EL PILOTO

1718 Palabras
CAPÍTULO 3 CAMILE El trabajo me hacía entrar en una burbuja automática. Era otro mundo, era otra realidad. Comencé a conocer a Brian Mouque al cumplir justo las dos semanas trabajando con él en su equipo. Pero comenzaba un problema, pues cada día que pasaba, su presencia me hacía sentir más y más nerviosa. Era como si tuviera un cruel hechizo sobre mí. ─Buenos días, Camile ─Saludó como cada mañana, con elegancia. ─Buenos días. ─Guardé rápidamente el burrito que comía en ese momento y sonreí. ─Puedes seguir comiendo ─Aclaró con mesura, señalando con la mirada mi aperitivo. Ups. Tan sólo coloreé mis mejillas carmesí y sonreí de nuevo. ─ Gracias, que considerado. Comía la delicia de burrito que me detuve a comprar en un restaurante mexicano esa mañana. Él acomodaba infinidad de papeleo que debía entregar a coordinación. Nos encontrábamos aproximadamente a un metro de distancia; Observaba cómo movía cada una de sus hojas, hasta que mi concentración se vio interrumpida por una mujer que fácilmente pecaba de sensual. Interrumpió la escena, mi escena. ─Buenos días. ─Su erótica voz atrajo a medio aeropuerto. ─Hey... ─Soltó Brian, y mostró una emocionante sonrisa en el rostro. ¿Cuándo él sonreía? Creo que era la primera vez que lo veía hacerlo. Y así, ambos desaparecieron entre los mostradores y las oficinas. Genial, ¿Cómo no lo vi venir? Tan solo me restó poner los ojos en blanco. Tina ya lo había descrito con aquellas palabras exactas: "Es un rompe corazones". Y ultimadamente, ¿A mí qué demonios me importaba? Regresó media hora después, pulcro y perfecto. Su mirada se enfocó en mi ahora licuado de avena con frutos rojos. Era en verdad delicioso. Y solo para aclarar, el licuado. ─¿Te gusta comer? ─Preguntó quince minutos más tarde, rompiendo el silencio que se había generado entre nosotros. Después de mi licuado, comí una manzana y una barra proteica de chocolate. ─Intento satisfacer mi estómago. La comida del avión es muy cara ─aclaré, sin dirigirle la mirada. De esta manera, evitaba sonar torpe y nerviosa. Para todo hay mañas. Soltó una corta risa burlona. ─ Sí, la mayoría de los pasajeros piensan lo mismo, pero para el equipo es gratis ─aclaró, dejando en ridículo mi respuesta anterior. Aquel día, regresamos a casa a las ocho de la tarde. Cansada, salí a la espera de Sean, quien llegó tan sólo cuarenta minutos después, un gran récord. Cuando estaba por subir al auto, vi cómo Brian abría la puerta de un lujoso deportivo del año, invitando a una hermosa mujer a entrar. Ella era parecida a aquella con la que tuvo una pequeña aventura esa misma mañana, sin embargo, no era la misma. ─¿Qué estás viendo? ─Cuestionó Sean. ─Mm, nada. En la jornada siguiente, sólo tendríamos un corto vuelo. Ansiosa, subí al aún vacío avión. O por lo menos, eso llegué a creer. ─Iremos a cenar esta noche ─escuché, era la inconfundible voz de mi piloto. Se encontraba en la cabina─ Glen pasará por ti a las ocho. No, no puedes quedarte en mi casa. Sabes que no. ─Dicho esto, ya no escuché más. Probablemente la llamada terminó. Pude darme cuenta hasta con los ojos cerrados, de que Brian Mouque era dueño de muchas mujeres bellas. Cada día se podía ver con alguien diferente. Los rumores eran ciertos, era todo un casanova, pero, vamos, ¿A ese hombre quién se le resistiría? Cada mujer que pasaba a su lado podía quitarse fácilmente la ropa, sin importar el lugar donde estuviera. Ese era la clase de efecto que el piloto tenía sobre muchas. No me incluyo. No aún. Acomodaba los cinturones de seguridad. Melissa y Oscar acababan de subir al avión, y nos divertíamos un poco haciendo torpes chistes en alta voz. Reíamos, hasta que una voluminosa joven mujer, de cabello largo y perfectamente teñido, apareció en nuestro campo visual. Desesperada entró al avión. ─Disculpa, ¿cómo subiste? No está permitido que civiles...─Comenzó a decir Oscar, pero la chica lo interrumpió. ─¿Dónde está Brian? ─Parecía realmente molesta. ─Lo siento, no puedes estar aquí... ─aclaré, siendo yo la que se encontraba más cerca de ella, pero aún sin terminar de hablar, lo que recibí a cambio fue una bofetada de su parte. Mi rostro terminó mirando hacía la cabina, donde pude ver claramente cómo Brian recién salía, logrando presenciar lo que sucedió. Su ceño se frunció instantáneamente y no dudó en colocarse frente a mí. ─¿Te encuentras bien? ─Preguntó atento, sosteniendo mi brazo en un suave movimiento y observando cada parte de mi mejilla, que podría jurar, mantenía un color rojizo. ─Sí, yo... ─Intenté responder, pero aún me encontraba confundida por el hecho. ─¡¿Por qué has ignorado mis llamadas?! ─recriminó la rubia. Frente a mí, a tan sólo centímetros de distancia, Brian cerró sus ojos suavemente e inhalo gran cantidad de aire. Quizá estaba a punto de responder algo, pero dos guardias de seguridad aparecieron, deshaciéndose de la chica en cuestión de segundos. ─No puedo creer que la seguridad sea tan incompetente ─musitó Brian, entrando nuevamente a la cabina. Su mal humor penetró cada centímetro del avión. ─¿Qué fue eso? ─Melissa estaba en shock por la escena recién presenciada. ─Una loca que se infiltró al vuelo 789 ─dijo Oscar, queriendo burlarse un poco de la situación─ ¿Estás bien? ─Me preguntó. ─Si, sólo... fue una pequeña bofetada. Llegamos a casa a las cinco y media por la tarde. Deseosa de ir descansar por fin, salí a esperar a Sean. ─¿Quién es la persona que viene por ti? ─Escuché la voz de Mouque a tan solo un par de metros, sin permitirme responder─ ¿Me dejas llevarte? Es lo menos que puedo hacer por la escena que pasaste esta mañana, en verdad lo lamento. ─Tú no hiciste nada, fue ella ─Aclaré. ─¿Aceptas que te lleve?─Insistió. ─Quizá en otra ocasión, gracias ─Respondí amablemente. ─Bien, disfruta tu tarde libre. ─Gracias, tú también. Sí, él no era un hombre que rogara mucho. BRIAN Llegué a casa después de un cansado día de trabajo, pero mi mente se invadió de Keyla justo cuando abrí mi puerta. Había infinitas notas de odio debajo de ella. ¿Qué acaso la seguridad del día de hoy se había esfumado mágicamente? Primero en el avión y ahora en casa. Lo peor era que afectaba a terceros, y con terceros es de referirse a lo impecable de mi hogar, y a la pobre niña Camile. Necesitaba una pequeña salida de la realidad. Sacudí la cabeza para despejar aquellos hórridos pensamientos y me dirigí al bar que tenía por un lado del comedor, sirviéndome un poco de Whisky. Tomé asiento en el sofá para poder por fin relajarme, tratando de poner mi mente en blanco; hacía ya tiempo que no lo practicaba, pero justo en ese momento, recordé que tenía una cena con Thalia. Abrí mis ojos a tope y mi tranquilidad se esfumó. Tomé una ducha y quedé listo para mi cita. ─Glen, ¿Ya fuiste por Thalia? ─Pregunté por teléfono. ─Estoy afuera de su casa, Brian. No tarda en salir ─respondió. ─Bien, apenas saldré para el restaurant. Tómate todo el tiempo del mundo. La cena fue apetitosa, pero nada fuera de lo común. Thalia era agradable, y bastante ignorante para mi gusto. Después de disfrutar una sensual noche a su lado, Glen la llevó a casa. Jamás aceptaba que se quedaran en la mía como si fuese un hotel. El despertador sonó, activando mi sistema. Era hora de ir a trabajar. Llegué al aeropuerto más temprano de lo que solía acostumbrar para encontrarme solo con una persona de mi equipo, por supuesto, Camile. ─Llegas temprano y te vas tarde, ¿Tanto te gusta tu trabajo? ─Pregunté con seriedad, pero por dentro la burla era grande. Escuché su corto suspiro─ De hecho sí, me gusta mucho ─respondió. Me parecía rara en verdad. Estaba concentrado en mis asuntos, pero por algún extraño motivo, mis ojos pedían a gritos mirar a Camile, cada instante. Bastante confuso... ¿Qué tenía de emocionante ver a alguien que se la pasaba comiendo y checando su móvil? Tan sólo decidí ignorarlo. Esa misma noche, llegué a casa deseoso de derrumbarme sobre la cama sin saber más del mundo, últimamente parecía abrumado por algo. Pero al entrar a la habitación, mi vista se topó con Keyla, quien se encontraba plácida y sensual sobre mi cama. ─¿Qué haces en mi cuarto? ─Cuestioné con desagrado, bastante irritado. ─Sólo quiero que tú y yo...─Comenzó a decir, pero la interrumpí sin permitirle articular una nueva palabra. ─Si no te sales tú, te sacaré yo ─advertí. Estaba cansado, y lo menos que quería era a una loca en mi cama. ─Pero, ¡Bry! ─Chilló. Sujeté el puente de mi nariz, implorando paciencia a los altos mandos. ─ Por favor, Keyla. ─Sólo quiero... ─Sólo quiero dormir ─aclaré─. Vete de mi casa... ─Y justo en ese momento, reaccioné─ ¿Cómo demonios entraste a mi casa? ─Mis ojos mostraron asombro, incredulidad y coraje. Ella sonrió un poco. ─ Glen olvidó sus llaves. Negué molesto, incrédulo. ─ Estás desquiciada, Keyla. Largo ahora mismo, si no quieres que llame a la policía y te denuncie por allanamiento a propiedad ajena ─La amenacé. Ella frunció el ceño. ─ No entiendo por qué me evitas, si pasamos noches increíbles. ─Fuera de aquí. Varios intentos después, logré que se fuera. ¿Por qué no podía ser como las demás? Una cena, una noche juntos y si no les llamaba de nuevo, entendían. ¿Era tan difícil tener dignidad? Definitivamente me había equivocado con Keyla, y ni su gran figura lo compensaba. Me irritaba el hecho de saber su nombre. ─Puedes demandarla ─sugirió Glen. ─¿Por cuál motivo? No puedo hacer eso ─solté cansado, dejándome caer sobre el sofá. ─Dile que tienes novia. ─No quiero que nadie piense eso ─aclaré. ─ ¿Ni Keyla? ─Levantó una de sus pronunciadas cejas. ─Sólo quiero que me deje en paz. Estoy harto de ella y sus escenas. ─Habla con sus padres. ─Ni siquiera sé en dónde vive, Glen. Por favor, no digas ridiculeces. ─Sólo intento ayudarte ─Sus manos se levantaron en son de paz. ─Pues no lo haces bien. Descansar era mi única opción libre, pues el siguiente día sería largo, pesado y cansado. ─Dicen que habrá mal tiempo ─Comentó Chad. ─Sí, mi celular me lo notificó esta mañana ─ Ambos entramos al avión, los sobrecargo ya estaban ahí─ Buenos días─ Saludé como de costumbre y entré a la cabina sin dirigirles más la mirada. ─Hey... ─Me llamó Chad, acompañado de una amplia y pícara sonrisa─ Camile es linda, ¿no? Tan sólo le miré con cierto desagrado. ─ Por favor, Chad. ─¿Qué? Hablo en serio, no me digas que no te lo parece ─Yo sólo puse mis ojos en blanco─ Oh, lo lamento, olvidé por un momento que tú tienes a tus modelos de revistas. ─Cállate. En realidad, Camile era linda. Su rostro transmitía ternura e inocencia. Definitivamente no era el tipo de mujer que me gustaba, pero... Sí que era linda.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR