Puedo sentir las asquerosas manos de Iván transitar mi desnudo cuerpo. Babosea con salvajismo mis pezones dejando marcas rojizas. Trato de no llorar. Me siento usado y repulsivo. Una de sus manos toma mi m*****o flácido. Gruñe de rabia cuando nota que no ha emitido placer en mí; lo único que ha causado en mi es asco. Tengo ganas de vomitar, no he ingerido ningún alimento y mi garganta esta reseca, pues tampoco he tomado agua u otra cosa. Supongo que van dos días mi bebé llora porque tiene hambre y sed, yo puedo aguantar pero el no, es un niño. Iván me hizo una pequeña propuesta, que si me entregaba voluntariamente a su cuerpo nos daría de comer y agua. No puedo creer que este sea el hombre al que me había enamorado hace dos años. Bien es antónimo de mal. Placer es antónimo de hastío.

