Las clases estuvieron bastante amenas a decir verdad. Pude distraerme lo necesario hasta poder olvidar el cometido de la cafetería. Lo único que me mantenía relajado era las locas conversaciones establecidas por Emma y Ariana. No obstante, hubo momentos en que quería largarme al baño y poder llorar como una marica. Mi dignidad sigue muy inestable. Me estoy volviendo permisivo con la gente que me rodea. El ámbito social que estoy creando va incrementando cada vez más, me agrada poder entender que la universidad es solo un paso para mi liberación iatrogénica. Aunque, siempre estuvo el ligero fastidio de mi consciencia recordándome que la llegada de Iván estaba cada vez más cerca; es que, sin embargo, automáticamente debo comprender que el usurpador en esta relación soy yo… la d

