mi celular comenzó un sonar con insistencia. La luz de la pantalla me cegó, necesité un momento para acostumbrarme al brillo, y cuando por fin logré leer los mensajes, supe que algo extraño sucedió.
Reír o molestarme, esa era la cuestión. La niña estaba ebria, sí, no me agradaba por una simple razón: ella no bebía. Pero, tan solo de imaginarla, me causaba gracia.
Quedé dormido después del último mensaje que envié. Sin embargo, desperté casi una hora después, dándome cuenta de que no había respondido por parte de ella.
Suspiré, tan solo pensando en la última vez que eso sucedió, así es que después de tampoco obtener respuesta por parte de Tina, mi única opción fue René. Estaba en línea, tal vez estaba con ella.
Su último mensaje fue un baldazo de agua fría. Camile no estaba en sus cinco sentidos, y había sujetos asechando. Si las cosas hubieran sido tan sencillas, podríamos correr rápido de inmediato rumbo a Puerto Vallarta, pero era imposible, tenía vuelo a las seis de la mañana.
La noche pasó eterna, Camile me robó el sueño.
CAMILE
El despertador se escuchó, la luz del sol molestaba, mi cabeza dolía y todo daba vueltas. La última vez que sentí algo parecido, fue cuando me enteré del engaño de Sean.
—Tina, creo que moriré ...
—Nadie muere por resaca — La escuché apenas, con la voz quejumbrosa.
Me levanté con dificultad pero sentí algo extraño. Mis cejas se unieron en un pronunciado ceño fruncido al darme cuenta de que ... ubicados en la playa, tendidas sobre la arena. Ella y yo solamente.
—Carajo, ¡Tina!
De un brinco se comprometió, mi grito la asustó.
—Demonios Cami, no hagas eso.
Tomé mi celular con desespero, había veinte llamadas perdidas de Brian, y algunos mensajes. Apreté mis labios, quise regresar la llamada pero mandaba a buzón, eso solo significaba que estaba en vuelo.
Suspiré, dejándome caer.
—Vamos al hotel, Tina.
—Mierda, tengo tierra en lugares de mi cuerpo que ni siquiera sabíamos que existían ...
Fruncí el ceño nuevamente, observé con cautela los alrededores.
¿Y René?
—Quien sabe, seguro se fue con los bombones asesinos que nos encontramos anoche.
-¿Qué cosa?
Caray, no recordaba más allá de las bebidas de la fiesta en la zona VIP.
—Por cierto, el galán que te quería ligar, me dio su número para ti. Yo le di el tuyo.
—¡¿Que hiciste qué ?!
—Oye, me dio lástima. No parabas de presumirle lo magnifico que es Mouque. Pobrecito
—¡Exactamente por Brian no debiste darle mi número a un desconocido!
—Tranquila, estaba tan ebrio que seguro ni siquiera te recordará.
Justo como yo. Mi mente estaba en blanco. El dicho quedaba a la perfección: "Lo que pasa en Vallarta, queda en Vallarta", pues ni siquiera yo lo sabía.
•••
Estábamos por subir al avión que nos llevaría de regreso a Los Ángeles.
—¿Cómo la pasaron, muchachas? —Nos han considerado McAllen al entrar.
—Relajante y perfecto, Macki —Respondió René rápidamente.
Tina y yo solo asentimos y él entró a la cabina junto a Héctor, su copiloto.
Hice un último intento de hablar con Brian. Esta vez la línea se escuchó sonar, pero él no respondió. Y la única duda que rondaba por mi mente era, ¿estaría molesto?
Dejé algunos mensajes, y apagué el celular. El paso de un par de horas más me darían la respuesta que tanto esperaba.