SERIEDAD

2215 Palabras
CAPITULO 5 CAMILE El vuelo del día partió justo a las siete de la mañana, llegando a Nueva York y de regreso a casa, a las seis de la tarde. Mi humor seguía decaído para ese momento, por la situación que compartía con Sean en mi vida personal, como últimamente solía hacerlo. Comenzaba a ser difícil lograr disimularlo ante los demás, y eso me molestaba. ─Dime, ¿qué es lo que te sucede? ─Escuché la seria y recatada voz de Mouque. Tan típico de él. ─Nada, ¿por qué? ─Porque... generalmente llevas una sonrisa a todas partes, y hoy no ha sido así. Tampoco has comido mucho, y eso sí que me parece un gran problema ─aclaró─ ¿Qué es lo que te sucede? ─Repitió. ─No tuve una buena noche ─dije con el nerviosismo que me cargaba al hablar con él. Era la única persona que me lograba poner de aquella manera─. Sólo eso. ─Bien, ¿Te puedo compartir un consejo? ─Preguntó y observó cómo asentí─ No dejes que las pequeñas cosas opaquen tu vida. Creo que eres una persona muy alegre, y deberías mantenerlo así. Se fue. ¿Siempre debía ser tan serio? Justo acababa de hacer un cumplido que me hizo sonrojar, y aun así, su seriedad lo único que causó para mis adentros, fue miedo. Suspiré. Él tenía razón, por más que lo amara, Sean no merecía que yo estuviese así, al menos no por lo que hacía últimamente. Sin embargo, esa noche mi novio ni siquiera me dirigió la mirada, y de nuevo durmió en la sala. Mi ánimo se mantuvo igual, o quizá peor de lo que había estado. Yo no había hecho mal las cosas. ¿Por qué era él ahora el indignado? Todo era tan injusto, y al mismo tiempo tan doloroso. ─¿Qué te sucede? ─Preguntó ahora Tina, y es que, definitivamente lo lograba esconderlo. ─¿Tan obvia soy? ─Mi preocupación se asomó. ─Bastante, así que cuéntamelo todo ─pidió, tomando un sorbo de su café. Suspiré. Sólo suspiros últimamente. ─ Sean y yo hemos discutido. ─Eso es algo normal en las parejas ─aclaró Tina─ ¿Por qué discutieron? ─Por sus irresponsabilidades. Ella sonrió un poco. ─ Típico de los hombres. Déjalo, ya se le pasará. ─Me apuntó─Y tú, sonríe. Lo hice, sonreí. Aunque por dentro el calvario continuaba siendo el mismo. Al cabo de unos minutos, cada quien se dirigió a su respectivo vuelo. Nuestra ruta Vegas y Dallas, para después regresar a casa se repetiría. ─¿De nuevo mala noche? ─Preguntó Brian cuando llegamos a Dallas. Se colocó por un lado de mí en posición de descanso, sin dirigirme la mirada. ─Ah, yo... ─El nerviosismo de su presencia me encarcelaba, pero esta vez concentré la mirada en él. ─¿No hiciste caso a mi consejo?─Interrumpió mi respuesta, aun mirando hacia el frente. ─Bueno... ─Hazme caso, niña─ dicho esto, a paso pronunciado, se fue. Llegamos a Los Ángeles. Esta vez no quise saber nada sobre nadie. Tomé mis pertenencias y me dirigí a la entrada sin descanso alguno, para esperar a Sean por un largo tiempo. Sólo quería irme, llegar a casa y tenderme sobre la cama, olvidarme de todo en el país de los sueños y la melancolía. ─¿Gustas que te lleve? ─Insistió Brian. Lo miré un momento, mi rostro no mostraba expresión alguna. ─¿Sabes qué? ─Apreté mis labios unos segundos─ .Sí, sí quiero. Esbozó una media sonrisa y sacudió su cabeza, indicándome el camino. Abrió mi puerta y nos encaminamos a casa. El ambiente en el auto era cálido gracias a la música que llevaba sonando. ─¿Se puede saber a quién no esperaste hoy? ─Cuestionó, centrando completamente su atención en el camino. ─Sean, su nombre es Sean. ─¿Y él es tu hermano, novio, esposo, papá, amante, chófer...? Reí un poco. ─ ¿Por qué aparentas ser tan serio cuando en realidad, no eres así? ─La curiosidad me invadió. ─Soy serio ─aclaró─, sólo intento hacerte pasar un buen rato. Aunque no creo saber hacerlo muy bien ─Terminó torciendo el gesto. ─ Y, ¿dices eso porque...? ─Porque tu sonrisa de siempre sigue sin aparecer. Mis mejillas se tornaron rojas al instante, lo sé. Qué vergüenza. ─Dices que aparento ser serio, y que no lo soy. ¿Sabes lo que pienso yo? ─Me miró sin expresión alguna un segundo, yo asentí ─Creo que tú no eres sería, pero conmigo sí lo eres. ¿Puedo preguntar por qué? Un trago amargo atravesó mi garganta. ─Creo que soy así con todos. Levantó una de sus cejas, no dijo nada. Fue en ese momento, cuando el auto aparcó en la acerca de mi casa. ─ Me saludas a Sean. Sonreí por lo bajo y respondí con debilidad. ─Claro. De nuevo, muchas gracias. Te debo dos grandes favores. ─No los olvidaré ─Aclaró y soltó un guiño; claro, su semblante serio no podría faltar, aunque pareciera imposible. Entré a casa. ─¿Qué haces aquí? ─Preguntó Sean de golpe, terminando la llamada en su móvil ─ ¿Cómo llegaste? de nuevo. ─Un compañero me trajo ─solté sin importancia, mientras me dirigía a la cocina para tomar algo de la nevera. Una nueva discusión dio inicio, pero esta vez, las cosas aumentaron de nivel. Él parecía un desquiciado, sus gritos se escuchaban por todo el vecindario, pero no le importaba. Él sólo quería desahogarse. ─¡¿Qué te he hecho?! ─Grité mientras las lágrimas caían sobre mis mejillas─ He estado para ti, siempre. ¿Por qué me tratas así? Él negó. ─ Las cosas entre nosotros son muy diferentes. ─¿Por qué?, ¡¿por qué?, ¿qué es lo que ha cambiado? Solíamos amarnos y demostrarlo... ─Me abracé a mí misma mientras lo miraba con melancolía ─.Ya no me amas, ¿cierto? ─No sé qué mierda siento, Camile. Todo esto está tan jodido, que no sé qué es lo que siento. Un portazo apareció. Él se fue. Esa noche, se fue y sólo Dios supo a dónde. Una semana pasó como agua entre las manos, pero las cosas entre Sean y yo no podían volverse peores; cada noche discutíamos fuertemente, pero intentaba ignorarle, al menos durante la jornada de trabajo. Mis ánimos se encontraban más allá de los suelos. Nuestra historia se remontaba a siete años atrás. Siempre había gustado de él, y por fin después de tanto, las cosas se dieron entre nosotros. Mis sentimientos por él eran grandes, había pasado casi una década a su lado, siempre juntos. La idea de perderlo simplemente me aterraba. Sin él, ¿Cómo sería? Había una gran dependencia de mi parte hacia él. Eso me temía, estábamos pasando por el peor momento en nuestra relación, ya no era lo mismo.... parecíamos estar llegando al final, y mi corazón no podía sentirse más miserable. La ronda de trabajo terminó, y de nuevo Sean estaba retrasado. Ya habían pasado cincuenta minutos y yo me congelaba tal cual paleta de hielo en la entrada del aeropuerto. Llegó, pero esta vez bajó del auto. Su porte se veía más extraño de lo habitual. Caminó hacia mí con firmeza, sus brazos se movían a sus lados como si fuese el rey del mundo, pero su mirada... Estaba llena se soberbia. — Es todo. —¿Qué? —Pregunté, mis cejas se juntaron y un gran signo de interrogación se enmarcó sobre mi frente. —Ya estoy harto Camile , no lo voy a soportar más —soltó. — ...