GRACIAS

664 Palabras
CAPÍTULO 4 BRIAN Era un día  simple, como cualquier otro. La ronda de vuelos terminó a las once de la noche, y en cuanto Bettany terminó su aburrida charla, salí del aeropuerto. Era casi la una de la mañana, y afuera se asomaba un frío infernal. Mi camino se interrumpió, de nuevo vi a Camile ahí, parada, tan sólo esperando mientras observaba con desespero hacia la casi desolada carretera. Sentí lástima por ella. ─Lo siento, pero esta vez no te dejaré aquí ─advertí de manera seria y cortante, como solía serlo con la mayoría de las personas─. Está helando y lloviendo, pescaras un resfriado. ─Hasta para eso soy mala ─soltó en medio de un suspiro, se veía decaída. ─Vamos, anda ─Indiqué con la cabeza el camino. Lentamente y sin muchos ánimos, me siguió. Abrí la puerta del auto, y dudosamente entró. Era un camino silencioso. ─Y bien, ¿Por qué jamás habías aceptado que te llevara? ─Pregunté, centrando la mirada en el camino. ─Tengo quién vaya por mí ─aclaró. ─Ajá. Sí ─respondí con un toque de sarcasmo. Realmente a eso no se le podría dar ese nombre. ─De verdad, es sólo que...─Hizo una pequeña pausa. ─Dime, te escucho.─ Esbocé una ligera sonrisa. Ella suspiró con cansancio, o quizá pesadez. ─ ¿Sabes?, muchas personas no tienen todo el tiempo del mundo. ─Ya veo. Hubo un momento de silencio, pero debo admitir, no me terminaba de agradar esa idea. ─Y, dime... ─No te gusta el silencio, ¿cierto? ─Cuestionó como si leyera mi mente. ─Si me gusta, pero no me gusta estar callado cuando alguien viene a mi lado y tengo la oportunidad de hablar ─aclaré. ─Está bien, ¿Qué ibas a preguntar? ─¿Qué camino debo tomar? ─Oh. Sigue, aún falta ─dijo apenada, era curioso cómo sus mejillas ligeramente ruborizadas combinaban a la perfección con su uniforme. Llegamos a su casa, estaba a punto de bajar para abrir su puerta, pero me detuvo. ─Puedo hacerlo, no te molestes. ─Sonrió─ En serio, gracias por traerme. ─No te preocupes. Cuando lo necesites. ─Gracias a ti no pescaré un resfriado. ─Rió un poco─ Nos vemos mañana, Mouque. ─Brian ─ pedí. ─Brian .─Sonrió, bajó del auto, se despidió haciendo señas con sus manos y entró a casa. Permanecí un momento admirando la puerta de su hogar, hasta que volví a la realidad al agitar un poco mi cabeza, y comencé a manejar en dirección a mi acogedor hogar, para por fin descansar después de este tan largo día. CAMILE Entré a casa echando lumbre. Bipolar, ¿heh? Me quedaba corto. ─¡¡Son casi las dos de la mañana, Sean!! ─reclamé, bastante enojada, triste y decepcionada. ─Lo siento, ¿Sí?─respondió, sin interés alguno. ─Siempre lo lamentas, ¿Es acaso lo único que puedes decir? ─Tranquila cariño, no pasa nada. Ya estás aquí... ─Interrumpí su torpe habladuría. ─¡Y no fue gracias a ti! ─Camile, ya basta. Deja de gritar, pareces una loca ─dicho esto, centró su atención en la programación televisiva. ─Esto no puede seguir así, Sean ─reclamé cansada. Él rio sin gracia alguna, amargo y despiadado. ─ ¿De qué hablas, Camile?, mejor ve a dormir que como siempre, debes madrugar. Entré a la habitación, y azoté la puerta. Me coloqué la pijama y me recosté sobre la cama. Mi enojo era gigantesco. Poco después, sentí cómo entraba a la habitación, se recostó a mi lado y me rodeó con aquellos fuertes y trabajados brazos que poseía. ─¿Qué te parece sí tú y yo...? ─Lo interrumpí. ─Suéltame, o vete a la sala a dormir ─Dije entre dientes. ─¿Qué? ─Que te alejes de mí, o te vayas a dormir al sofá ─Solté, acomodándome de nueva cuenta sobre la cama. ─¿Es en serio, Camile? ─Se sentó inmediatamente, compartiendo el sentimiento de irritabilidad. Lo ignoré. Él prefirió ir a dormir a la sala. Me sentía mal, pero las cosas no podían seguir así, ya era el colmo, habíamos rebasado el maldito límite y de alguna manera él debía entenderlo. Jamás había hecho esto, y quizá ese era el motivo por el cual, Sean ya no me valoraba. Sabía que siempre estaba para él, a todo momento, a toda hora, para cualquier cosa. Si me enojaba, pronto lo olvidaba. ¿Y cuál es el caso entonces? No me gustaba la distancia entre nosotros, pero apenas estaba comprendiendo, que quizá ya era necesario.
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