CAPÍTULO 27
NUNCA MÁS
CAMILE
Antes de bajar del avión, Brian colocó sobre mí una gran chamarra que cubría más allá de mis rodillas, y unas gruesas botas.
Vaya, definitivamente mi atuendo no era el debidamente.
Fruncí el ceño.
-¿Dónde estamos?
No dije nada, sufrí mis hombros y yo condujo hacia el exterior.
—Bienvenida a Suiza, cariño.
Mis ojos se estamparon contra la nieve helada del lugar. ¿Cómo es que pasamos del calor en Los Ángeles al congelado ambiente de suiza?
Doce horas de vuelo, duh.
Las horas en auto comparadas con las del avión, se pasaron como nada. Llegamos a nuestro destino casi a las diez de la noche, y no pude quedar más asombrada.
El manto blanco junto a las luces iluminaban y cubrían el hermoso Zermatt. Estaba sorprendida, cualquier lugar pasó por mi mente antes que esto, y realmente me encantó la sorpresa.
Mis ojos veían un pequeño poblado que mantenía sus orígenes, tradicional, donde catalogarlo como encantador realmente se quedaba corto. Había pistas para esquiar largas y enormes, vistas espectaculares. Era todo un escenario romántico.
-¿Por qué trajiste a mis padres? —Pensé en voz alta, sin embargo, ellos no lograron escucharlo debido a la distancia entre nosotros.
Brian sonrió divertido.
¿Qué es lo que insinúas con esa pregunta?
—Que esto es demasiado perfecto.
—Por eso mismo, creo que a tus padres les caeá de maravilla la visita.
¿Qué? —Solté como la idiota que definitivamente era al no comprender sus palabras.
—¿Creíste que venían para estar con nosotros?
—Bueno, que es mi cumpleaños, que son mis padres y que están aquí, la verdad es que sí.
Sentí cómo Brian tomó mi cintura y me llevó hacia él antes de juntar nuestras frentes.
—Nuestra habitación te encantará.
Los autos no se usan en Zermatt. Había transportes eléctricos y carrozas, una de ellas nos trasladó hasta el hotel. Un elegante y cabañeresco hotel llamado Matterhorn, como la montaña. No lograba dejar de entusiasmarme por cada detalle del pueblo. Agradecida, emocionada y feliz, así estaba.
—Sé que están cansados por el viaje y probablemente solo quieran dormir, pero hice una reservación para cenar, en caso de que quieran...
—¡Por supuesto que sí! —Leo se aproximó a hablar antes de que mi novio terminara de hacerlo.
—Yo prefiero ir a descansar, pero muchas gracias, Brian.
Mamá subió a su habitación, mientras al parecer en la cena sólo seríamos Brian, Leo y yo.
—¿Segura que quieres ir?—me preguntó.
—Dormí casi todo el viaje, por supuesto que quiero —aseguré—. Aunque, si me gustaría cambiarme antes. Creo que mi vestido se puede tomar como una ofensa por aquí, y mis piernas lo comprueban.
Yo no había hecho maleta alguna, pero Brian la llevaba por mí, así que supuse habría ropa adecuada en ella.
—Te acompaño entonces.
Subimos hacia uno de los pisos más altos, Brian abrió la puerta permitiendo a mis ojos encontrarse con una inmensa habitación, elegante y romántica. Mi atención se centró en aquella tina frente al enorme ventanal de vista maravillosa y no pude evitar sonreír.
—Creo que no podré tener un mejor cumpleaños en mi vida.
—No me subestimes, aún te quedan bastantes cumpleaños conmigo —dejó un sonoro beso sobre mi mejilla mientras me sostenía por la espalda.
Cerré mis ojos tan solo un segundo para disfrutar del momento, su aroma y su calor.
Ya con un atuendo perfecto y cálido para la ocasión, asistimos al restaurante en el que mi novio había hecho la reservación.
La hermosa vista del pueblo y las inmensas montañas nevadas le daban un toque especial al lugar.
— ¿Hace cuánto planeaste esto?
—Mm, alrededor de una semana, cuando acabaste con mis ilusiones de hacerte una fiesta —confesó.
—Y sus habitaciones son separadas, ¿cierto?—preguntó mi padre.
Brian tan solo le miró por sobre el rabillo de su ojo con gran seriedad.
Yo suspiré.
—¿En serio, Leo?
—Cami, llámame por lo que soy, tu papá . Y bueno, solo es una duda que en verdad me tiene preocupado.
—Dormiremos juntos, ¿hay algún problema con eso?—dejó ir Brian, antes de beber de su copa de champán.
Tomé gran cantidad de aire, esos hombres me enloquecerían.
Leo lo asechó con la mirada, estaba por responder pero no lo permití, no en mis últimas horas de cumpleaños.
—¿Cuál es el plan mañana?
—Esquiar —declararon ambos al mismo tiempo, sin embargo, Leo lo hizo con una amplia sonrisa mientras que Brian se mostró tan serio como de costumbre.
Eran polos opuestos.
—¿Saben esquiar? Porque yo en la vida he siquiera visto en la televisión cómo se hace.
—Tranquila, tesoro. Yo me encargaré de enseñarte todo lo que necesitas—se ofreció mi novio mientras probaba bocado de su cena, usando ese distinguido porte.
Leo alternó la vista entre nosotros, observándonos con profundo detenimiento.
— ¿Cómo fue que se enamoraron? Ambos son muy diferentes.
Nuestra vista se centró sobre la de él, curiosos ante su pregunta.
—Creo que es algo difícil de responder—dije.
—En realidad, Camile, no lo es tanto—expuso Brian, colocando los cubiertos a su lado para prestar su completa atención a la plática.
—Te escucho, Brian.
—Bueno, Leo, tu hija es diferente. Tierna, preciosa, honesta, insegura, apasionada, de buen corazón —Y entonces una enternecedora mirada se clavó sobre mí— tan maravillosa, que es la única a la que le he permitido entrar a mi vida.
Mi rostro se contrajo en claro asombro y ternura. Me encontraba enternecida por sus palabras.
—Además, ¿quién come tanto y no engorda? Poseo un tesoro nacional aquí.
Fue así como terminó mientras mi padre evaluaba sus palabras con suspicacia.
—Interesante, ¿y tú, Camile?, ¿por qué te enamoraste de él?
—Eso tampoco es difícil de responder —Se apresuró él mismo a decir— Soy encantador.
No pude evitar reír mientras mi padre solo lo señalaba con su tenedor.
—En eso tienes razón, niño. Pero, quiero que Camile lo diga.
Alterné la vista entre ambos antes de sonreír.
—Él es encantador, papá.
Leo fue frunciendo el ceño poco a poco hasta que no pudo hacerlo más.
—Tu novio dice todas estas cosas cursis sobre ti, ¿y tú solo puedes repetir la palabra con la que él mismo se describió?
Le miré con molestia fingida mientras Brian apoyó su comentario con la mirada.
—No hagan equipo, eso no es justo. Además es mi cumpleaños.
—Eso no te exime de tu falta de amor hacia mí, Camile.
Puse mis ojos en blanco antes de mirarle con seriedad. Ellos rieron a carcajadas segundos después, y el tema fue olvidado.
Regresamos al hotel para por fin descansar poco antes de la media noche. Me deshice de todo, y coloqué un cálido pijama antes de sambutirme sobre la cama.
—Si hoy me siento tan cansada, no quiero imaginar cómo será mañana —dije, saboreando la comodidad del colchón.
Brian tomó asiento del otro lado de la cama, deshaciéndose de sus pantuflas e imitó mi acción, quedando cara a cara, justo a mi lado.
—Feliz cumpleaños, Camile.
—¿Te pagan por decirlo?
—¿Te pagan por arruinar momentos? Adoras hacerlo —se defendió rápidamente entre divertidas sonrisas.
Acaricié su mejilla con ternura, perdiéndome en su oscura mirada.
—¿Sabes por qué me enamoré de ti? Además de ser encantador, claro.
—Oh, agradecería saberlo.
No pude evitar sonreír, y detallando cada parte de su atrayente rostro, decidí hablar.
— Siempre fuiste honesto conmigo. Jamás te importó nada, con tal de decir lo que en verdad veías en mí. Nadie jamás lo ha hecho, las personas suelen decir lo que quieres escuchar, y tú no —miré sus ojos de nuevo y mostré un ceño ligeramente fruncido— aunque solo me denigrabas, claro. Pero aún así lo agradecí. Me gusta mucho esa parte de ti.
Él tan solo me miró, no era serio, casi se podía distinguir una sonrisa en su rostro.
— Te amo, Camile.
—No tienes idea de cuánto más lo hago yo.
Terminé la distancia que nos separaba, y el inicio de un mágico beso dio puerta a culminar la noche de mi cumpleaños con un romántico encuentro que solo me permitió corroborar lo afortunada que era de tener a ese hombre en mi vida.
•••
La mañana siguiente fui recibida con un delicioso desayuno sobre mi cama. Él estaba ahí, con sus cabellos mojados, dando a relucir su recién ducha.
—¿He mencionado lo sexy que es ver el cabello mojado sobre tu rostro?
—Desayuna y deja esos pensamientos impuros, nos espera un día muy largo.
Bufé ante su encantadora sonrisa de modelo y me dispuse a desayunar, a fin de cuentas, era una de las cosas que más me gustaba hacer.
Salimos de la habitación temprano, y mis padres ya se encontraban en el lobby charlando como personas civilizadas, lo cual era realmente sorprendente, pues los últimos meses siempre que los llegué a ver juntos, peleaban como si fuesen perros y gatos.
—¿Listos para tragar nieve?—dijo papá.
—Bueno, creo que ese sí será mi caso —advertí con preocupación.
—Tranquila, ya te dije que yo te ayudaré.
Lo primero que hicimos fue ir a una de las pistas para principiantes, donde recibí clases privadas de snowboard por parte de mi querido piloto, y cuando por fin dejé de caerme, decidió aventurarme a otra de las pistas en un nivel más avanzado.
—Tengo miedo—confesé— allá había solo niños, aquí no.
Brian rio antes de poner su tabla sobre la nieve.
— Ya no te caes, es hora de la acción.
—¿Irás a mi lado?
—Lo intentaré.
¿Dijo intentar? Ese desgraciado acabó la pista en segundos y yo seguía muerta de miedo en la cima.
—¿Qué sucedió?—preguntó a mi lado cuando me interceptó de nuevo.
—Tengo miedo, ¿y si debo frenar?
—Haces la cuña, te lo dije ya.
—¿Por qué tienes que ser un surfero y yo una esquiadora? —no pude evitar quejarme.
—Camile, vamos. Esto es para que disfrutes, no para que te estes lamentando por cada cosa. Sólo deslízate sobre la nieve y es todo.
Él tenía razón. Mandé todos mis miedos a volar y tan solo disfrute de la nieve. Cayendo una y otra vez, por su puesto, pero fue realmente divertido.
—Mira, tienes un beso robado por aquí.
Le miré colmada de confusión, antes de sentir cómo sus labios asaltaban mi boca. No pude evitar reír al separarnos.
—¿Por qué necesitas robarme besos si sabes que te regalo todos los que quieras?
—Porque es más divertido así.
—Chiflando y aplaudiendo, niños —Escuchamos decir a Leo un par de metros por detrás antes de que mi madre lo regañara.
—Si sigue así, prometo que lo mandaré en un vuelo de regreso a casa ya mismo—murmuró Brian a mi lado.
Una vez cansadas, mi madre y yo decidimos observar a Brian y a Leo cómo se aventuraban en el freestyle. Ambos eran buenos para el snowboard, y no desaprovecharían la oportunidad.
—Vaya, tu padre tiene talento en algo.
Reí sin despegar la vista del par.
— Si, lo hacen bien.
—Cariño—pronunció al cabo de unos segundos y le miré con atención—. Brian es un buen muchacho.
—Lo es, ma. Lo sé muy bien.
—Camile, tú sabes lo mucho que aprecio a Sean...
—Mamá, no es momento. De verdad, él es algo del pasado, no quiero seguir reviviéndolo. Papá lo entendió, ¿por qué tú no puedes?
—No me dejas terminar, Camile.
Suspiré con gran pesadez, fijando la vista de nuevo sobre aquellos saltos que daban entre los mantos de nieve que cubrían las montañas.
—A pesar de quererlo tanto, sé apreciar lo mejor para ti, y Brian lo es. Quisiste a Sean demasiado, pero jamás vi ese brillo en tu mirada que ahora se nota tanto cuando estás con Brian.
No supe qué decir, estaba sin palabras.
—Estoy muy agradecida de que seas tan feliz junto a un hombre que también lo es contigo.
No pude evitar sonreír y de nuevo le miré.
—Gracias, ma.
El día pasó tan solo en la nieve, y el cansancio ya no me permitía siquiera mover un dedo. Terminamos cenando en uno de los restaurantes cerca de las pistas, alrededor de las ocho de la noche.
—Ya vengo, lavaré mis manos —avisé antes de levantarme.
La verdad es que, no puede ser todo tan perfecto. Mientras regresaba a nuestra mesa, pasé por un lado del bar, donde gran cantidad de hombres ebrios se divertían.
Uno de ellos detuvo mi paso.
—Hola, preciosa.
—Lo lamento, me esperan para cenar—Intenté no hacer contacto visual y continuar mi travesía, pero éste impidió mi paso.
Lo miré. Era joven, ojos verdes y de gran altura; me sentí algo intimidada.
—Oye, en serio debo irme.
Su enorme mano sostuvo parte de mi cuello y mentón. No me lastimaba, simplemente me obligaba a mirarle hacia arriba mientras me inspeccionada centímetro a centímetro.
—Brian tiene buen gusto.
Sentí una presión sobre mi pecho. ¿Quién era este sujeto? Claramente conocía a mi novio, pero, ¿a qué se debía su actitud? Además del alcohol que notoriamente recorría sus venas.
—Deberías soltarme.
Una media y siniestra sonrisa se formó sobre sus labios.
—Y tu novio debió andarse con cuidado, ¿pero sabes algo? No lo hizo.
No tenía idea del significado de sus palabras, y tampoco quería saberlo.
Intenté alejarme de él pero fue en vano, tan solo sentí cómo sus fuertes brazos me levantaron y me llevaron hacia la salida más próxima, a tan solo dos metros.
Grité, lo hice, pero él fue rápido, y probablemente no muchos lo notaron, la música en aquella parte del lugar era fuerte.
—¿Qué quieres? —Solté aterrada mientras en la nieve me acorralaba sobre un auto.
—Tu amorcito me quitó algo muy preciado, ¿y sabes qué? Me toca quitarle algo a él.
Fue en ese momento cuando comenzó a estrellar besos sobre mi cuello, y por más que intentaba luchar en su contra, no lo lograba.
—Suéltame, por favor, ¡déjame!
—¡Hey! — Se escuchó la voz de una mujer, ella salía del bar—Deja a la chica o llamaré a la policía.
Él tan solo comenzó a reír burlesco.
— Tranquila, Donna. Sólo la estamos pasando bien.
—¡No!, ¡ayuda, por favor! —exclamé aún presa de sus brazos y el pavor.
Vi cómo la mujer puso sus ojos en blanco, bufó y entró de vuelta. Mis esperanzas se fueron junto con ella, tenía miedo, y las lágrimas que comenzaron a brotar de mis ojos lo daban a relucir.
—Tranquila, preciosa. Prometo que te gustará más de lo que ese imbécil te da.
Sus manos sujetaron con fuerza las mías en lo alto del auto, mientras sus piernas se abrían paso entre las mías.
—Por favor no, yo no te hice nada, ¡piedad!
Soltó una de mis manos antes de atraparla con aquella que sostenía mi otra, y entonces su mano libre comenzó a desabrochar mi pantalón. Estaba aterrada, jamás en mi vida había sentido ese miedo que ahora me consumía.
Y justo antes de que sus asquerosas manos tocaran mi piel, me fue arrebatado de encima.
Solo pude ver cómo Brian se encontraba furioso sobre él, golpeando una y otra vez su rostro.
—¡Te arrepentirás de haberla tocado, Jason!
El desquiciado debajo de él estaba riendo, parecía disfrutar todo el enojo que Brian sentía en aquel momento.
—¿Ves lo que se siente?
Y mi hombre lo remató con un golpe antes de acercarse a mí y asegurarse de que todo estuviese bien.
—Lo siento tanto, Camile —susurró apenas, observándome de pies a cabeza mientras sus manos sujetaban mis brazos.
Yo solo podía ver cómo aquel asqueroso sujeto con el rostro ensangrentado se retorcía sobre la nieve, me encontraba atónita.
—Dime que te encuentras bien, por favor—se veía realmente afligido.
Tan solo asentí, antes de sumergirme en su cálido pecho.
—Quiero ir al hotel...
Brian hizo que mis padres me acompañaran a la habitación. Mamá se quedó conmigo hasta que una hora después, mi novio decidió aparecer.
—Me voy, buenas noches muchachos y , solo olvidemos lo que sucedió esta noche.
Esas fueron las últimas palabras de mi madre antes de salir.
Miré a Brian, exigiendo una buena explicación con la mirada y él lo comprendió, soltó un gran suspiro antes de deshacerse de la gruesa chamarra.
—Tuve que asegurarme de que ese imbécil obtuviera su merecido.
—Casi lo matas a golpes, ¿no crees que eso fue suficiente? Pudiste venir conmigo, yo te necesitaba.
—Camile, lo lamento tanto... —llegó a mi lado y sobre sus rodillas se hincó frente a mí en la cama— ¿cómo te sientes?
—¿Quién era?, ¿qué le hiciste?
—Yo no le hice nada.
—Brian, él dijo cosas, solo dime lo que sucedió —rogué.
Por un momento sus ojos se cerraron y al abrirlos me miró con gran seriedad antes de sostener mis manos.
— Por mi culpa perdió un campeonato de snowboard que lo hubiera llevado pertenecer a uno de los mejores equipos de Suiza.
Mi ceño se fue frunciendo en cámara lenta.
— ¿Qué?
—Es estúpido, el hombre solo estaba ebrio y se le hizo fácil meterse contigo. Supongo que lo que pasó para mí fue una tontería, pero para él no, y ahora me detesta.
—¿Entonces has estado aquí antes?
—Suelo venir seguido a Zermatt, Camile. Es mi lugar favorito para esquiar.
Me dejé caer sobre la cama en medio de un cansado suspiro. Este hombre era una cajita de sorpresas, y esta vez, eso me costó mucho.
— Fue horrible, Brian.
Él tomó asiento a mi lado, haciéndome sentar también para poder envolverme entre sus brazos.
— Perdón por no haber estado ahí para evitarlo.
—Si lo evitaste, Brian. Ese sujeto estaba a punto de...
—No lo digas—pidió rápidamente, acariciando mi cabello— no tienes idea de lo inútil que me hace sentir el no haberme percatado antes.
—No me dejes sola, por favor.
—Nunca más, Camile.
El día culminó con un trago amargo, y aunque la experiencia fue aterradora, Brian se encargó de pasar la página y poder disfrutar así el último día en Zermatt.
CAPÍTULO 28
¡SORPRESA!
CAMILE
El ligero toque de sus dedos contra mi cabello hizo que mi mente despertara. Poco a poco fui abriendo los ojos, hasta lograr distinguir el rostro de mi piloto, y una gran sonrisa.
—¿Lista para el último día en Zermatt?
—Mm...—hice un mohín y dejé caer mi rostro sobre la almohada, escondiéndolo por completo—Quiero dormir.
—Camile, son las seis de la mañana—lo dijo tan tranquilo, incluso pude sentir regaño en el tono, como si fuese una aberración que a esa hora continuara durmiendo.
—¿Qué eres tú?, ¿un vampiro que no conoce lo que es dormir?
Sentí cómo después de un bufido se levantó de la cama, segundos más tarde el sonido del agua cayendo sincronizadamente sobre el mármol se hizo presente. Él había encendido la tina.
—Hace un frío de los mil y un demonios.
—El agua está perfectamente caliente, cariño — hubo una pausa mientras yo me envolvía entre las sábanas—, aunque si el agua no es suficiente, yo podría ayudarte con eso.
Esbocé una sonrisilla divertida que él no lograba ver, mordiendo mi labio inferior tan solo de imaginar las maneras en que eso podría suceder.
—No comprendo a qué te refieres, pero si puedes ayudarme, lo agradecería mucho.
Tan solo escuché una sonora carcajada proveniente de él. Esas que no eran muy recurrentes, pero que cuando aparecían, te contagiaban al instante.
La romántica mañana pasó rápido, después del candente baño termal y un desayuno en cama, bajamos al lobby para encontrarnos con mis padres.
—Esa es una sonrisa demasiado especial, Camile. ¿A qué se debe?
Oh, Leo siempre encontraba la manera correcta de hacerme sonrojar. Mamá lo notó, entonces le plantó un fuerte codazo en sus costillas, haciendo que de él brotara una graciosa mueca de dolor.
—¿Cuál es el plan de hoy?—preguntó ella misma con alegría.
—Un largo y cansado viaje en bicicleta.
—Vaya, niño, ponerlo así lo hace sonar extremadamente divertido. No puedo aguardar un segundo más.
Tan solo bufé al escuchar los comentarios de ese par de hombres. Aunque completamente opuestos, eran tal para cual.
Después un viaje en telecabina, por fin llegamos al sendero que nos pasearía por los hermosos valles y lagos del lugar.
—¿Te gusta?—preguntó Brian, deteniéndose a mi lado mientras observábamos la vista del lago y las inmensas montañas que lo adornaban.
—Es realmente increíble, muchas gracias por todo esto.
Un pesado suspiro salió de él, y entonces entendí que algo no estaba bien.
—¿Por qué fue eso?
Él negó tan solo, sin querer explicarse. Pero era Camile Ferrer, así es que no dejé de insistir hasta lograr fastidiarlo.
—No puedo dejar de pensar en lo de anoche, Camile. Eso no debió pasar.
—Si trato de olvidarlo, supongo que debes hacer lo mismo.
—No permitiré que algo así suceda de nuevo, lo prometo.
Y aunque me daba pavor el encontrarme con el sujeto que una noche antes me atacó, decidí confiar en Brian, en su promesa, en que estaría a salvo, y simplemente disfrutar del último maravilloso día que Zermatt me regalaba.
Continuamos el sendero, entre risas, admiración de paisajes, bromas, cansancio y más. Fue una experiencia completamente diferente a lo que conocía sobre el ciclismo, encantadora.
—¿Sigues odiando a papá en la misma escala o un poco menos?
—Bueno, debo admitir que me sorprendió su habilidad de desplazamiento sobre la nieve.
Reí ante su comentario y mordí la tarta de manzana que degustaba con ganas en ese momento.
—La verdad es que ambos me sorprendieron, no conocía este lado en ellos —confesé.
—Tu padre realmente está arrepentido de haberte dejado, lo sabes ¿no?
Asentí mientras lo observaba. Él y Brian hablaban sobre algo en el mecanismo de las bicicletas, a unos cuantos metros de nosotras.
—Lo supe desde su peculiar forma de decirme que estaba aquí—no pude evitar reír al recordarlo— y aunque realmente no siento mucho por él, la oportunidad se la merece. En poco tiempo ha demostrado mucho.
—El desgraciado ha sabido utilizar sus meses en California.
Eché mi cabeza hacia atrás con diversión.
— Tú también deberías darle una oportunidad, es decir, ya no es ese niño que nos dejó por un trabajo en África.
—Pues que tú digas, ha madurado mucho, como que no.
Reí nuevamente, pero esta vez tan fuerte, que atraje las miradas de ambos hombres.
— Tiene espíritu joven, no es pecado. Cuando debe comportarse a la altura, lo hace, y eso hay que aplaudírselo.
—Aun así, Camile, entre nosotros ya no habrá nada.
Sentenció y no decidí tocar más el tema. Era su decisión y yo apoyaría cualesquiera que tomara, así como ella últimamente lo hacía conmigo.
El último día en Zermatt concluyó de manera mágica al observar un pequeño show con luces pirotécnicas, la mejor despedida que pudo haber. Tomamos el tren esa misma noche y nos aventuramos a nuestro regreso.
•••
Glen nos esperaba en el aeropuerto, estaba deseosa por llegar a casa y descansar, pues al día siguiente el trabajo aguardaba por nosotros, y pensar en ello en verdad me causaba conflicto.
Necesitaba unas vacaciones de mis vacaciones.
Durante el camino jugaba con Brian, hablábamos sobre boberías y le platicaba a Glen lo magnífico que era todo en Suiza.
—Servida, Camile.
Glen detuvo el auto justo en la acera de mi hogar.
—Gracias por el raite, Glen.
Brian tan solo pudo poner sus ojos en blanco, pues siempre me despedía de la misma manera a pesar de que constantemente me advertía que "no era un raite".
Caminamos juntos hacia la entrada, pero al abrir la puerta de mi casa, escuché una gran revolución dentro. Por un momento mi mente intentó procesar lo que estaba sucediendo, ¿había algún ladrón? , ¿alguien la habitaba mientras me fui?
—¡¡Sorpresa!!
Los gritos retumbaron fuertemente sobre las paredes al verme atravesar la puerta. Sin embargo, casi a mi costado, Oscar se encontraba intentado acomodar el pastel en el lugar perfecto. No me esperaba llegar, al parecer nadie lo hacía aún, los tomé desprevenidos. El susto en mi pobre amigo al escuchar los gritos del resto fue tan grande, que dio un espeluznante brinco, haciendo que el pastel de medio metro de ancho, cayera por completo sobre mí.
Oh, por, Dios.
Rápidamente se escuchó un silencio abismal, a excepción de aquellos que no pudieron evitar inhalar aire con fuerza en claro asombro y terror.
Mi boca se mantenía gravemente abierta, y toda yo me encontraba repleta de betún y delicioso pan. Eso sí, hay que admitir, olía sensacional. Más que mi atuendo o mi rostro , me dolía en el alma que ese pobre pastel se hubiese desperdiciado de aquella manera.
Unas manos no tardaron en envolverle, dirigiéndome hacia la cocina y pronto, entre Tina y Chad, me limpiaban el betún con algunas grandes servilletas.
—Eres un imbécil—resopló Brian con molestia, y entonces me di cuenta de que él fue el que me condujo hasta la cocina.
—Demonios, Cami, lo siento tanto —escuché la pobre y arrepentida voz de mi amigo lamentarse.
Vamos, no estaba enojada. Tan solo de recordar su reacción, mi interior carcajeó, y no sólo mi interior, comencé a reírme con gran fuerza, haciendo que el resto me mirara como si fuese una desquiciada.
—Cielos, Oscar, hubieras visto tu cara de susto cuando todos gritaron "sorpresa"... oh, fue tan graciosa.
Reía y reía mientras Tina y Chad aún removían betún de mí.
—Me sorprendieron, realmente me han sorprendido —les dije a todos— y espero que haya otro pastel porque tengo hambre.
—Bueno, a mí me sorprende que tomes así de bien tu nuevo look —dijo Tina frente a mí, con una mueca que intentaba transformarse en sonrisa burlona.
Ya que el desastre en mí cedió, pude ver con claridad. Había globos por todas partes, serpentinas, algunos obsequios y un enorme cartel que decía "Feliz Cumpleaños Cami".
—Gracias, chicos.
El cansancio desapareció como por arte de magia. En mi estancia se encontraban Tina, Chad, Oscar y Fran, una vieja y muy querida amiga de Tina, además de Brian, por supuesto. Juntos pasamos un tiempo divertido, algunas bebidas, botanas, pizza y el nuevo pastel que mi querido novio consiguió.
—Este no lo estampes en su cara, por favor—pidió Chad mientras servía las rebanadas de pastel, viendo por sobre el rabillo de su ojo a Oscar.
—¿Cuántas veces más tendré que decir que lo lamento?—soltó, despeinando sus oscuros cabellos.
—Hasta que deje de molestarme el pensar en ello—dijo Brian con seriedad antes de darle un trago a su bebida.
No pude evitar poner mis ojos en blanco antes de sonreír.
— Si a mí no me molesta, que fui la del pastelazo, creo que menos debiera molestarte a ti.
—Gracias Cami, por eso te amo.
Mi novio tan solo bufó, en verdad detestaba escuchar cómo Oscar me expresaba cariño. Simplemente, no lo quería.
—¿Y cómo les fue en Zermatt?—cuestionó Tina.
—Maravilloso, es un lugar hermoso —me apresuré a responder para justo después, morder una de las ricas frituras.
—¿Los suizos son guapos?—soltó, sin importarle estar por un lado de Chad y Brian.