¿De qué hablas?— Cuestioné, aún ahogada en confusión. —De ti y de mí, el nosotros. Ya no lo quiero más. Ha sido bastante —aclaró. Mis ojos se abrieron al instante hasta el tope. —¿Qué? —Pronuncié con debilidad en la voz─. Sean, estamos en el aeropuerto... —Terminamos. Lo dijo así, crudo y cruel. Sin pensar en lo que significaba, sin importarle un carajo mi sentir o en dónde nos encontrábamos. Fue directo, sin pausas ni desvelos. Fue el más grande idiota, ese que todos odian, ese que últimamente, se había empeñado en sacar a la luz. —Esto es una broma, ¿cierto? ...Sean, dime que es una broma─ exigí entre dientes, mostrando molestia ante su imprudencia. Él comenzó a negar sin piedad, encogiéndose de hombros. —¡Basta de tus bromas! —Exclamé en secreto, mientras los nervios comenzaban a apoderarse de mí. Esto parecía ser real. — No esta vez — dijo sin mostrar expresión alguna en su frío rostro. —No puedes hacerme esto.— Negué repetidas veces─ Mucho menos aquí. — Ya lo hice. —Dio una media vuelta, pero al instante regresó— Y... consigue un taxi. Quedé atónita un par de segundos, tan solo petrificada. ¿A caso estaba soñando?, ¿qué era esto? Incluso sentí cómo todo mi alrededor dio vueltas, las cosas no se veían claras y el oxígeno comenzó a ser difícil de obtener. —¡Sean!—Lo llamé, pidiendo a gritos internos una explicación. —Ya no quiero estar contigo ─articuló sin piedad. —¿Cómo te atreves a hacer esto aquí? —Cuestioné mientras mi sangre hervía, pero al mismo tiempo, comenzando a sentir gran dolor en el corazón. Mis ojos ardían. Las lágrimas no tardaban en salir. —Que tengas linda noche —soltó, y comenzó a caminar. —Sean, no te vayas —pedí. Ahora sí, las lágrimas se apoderaban de mis mejillas. —Lo haré, Camile. No te molestes en pedir que no lo haga. Comencé a rogarle como una tonta adolescente. No quería que se marchara. La mujer más estúpida en el mundo se quedaba corta ante mí, he de admitir. Pero hubo algo que tornó peor la situación, y es que, aunque no lo supe en aquel momento, Brian Mouque observaba cada instante de ese "discreto" teatro. —Estoy harto de esta relación, no es lo que quiero. No te necesito más, Camile. Entiéndelo. —Vete al carajo entonces —musité, ahora con coraje. Él solamente sonrió. Yo permanecí parada, observándolo. No tenía nada más qué decir. —Adiós─ pronunció. Mis lágrimas volvieron a aparecer en cuanto esas frías palabras salieron de él. Lo tomé del brazo, para comenzar una ridícula pérdida de dignidad. — ¡No te vayas, Sean!, ¡No lo hagas, por favor! ─pedía lo más discreto posible, intentando que el resto de las personas ahí presentes lo ignoraran. Se soltó de mí con brusquedad. —Suéltame, Camile —dijo con desagrado, como si mi persona le diese asco. —No me hagas esto... —pedí con el corazón hecho añicos sobre las manos. Quise acercarme, pero él sólo empujó mi cuerpo hacia atrás, haciendo que tomáramos distancia de casi un metro—Sean, por favor... —Quise acercarme de nuevo, pero esta vez una amenaza salió de él haciendo que mi visión cambiase, un miedo recorrió cada parte de mi cuerpo. Parecía que estaba a punto de golpearme. Quedé helada, pensando en si podría llegar a ser capaz de aquella atrocidad. Para mi suerte, no tuve que averiguarlo. Alguien se interpuso entre nosotros. —La tocas y te destrozaré la cara, imbécil —advirtió Brian Mouque con coraje en la voz. Se colocó entre ambos, haciéndome sentir protegida cuando mi mundo estaba ya hecho trizas. Sean rió sin gracia, observando al piloto de pies a cabeza. — ¿Y quién eres tú?, ¿el bastardo con el que se acuesta? Mis lágrimas tan sólo abundaban, estaba deshecha, molesta, decepcionada y pisoteada gracias a ese patán. —Seré el que te mande al hospital si te atreves a acercarte de nuevo a ella —respondió Brian. —Claro ─soltó Sean, incrédulo. No sucedió mucho después de aquella vergonzosa y horrible escena. Sean se fue, Brian detuvo un taxi, lo pagó y yo subí a él hasta que me llevó a casa. No supe más nada esa noche. Me desvanecí sobre mi cama y fingí que nada de aquello había sucedido. Mi vida parecía un asco. Desperté con pocos ánimos y me dirigí al aeropuerto en cuanto la luz del sol apareció sobre mi ventana. Para mi suerte, no era un día para madrugar con desproporción. Hice mi rutina diaria como si fuese un zombi, pensando tan solo que debía ser un sueño... una pesadilla. Pero no. Todo había sido jodidamente cierto. Sean ya no estaba más en mi vida, y yo debía hacerme a la idea. Debía ser fuerte, debía quererme y toda esa sarta de verdades que las personas te obligan a seguir para mejorar y enfrentar el duelo de la mejor manera, cuando... Te sientes peor que una mierda. Tomé asiento mientras esperaba poder abordar el avión y comenzar mi tan amado trabajo. Fueron sólo quince minutos los que pasaron, hasta que Brian Mouque tomó asiento a mi lado; sentí su calor, inhalé su fresco y varonil aroma. Él miraba hacia el frente, y yo con la cara llena de vergüenza, lo miraba a él. ─¿Cómo estás? ─cuestionó. ─Bien, creo ─respondí sin los ánimos usuales. ─¿En verdad estabas enamorada de ese sujeto? ─preguntó fríamente, observando algo que no sabría decir con exactitud lo que era. ─Lo estoy ─solté, casi inaudible. ─¿Puedo decirte algo y no te ofendes? Le miré y pasé un trago amargo por mi garganta, esperando un par de crueles palabras de su parte. ─Eres una mujer bastante ingenua, y tonta. ─No creo que alguna vez hayas pasado por esto ─respondí con la mirada baja. ─Quizá no, pero no requiero de eso para percatarme de que en verdad, no tienes amor por ti misma. ─No necesito que un extraño venga y me diga... ─Traté de defenderme, pero él me interrumpió. ─Mi intención no es ofenderte, Camile. Sólo expreso lo que pienso, de acuerdo a lo que vi. De él es de quien debes defenderte, no de mí. ─No me interesa tu opinión —murmuré, en mi interior, tristemente. ─Debería importarte. Deberías valorarte. ─Se levantó, adoptando aquel porte tan característico y formal que poseía─ El hecho de que una bella mujer, le ruegue de esa manera a un patán, sólo hace evidente que carece de ... inteligencia. Una mirada llena de coraje viajó hacia él, especialmente porque que sabía que tenía razón. Aunque eso no le daba derecho. No era mi mejor momento, y mucho menos era agradable escuchar aquello en voz alta. ─Sí, a mí también me da coraje que seas así .─Terminó, como si pudiera leer mis pensamientos. Dicho esto, él desapareció. Sus palabras me molestaron, pero estaban llenas de verdad. Fui una tonta al enamorarme tan perdidamente de Sean y aguantar todas aquellas horrorosas situaciones que me hizo pasar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR