CAPÍTULO 25
TE AMO
CAMILE
Atravesaba el túnel para llegar al aeropuerto de Los Ángeles junto a Tina. Ambas íbamos en silencio, realmente el viaje fue agotador. Justo al término del mismo, quedé petrificada.
Brian Mouque se encuentra de pie frente a mí, un solo solo unos pocos metros, con sus brazos cruzados y una seriedad criminal. Era la primera vez que esto sucedía, él había sido abordado de esta manera en el aeropuerto, y eso es lo que significaba las cosas que no estaban del todo bien.
—Dios, espero no te castigue mucho.
Después de aquel susurro, Tina aceleró el paso, dejándome el camino libre con mi hombre.
—Hola —intenté formar una sonrisa.
Él me miró tan solo
-¿Cómo estás?
Un trago amargo grabó mi garganta.
—Bien, todo está muy bien.
Su mirada se fija fijamente sobre mí, me puedo atrever a decir que ni siquiera parpadeaba. La intriga que pasó comenzando a quemar, es decir, ¿qué estaba pasando por la mente de ese hombre? Jamás había logrado saberlo con exactitud. A pesar de ser su novia, sus pensamientos se mantenían aún un enigma.
—Vayamos a casa, ahora —prácticamente ordenó, dando media vuelta e iniciando su camino.
Ensanché la mirada un momento antes de fruncir el ceño y alcanzarle.
—Alto, ¿estás molesto?
-No lo estoy.
Fue lo único que se limitó a decir sin detener el paso, mientras acomodaba los gemelos en sus muñecas.
—Brian — advertí, sin obtener respuesta.
No dije más, llegamos al auto, abrí mi puerta y el camino seguido en silencio. No sabía cómo abordarlo, si tuviera estado en su posición, seguro estaría históricamente, desquiciada y tóxica. Pero él no, solo se reservaba. Además ¿cómo hablar o explicarle algo? No recordaba ni un carajo, y eso sí que era un gran problema.
—Creo que está de más decirte que mi casa es por allá.
-No vamos a tu casa.
¡Ah! Su seriedad comenzaba a hacer quererme arrancar el cabello a jalones. No era esa sexy seriedad misteriosa que lo volvía atractivo e interesante. Esta era una seriedad macabra, esa que decía "sé lo que hiciste y me vengaré".
-¿Dónde vamos entonces?
—A mi casa.
No dije más, él no dijo más. Llegamos al edificio de su penthouse, e incluso el camino por el ascensor fue catastróficamente incómodo.
—Brian, ¿crees que puedas devolver las llamadas de Foster?
—Ahora no, Glen. Tomate el resto de la tarde libre - dijo mientras desabrochaba su saco, entrando a la cocina sin mirarle.
—Mm, está bien. ¿Seguro no me ocupas?
—Hasta mañana, Glen —su voz fue fuerte, pues ya no estaba más cerca de nosotros.
—Todo está bien, ¿cierto? —Me susurró.
Asentí
—Creo que sí, tranquilo.
Glen se marchó, y después de tomar gran valor, decidí ir hacia la cocina, donde Brian se sentó. Bebía algo así como un licuado, de un largo trago lo terminado.
Dejó el vaso sobre la barra y me miró, desafiante.
—Arriba.
Ambas cejas en mi rostro se alzaron.
—Creo que andas muy mandón, ¿no?
—Ahora.
Fue lo único que respondió, pasando a mi lado sin siquiera verme. Después de un suspiro, le seguí. Llegamos hasta su habitación.
—Brian, solo di lo que tengas que decirme. Detesto tu postura de ... —me interrumpió.
-¿Te divertiste?
Ahora estaba frente a mí. Algunos centímetros eran los que nos separaban, además de su maldita frialdad en las palabras.
Le miré colmada de confusión.
—Eso creo.
Él asintió, y después echó un corto recorrido a mi cuerpo con la mirada.
-¿Qué? —Pregunté realmente intrigada. Eso era nuevo, no tenía la menor idea de lo que cruzaba por su mente y comenzaba a ser un verdadero problema para mí.
—Bebiste, te divertiste, me ignoraste llamadas, mensajes, y hubo un trío de imbéciles con ustedes.
En segundo lugar, ¿qué estaba diciendo qué sabía más sobre lo de anoche que yo misma?
-¿De dónde sacaste eso?
—Eso es lo de menos, Camile.
Sentí cómo su mano sujetó con fuerza mi cintura, acabando por completo la distancia que nos separaba. No pude evitar sentir un escalofrío recorrer cada parte de mi cuerpo con alevosía y ventaja.
—Brian ...
—¿Crees que puedes hacer eso y salir ilesa?
Un trago grueso fue lo único que pasó a través de mí.
Una de sus manos desabrochó la falda de mi uniforme, y en un movimiento rápido, me hizo apoyar contra la corte antes de bajarla por completo.
Agradecí en verdad estar usando mi lencería de encaje.
—Brian ...
Iug, aparentemente disco rayado, pero es que en verdad estaba impresionado por esto, y por supuesto, las ansias me carcomían.
¿Este era el castigo por emborracharme y haber hecho sabrá Dios qué cosa? Lo merecía, completamente. Aceptaría la penitencia sin objeción alguna.
—¿Crees que eso fue correcto? —Susurró a mi oído, haciéndome estremecer.
Inhalé su delicioso aroma antes de negar.
—Supongo que no.
Se alejó. Escuché cómo el cinturón de su pantalón se desabrochaba, tan solo de imaginarlo, no pude evitar morder mi labio inferior.
—Supones bien, Camile.
Una de sus manos sostuvo con fuerza mi cadera, pegándome a él sin filtros. Fue imposible no soltar un pequeño jadeo. Por todos lo cielos, este hombre me volvía loca.
—Entonces, ¿soy un castigar?
—No tienes castigo.
Sentí cómo todo él entró en mí en un solo y salvaje movimiento, bendito mar, fue el dolor más exquisito que pude haber sentido nunca.
—... Solamente te haré sentir el placer de una satisfecha y amada mujer— comenzó a entrar y salir con fuerza, una y otra vez, haciéndome desvariar por completo mientras los jadeos no dejaban de escucharse—. Así la próxima vez que tengas la oportunidad de ignorarme y divertirte con alguien más, lo pienses mejor.
Abandonó mi cuerpo un segundo, de nuevo me hizo girar, acorralándome entre sus brazos contra la pared. Su rostro sobre el mío, hasta que sus labios demostraron de quienes eran dueños, tomándome por el cuello con fuerza y yo, dejándome llevar.
Sus manos tomaron mis piernas, después de apretarlas con fuerza, las alzó y de nuevo nos convertimos en uno mismo.
Entraba y salía. Me consideró suya, era suya. Pero, como lo había dicho, también me cambió amada ... me identificó mujer.
—Te amo, Brian.
Palabras mayores, que ni siquiera me percaté haber dicho. El placer me consume, el deseo fue el protagonista de la escena hasta que el éxito se extendió por cada centímetro de la habitación.
—Te amo más, Camile.
Su ronca voz agitada me hizo darme cuenta de lo que acaba acababa de suceder. Nos habíamos declarado nuestro amor, en palabras que nunca antes.
Sonreí, satisfecha, alegre y enamorada.
Su frente descansó sobre la mía, antes de depositar un dulce beso sobre mis labios con los ojos tiernamente cerrados.
—Jamás vuelvas a hacerme lo mismo — advirtió.
Negué
—Pero tú a mí sí.
Brian, Brian, Brian ... el amor que ten por el jamás cesaría. Era mi adicción, una de las mejores partes de mí. Después del cautivante sexo de reconciliación, cenamos sobre el sofá de su estancia, viendo una película en la televisión.
- Entonces, ¿tus padres se verán después de quince años?
Asentí, me consideró recostada sobre él en el sofá, envuelta entre sus brazos, y degustando unas ricas palomitas.
- ¿Quieres ir? No quiero ser la única testigo si mi madre decide matarlo o algo.
—Definitivamente creo que eso es algo familiar e íntimo.
—Brian, eres mi novio. Además, le confesaste a mi padre sobre el sexo. Eres parte de esa "íntima" familia ya.
Él resopló.
—Por Dios, Camile. Como si él no lo supiera ya —robó una de mis palomitas, y al terminar de masticar afectados—. En realidad, todos lo sabemos. Eso es evidente y para nada un secreto.
—Mi madre me cree pura y casta.
—Tu madre me hizo jurarle que nos estamos cuidando.
La palomita que comía quedó atorada en mi garganta. Tocí como si no hubiera mañana.
—¡¿Qué corta en cuadritos ?!
—Cami, no me gusta decirlo en voz alta, pero vivías con tu exnovio. ¿En serio crees a las personas tan ingenuas?
Suspiré, él tenía la razón jodida.
—Bien, punto para Gryffindor .
Brian me miró, alzó una de sus grandes cejas tan solo.
Bufé
- Santo cielo, ¿también me dirás que Harry Potter es lo suficientemente inmaduro para ti?
—Cariño, yo soy Hufflepuff .
No pude evitar sonreír con emoción, ¡Por fin !, ¡Por fin algo en lo que las emociones de acuerdo!
—Ay, es que yo en serio te amo.
Él rió ante mi comentario, poco antes de bombardearme con algunas palomitas.
CAPÍTULO 26
FELIZ CUMPLEAÑOS
CAMILE
Mi cumpleaños se acercaba y aunque jamás le había dicho a Brian cuando era, él ya lo sabía, y no paraba de nombrarlo.
—Por última vez, Brian, no quiero una fiesta.
—Eres aburrida, Camile —bufó, al parecer por fin comprendiéndolo, después de quince insistencias.
No pude evitar sonreír divertida ante su respuesta llena de frustración, escondida recónditamente.
—Tú tampoco eres fanático de las fiestas, ¿por qué quieres hacer una para mi cumpleaños?
—Porque no todos los días le das una vuelta más al mundo, niña. Solo quiero que lo recuerdes.
—Lo recordaré así vaya nada más que comprar croquetas para Taz. Mientras esté contigo, la pasaré bien.
Él consideró que no estaría de acuerdo con mi respuesta, torció el gesto y detuvo el paso.
-¿Qué? - curioseé.
—Solo reiteraré que eres aburrida.
Fruncí el ceño.
- Creí que ya habíamos superado la etapa de nuestra relación en la que me denigras.
Unió sus cejas hacia abajo con fuerza, imitando mi ceño fruncido.
—Yo jamás te denigrado, Camile. Y nunca lo haré.
—¡Mi pareja favorita!
Oscar llegó de entre las personas, como siempre, director a mis brazos, haciendo que Brian tuviese que retroceder un paso por su presencia.
-¿Quieres que tu fiesta sea temática del mar, disfraces ... o solo una fiesta?
Alterné la vista entre ambos. Oscar me emoción ansioso, Brian tan solo alzó una ceja con diversión en la mirada. Al parecer, por primera vez estaba de acuerdo con las palabras que salían de la boca Oscar.
-¿Por qué todos se empeñan en querer hacer una fiesta para mi cumpleaños?
—Porque es tu día, Cami. No puede pasar desapercibido. Además, encontré en Youtube un tutorial para hacer unas botanas, mmm —se saboreó—, están para
chuparse los dedos.
—Oscar, en primer lugar, los tutoriales de Youtube son un fiasco. Las cosas nunca te vendrán como te hacen creer. En segundo lugar, comprendan —toma aire para borrar lo siguiente con gran lentitud hacia ambos— No, quiero, una, fiesta.
—Qué aburrida.
—¡No soy aburrida, Oscar! —Miré a Brian, quien tan solo me dijo con la mirada "te lo dije".
¿Qué sucede aquí? Mi radar de chisme se activó desde que entré al aeropuerto: Tina se incluyó a la conversación.
—Tu mejor amiga no quiere una fiesta para celebrar su nuevo año de vida —aclaró mi novio, y realmente me pareció increíble. ¿Cómo es que él se prestaba para estas cosas?
Tina me miró como si fuera la peor persona que jamás haya existido en el mundo.
- Pero, ¿qué te sucede? Si no hay fiesta, simplemente no cumples años.
Quería comenzar a debatir, pero el celular de Brian sonó, haciendo mi atención se postrara sobre él. Observé por un momento el identificador al que mi vista no pudo acceder, y nos miró un segundo.
—Con permiso.
Miré cómo se alejó algunos metros y con la mano dentro de su bolsillo, respondió. Hablaba y hablaba, subía y bajaba la mirada. No es que siempre que alguien le llame la asechara, más bien, llamémoslo sexto sentido de Camile. Esta vez estaba segura de que esa charla con quien sea que fue, significa algo.
-¿Viste el identificador de Brian? —Le pregunté a Tina, sin desesperar la mirada de él.
Oscar y ella aparecieron a mi lado, con la vista fija sobre mi piloto, mientras que la plática comenzó.
-¿Eres de esas novias locas, Cami? —Preguntó Oscar.
-No, pero sentí algo extraño.
—Tranquila, ese hombre está babeando por ti. No puede ser tan malo.
Fruncí el ceño.
—Yo alguna vez sugerí que me engañara, o algo así, Tina.
—Ah, lo siento.
—Regresando a lo importante, Oscar, haciendo que nuestra mirada se fijara ahora sobre él— Creo que una fiesta de disfraces puede ser increíble.
No habrá fiesta.
—¿Cuál fiesta? —Chad se incluyó a la plática con su típica alegría.
No, no habrá —sentencié.
Fue en ese momento, cuando me percaté de lo nerviosa que Tina se volvió. Jugaba con sus dedos, sus labios apretados y ni se diga el movimiento extraño de su pie.
—Chad, tú como el poderoso poderoso mejor amigo de su novio, ¿qué piensas sobre su fiesta de cumpleaños? —Oscar quiso fisgonear sus ideas.
—Pienso que debe tener mucho whisky, no lo olvides por favor.
—Chad, no haré una fiesta.
—Por supuesto que no, ¿cómo crees eso? te la haremos nosotros —aclaró mi amigo.
—Tina me apoya —dije, y sentí su pesada mirada. Sé que quería mantenerse invisible entre nosotros, pero no se lo iba a permitir. Santo cielo, era solista Chad.
—En realidad, no te apoyo.
—Tres contra uno perdió Oscar.
—Cuatro contra uno —agregó Brian recién llegado, como si hubiéramos escuchado toda la conversación.
-¿Por qué no me habías dicho sobre la fiesta de Camile? - recriminó su amigo.
—Porque apenas la estoy convenciendo, pero tranquilo, te haré llegar la invitación.
Gruñí, echando mi cabeza hacia atrás.
-No quiero una fiesta, por qué no lo entienden.
Oscar, Tina y Chad se echaron unas cómplices miradas.
—Bien, nosotros nos vamos a tener Oscar, empujando a Tina y Chad hasta que ya no estaban más cerca de nosotros.
—¿Con quién hablabas? —Intenté no escucharme como una celosa sin sentido. No lo estaba, solo curiosa.
—Con alguien.
—Esa es la peor respuesta que me ha dado en tu vida.
—Tranquila, tiene que ver con tu festejo —inició su camino esperando que yo lo hiciera detrás de él, pero no fue así, entonces se detuvo —¿Camile?
Lo aseché con la mirada antes de caminar hasta su lado.
-¿Por qué no me dices?
-¿Por qué debería hacerlo? —Sus brazos cruzados y esa mirada juiciosa me hicieron dudar.
-No es que debas hacerlo, en realidad no tendrías por qué, es solo que es extraño.
Una de sus cejas se alzó de manera abismal.
-¿Eso qué significa?
—Que parece que me ocultas cosas.
—La verdad, Camile, es que si estoy ocultando algo, y continuaré haciéndolo.
Mi ceño se fue frunciendo poco a poco, la honestidad de este hombre a veces era extrema. ¿Cómo se atrevía?
- Brian ...
-No te comportes como una niña de quince, Camile. Te amo, confía en mí.
Al decir esas palabras, sigue su camino. Yo no pude, escucharlo decir aquello me hizo volar la mente. No eran simples palabras, y probablemente él no solía decirlas ... entonces, mi corazón se derretía.
•••
Los días pasaron en abrir y cerrar de ojos, realmente estaba aterrada. Es decir, ¿me habrían preparado una fiesta sorpresa? Porque yo ya no supe más del asunto, y eso sí que me identificó muy sospechoso.
—Entonces, ¿mañana qué sucederá?
—Dijiste que no querías fiesta, y no te haré una fiesta.
Suspiré, me sentí aliviada.
—Ay, gracias.
—Pero haremos otra cosa, ya pedí permiso por ti.
-¿Permiso por mí ?, ¿a qué te refieres?
-No iremos a trabajar.
Le miré mientras manejaba, su concentrada mirada tal vez ni siquiera lo notó.
-¿A dónde iremos?
—Muy buena pregunta.
Me quedé esperando el resto, pero no llegó, él ya no dijo nada. Fruncí el ceño al cabo de unos minutos y yo giré hacia él.
—Ajá, muy buena pregunta, pero ¿y la respuesta?
Brian aparcó el auto, habíamos llegado a mi casa.
—Es una muy buena pregunta, pero no la respondo porque es una sorpresa.
Bajó del auto y abrió mi puerta sin esperar a que yo replicara. Iba muda mientras él me encaminaba hacia la puerta de la entrada principal.
—Buenas noches, Camile.
¿Qué?
-¿Ya te vas? Pero, en una hora oficialmente será mi cumpleaños, creí que te quedarías hoy.
—Lo siento, amor mío. Tengo cosas por hacer, así es que ... —Depositó un corto beso sobre mis labios— Nos vemos mañana temprano.
-¿Tienes cosas por hacer a las once de la noche?
—Sí, y muchas.
Él dio una elegante media vuelta, mientras yo le tenía con incredulidad.
Se fue.
El desagraciado me abandonó en plena víspera de mi cumpleaños. No me dejó más que preparar algo para cenar y ver algo en la televisión antes de dormir.
Recibí una llamada de él cuando estaba por ir a dormir. Eran las 12:00 am
—Feliz cumpleaños, tesoro.
Sonreí sin poder evitar morder mi labio inferior.
—Gracias, Brian.
—¿Cumplí mi objetivo de ser el primero en felicitarte?
Reí.
- Tú siempre ganas, lo sabes ¿no?
Escuché esa melodiosa e inusual risa al otro la de la bocina.
- Haré que pases un cumpleaños inolvidable, Cami. Lo prometo.
—Ya te lo dije, lo será solo por el simple hecho de tú estar conmigo.
-No basta con eso, mereces muchas cosas más.
Maldito Mouque y sus ganas de hacerme desearlo con locura por cada palabra que salía de su boca.
—Si tanto lo merezco, ¿podrías decirme lo que haremos?
-No. Lo único que debes saber es que Glen pasará por ti a las ... - lo interrumpí.
-¿Mandarás a Glen por mí?
—Así es. A las cuatro cincuenta estará tocando a tu puerta, por lo que sugiero que descanse un poco.
-¿Poco? Las cuatro cincuenta es tarde, ¿a qué hora crees que me levanto?
—Camile, a las cuatro cincuenta de la mañana.
Mis ojos se ensancharon hasta no poder más.
-¿Qué cosa dices ?, ¿qué rayos es lo que haremos Mouque? Comenzar mi cumpleaños con tortura no es divertido, en lo absoluto.
No es tortura, Camile. Ya estás acostumbrada a hacerlo, eres sobrecargo.
—Pues si, pero es mi cumpleaños. Además, estar lista a las 4; 50 am significa levantarme antes. ¿Sabes qué? No dormiré — Lo dije con rapidez, sin siquiera respirar.
Él rió.
—Como gustes, cariño. Nos vemos en un par de horas.
—Adiós ...
—Feliz cumpleaños, de nuevo.
La llamada terminó, y realmente estaba en una clase de shock. ¿Cuatro cincuenta? No lograba superar aquello. Si quería sorprenderme y que este día fueron inolvidables ding ding, lo había obtenido.
El insomnio me consumió, así es que tomé mi celular y decidí mandarle un mensaje mi piloto y alrededor de las dos de la mañana, rogando por que estuviese despierto.
¿Qué clase de atuendo debo usar?
Ve cómoda, MUY cómoda.
¿Solo eso ?, Algún otro consejo?
Solo eso, descansa tesoro.
Descansar, por su puesto. Este hombre sí que estaba loco. ¡Nadie en su sano juicio puede descansar si van a pasar por él a las cuatro cincuenta de la mañana!
Glen fue realmente puntual. Salí con un cómodo vestido y un delgado suéter. Tampoco yo iría en ropa holgada y deportiva, ¡era mi cumpleaños!
—Buenos días, Cami. Feliz cumpleaños
Sonreí ampliamente.
—Gracias Glen, ¿sabes a dónde vamos?
—Ya lo verás.
-No seas igual de molesto que Brian, por fi.
- Camile, si ese hombre se entera de que te digo, me desprecia.
-No tiene por qué enterarse.
—Anda, se nos hace tarde.
-¿Tarde? Son las cuatro de la mañana —solté con total desapruebo mientras entraba al auto.
El camino dio inicio, y aunque enfadé cada minuto a Glen, él no dijo nada. Brian lo tenía hechizado.
—Debido a que estoy amenazado, ponte esto Cami.
Ah eso. Amenazado
Fruncí el ceño al identificar lo que era, en mis manos había un cubre ojos.
-¿Es en serio?
—Sólo sigo órdenes.
—Tu jefe me va a escuchar, oh, en verdad lo hará.
Obedecí, y después de algunos minutos enviaron cómo el auto se detuvo. No dije nada, decidí no hacerlo más, pues me di cuenta de que era completamente en vano.
La puerta se abrió, y sentí la brisa de la madruga chocar contar mi rostro. Unas manos me encaminaron algunos metros hasta que me detuvieron.
—Feliz cumpleaños, amor.
Inconfundible el susurro de ese hombre. Mi rostro se iluminó con esa sincera sonrisa que solo él lograba conseguir. Poco a poco, mis ojos necesitan ver. Aún se mantenía oscuro el cielo, pero había luces y pude distinguir frente a mí un enorme arreglo de rosas blancas y rojas. Alcé la mirada un poco más, y mi corazón se detuvo un momento, había un jet.
-¿Viajaremos?
Clavó su barbilla sobre mi hombro, sentirlo cerca de causa una gran revolución en mi estómago, especialmente si sus brazos me rodean con fuerza
- Sorpresa.
—Me encanta, ¡qué emoción!
Giré hacia él para poder plantarle un gran beso de agradecimiento. Sus labios sin duda, eran otro de mis mejores regalos.
Al separarnos pude ver su conjunto deportivo Adidas.
-¿Vengo mal vestida para la ocasión?
Me hizo separar un poco de él, sin soltar mis manos me escaneó de pies a cabeza y sonrió.
—Te ves hermosa, si con eso aguantas doce horas de vuelo y tres en carretera, estará perfecto.
No pude evitar abrir la mirada con exageración.
—¿Cuánto tiene dicho?
—Anda, que se nos hace tarde.
Subimos las escaleras del Jet, y al entrar, mi corazón se detuvo un instante. Grité y salté por el susto al escuchar cómo mis padres gritaban.
—¡Sorpresa!
—¡Oh, por Dios!
Me giré hacia Brian un segundo, solo me vi con una sonrisa en los medios, y luego corrí hacia ellos para abrazarlos.
—Feliz cumpleaños, cariño.
Sinceramente, no esperaba que mis padres estuviesen ahí, pero me gustaba. Era una gran oportunidad para que aprendiera a relacionarse mejor, es decir, mi madre aún le mostraba gran rechazo al pobre Leo.
El interior de Jet era perfecto, cómodo, amplio y olía delicioso. Una mezcla de vainilla y chocolate.
—Tu novio comienza a agradarme -dijo papá, tomando sorbo de su copa de vino. Él, mamá y yo sentados juntos en el amplio sofá del jet.
- ¿Apenas? —Escuchamos la voz de Brian por detrás, quien descansaba en uno de los asientos individuales.
—Te acuestas con mi hija, ¿qué querías?
Ay, no puede ser.
—Es mi cumpleaños, por todos los cielos, basta.
Un enorme suspiro por parte de mi madre se hizo presente.