Ambos le miraron con fastidio. Oscar tan solo se echó a reír.
—Y esas son sus charlas de siempre, sólo les advierto—se encogió de hombros mi para nada simpático amigo.
—Eso no es verdad —aclaré.
Brian postró su severa mirada sobre Fran, y alzando una de sus cejas la interrogó.
—Tú debes de saber, ¿es verdad eso?
Las mejillas de Fran cobraron color al instante, y alternó la vista entre nosotras.
— No, jamás.
Pero claramente se hizo notorio el sarcasmo en su voz, y sólo pude querer acabar con el absurdo tema.
—¡Chad! Quiero una rebanada doble de pastel.
—A la cumpleañera lo que ordene.
—No digas eso o terminarás haciéndole un facial —la burlona voz de Brian se escuchó, al parecer, ya había tomado algunas copas, pues su reservada forma de ser, estaba dejando de ser reservada.
—Deberías abrir los regalos, Cami.
Al escuchar la idea de Oscar, Tina se levantó del sofá como si tuviera un resorte incrustado y negó.
—No, no, ya es tarde y de seguro ambos vienen muy cansados.
—Yo creo que es buena idea, te encantará lo que te traje —Dijo Chad, dando una mordida a su rebanada de pastel—Uh, es delicioso esto, Brian.
Decidí que abrir los regalos sería una buena despedida, mientras ellos disfrutaban del pastel, tomé el obsequio de Oscar.
—Bravo por esa envoltura ecológica, eres un gran genio —se burló Chad.
El regalo estaba envuelto en periódico atado con cinta, y una linda dedicación a plumón permanente.
—Hay que cuidar el planeta, Chaddy. Es nuestra madre tierra.
Hice trizas el papel, para encontrarme con cinco pares de calcetines en forma de sushi. No pude evitar reír.
—¿Cómo es que todos piensan que soy una loca por la comida?
—Porque lo eres, cariño.
—Sí, amiga. Todos lo sabemos—agregó Tina.
Chad me regaló un lindo juego de aretes Swarovski que agradecí bastante, el regalo de Fran era un delicioso perfume, pero Tina...
—¿Y si el mío lo abres después?
—Realmente tengo curiosidad de saber qué es.
—Mira, Brian... —Respondió mi amiga mordiendo el interior de su mejilla— lo que menos quieres es que ese regalo sea visto por este par.
Terminó apuntando sin discreción a Oscar y Chad, dándome una gran pista de lo que podría ser.
Sonreí maliciosa.
—Lo abriré.
—Como quieras, testaruda.
Ella se dejó caer derrotada sobre el sofá y de la bolsa de regalo saqué un lindo, erótico y sensual juego de lencería en encaje color vino.
Sujetador, ligas, panti. Pero lo más importante, una pequeña nota:
Por si al estúpido de Brian no se le prende el foco.
¡Feliz Cumpleaños, picarona!
Todos parecieron tomarlo con gracia, por supuesto, a excepción de mi querido novio cascarrabias. Cogió el set y lo guardó de vuelta en su caja al instante.
—Dejen de imaginarlo—le advirtió a los muchachos, haciendo que más risas estallaran en la estancia.
—Yo te dije—dijo Tina, eximiéndose de toda culpa.
La celebración terminó no muy tarde, pues ellos solo querían que mi cumpleaños no pasara desapercibido entre nosotros, y esa noche, mi piloto decidió dormir en casa conmigo.
—Tu amiga es desagradable —masculló, mirando hacia el techo mientras yo me deshacía del maquillaje en mi rostro dentro del baño — Esa clase de regalos solo debiera dártelos yo, y ocupo que se lo dejes claro.
No pude evitar reír.
—Sí, mi capitán.
Salí del baño algunos minutos más tarde, usando aquel hermoso y sensual set que me acababan de obsequiar. Recosté mi cuerpo sobre el marco de la puerta, deslizando uno de mis brazos por él hacia lo alto.
¿En verdad te molesta?
Brian aún miraba el techo. Al escuchar mi voz, periódicamente sus ojos en mi dirección, levantándose de inmediato. Ahora se sienta sentado sobre la cama, admirándome de pies a cabeza.
—Se lo perdonaré esta vez.