- Lo siento cariño, pero con tu padre no puedes. Así es que ... —habló unos tonos más fuertes— Brian,, no le sigas el juego a ese hombre.
Brian tan solo alzó sus manos, haciendo una señal de "entendido", antes de sonreír y tomar un trago de sus botellas de agua.
—Bien, ¿puedo explicar a dónde vamos y cómo terminaron ustedes aquí?
—Brian quiere que el destino se mantenga como una sorpresa —compartió mamá.
—Y como gracias a él estamos viajando gratis, no te lo diremos.
-¿Compras a mis padres? —Le pregunté, acechándolo con la mirada.
-No tengo tanto dinero, Camile.
—Muchacho, solo bastó este viaje, créeme, haré todo lo que quieras.
-¿Guardar silencio también? —Soltó mi madre, ella no lo soportaba y eso, sinceramente me pareció gracioso.
Despegamos, estuve charlando un poco con mis padres hasta que el sueño se apoderó de mí, y decidí tomar asiento junto a Brian para poder dormir.
—Gracias por todo esto —murmuré, subiendo mis piernas al asiento en una cómoda posición.
—Ocupo que ...— Tomó una frazada y la colocó tiernamente sobre mí— cubras esas piernas.
No pude evitar reír en silencio.
—¡Brian! Mis padres están ahí.
—Lo sé. Por eso debes cubrirte —advirtió.
Negué entre divertidas risas.
—Nos vemos en un par de horas.
—Descansa, preciosa cumpleañera.
Fueron las últimas palabras que escuchan antes de caer en un profundo sueño de algunas horas.
-¿Cómo crees? Por supuesto que no.
—Claro que sí, Cass.
—Lo pondré por acá — Este en definitiva era Brian.
Los tres discutían sobre algo, eso era evidente, y por eso, desperté. Fui abriendo la mirada poco a poco, me deshice de la frazada con gran pereza y luego los miré.
Los tres se encontraban de pie como soldados, muy juntos, usando una sonrisa cómplice en sus rostros. Escondían algo, era evidente.
-¿Que tienes ahí atrás? —Pregunté.
—Creímos que despertarías más tarde — dijo mamá.
Yo tan solo solo les miré, parpadeando seguido.
Brian echó un corto suspiro.
- Tendrá que ser así.
—Qué bochornoso —articuló Leo, viendo a mi madre.
—Oh, cállate Ferrer.
No pude evitar reír.
-¿Ahora qué?
Ellos se apartaron y entonces sobre la mesa pude ver un hermoso pastel adornado con algunas lindas flores naturales.
—Feliz cumpleaños — repitió mi novio como por décima ocasión.
—¿Cuántos feliz cumpleaños más me desearás? —Me acerqué con emoción, esa siesta me hizo rugir el apetito y el pastel era simplemente perfecto. Se vio delicioso.
—Aún tengo trece horas más para hacerlo, cariño.
—Cielos, qué meloso.
Todos asechamos a mi padre con la mirada al escucharlo decir aquello.
—Mi niña, olvidé la velita de cumpleaños —confirmó mamá.
—Y yo llegué al rescate de la situación —mi padre sacó de su bolsillo una caja de fósforos, colocando uno sobre el pastel y encendiéndolo— ¡Ta dah! Sopla, anda, anda, que no durará mucho.
Reí antes de agacharme hacia el pastel, y al cabo de unos segundos, soplé el fósforo.
-¿Pediste un deseo? —Indagó Brian.
Asentí
—Espero se cumpla.
-No sé qué más puedes pedir, Cami. Estás viajando hacia ...
Fue en ese momento, cuando Brian lo hizo guardar silencio al colocar una mano sobre su boca.
—Creo que debes ir a dormir, Leo.
—Mira niño, solo tomaré tu palabra porque eres el patrocinador de esta aventura, y lo haré después de terminar mi rebanada de pastel.
El viaje fue largo, pero realmente no parecía pesado. Ir junto a esas tres personas, en verdad fue divertido. Las ocurrencias de mi padre, aunque bochornosas, no tenía precio. ¿Y Brian? Dios, Brian, su compañía alguna vez compararán.
Era muy afortunada.