—¿Por qué lo estaría?, no te conozco —simplifico riéndome.
Su penetrante ojeada me hace temblar por completo. ¿Por qué tiene que ser malditamente sexi?
—Es decir, que si nos conocemos ¿lo estarías? —abro mis ojos sin saber que responder. Nunca he sido celoso. Solo con mi auto. Mi teléfono me vale v***a.
—No —respondo dudoso. Parece darse cuenta de mi duda porque sonríe de lado.
Repito, ¿por qué tiene que ser malditamente sexi?
Son incongruencias que no resolveré prontamente.
Ruedo los ojos, intentando disipar los pensamientos desagradables que llegan a mi mente. Camino pasando por su lado sin darle importancia al cosquilleo que sigue instalado comiendo palomitas de maíz en mi estómago. ¿A eso le llaman mariposas? Parecen que es más bicho que mariposas, estas son demasiado lindas. Cuando intento seguir mi camino una palma se incrusta en mi nalga derecha.
—Esto… —me estruja aún más fuerte la nalga—, será mío en cualquier momento.
Mi rostro no puede estar más rojo porque sería completamente imposible.
¡MALDICIÓN!
—Te agradecería, que no me vuelvas a tocar. No sabes quién soy yo, para tomar la iniciativa de tocarme —amenazo entrecerrando mis ojos, su mirada burlona no cambia ni un ápice—. Con permiso.
—Te mandaron a la mierda —es lo último que logro escuchar, cuando me alejo completamente de ahí.
¿Ese fui yo? si fuese otra circunstancias hubiese aprovechado para “ligar”. Suspiro un poco dramático, siguiendo caminando por la vereda de la manga de coleo. Hay dos cosas que quiero aclarar, primero, odio completamente a los abusadores y segundo, odio cuando la gente que toma confianza tan fácilmente. Admito que el tipo está buenísimo, pero más nada, sigue siendo un hombre normal como cualquier otro. Solo que es más hermoso, más alto, más intimidante, más varonil… ¡HA! Parezco sediento de pene, con estas palabras tan cursis, ¡no soy yo!, no sé qué me sucede; desde la llegada de este tipo no he volteado a ver alguno con el que pueda pasar el rato, solo él esta incrustado en ellos. Seguro es falta de sexo (aunque tuve esta mañana), y buscare la presa perfecta para ello.
¿Pero quién?
Noto que el panorama masculino que me rodea, no es tan bueno que digamos.
Solo los nuevos inquilinos son diferentes; estos, son más musculosos que los de aquí, son más altos, más varoniles, más emprendedores, más bebedores, más perros, más… ¿Por qué tengo que estar repitiendo el “más” a cada oración? Golpeteo mis pies con la arena del lugar, ¿Por qué esto no tiene un suelo de mármol o de cerámica? Me alejo completamente de la multitud llegando a un establo donde hay cinco caballos, todos fuertes, muy hermosos. Uno en particular me llama la atención de color n***o, con los ojos más oscuros que su pelaje. Me acerco con cuidado al animal, con mi mano le toco su hermoso pelaje. El caballo se aleja un poco sintiendo mi tacto.
—Hola hermoso —acaricio suavemente—, mi nombre es Nahil; un gusto en conocerte.
Carcajeó cuando el caballo se mueve complacido con mi tacto.
—Se llama Rufos.
Me paralizo por unos segundos al escuchar la potente voz, casi alcoholizada del hombre abusador. Lo ignoro por completo, sigo tocando al cabello que se agita un poco ante la cercanía del hombre. Que aun desconozco el nombre, ¿será así de hermoso como él? Una fuerte inhalación a pocos centímetros de distancia me hace agitar como el caballo hizo.
—Es un macho, como el dueño. —sigue hablando pausadamente, solo como el mismo sabe hacerlo—. No me ignores, no me gusta que lo hagan.
El cambio de tono de voz es impresionante, suena tosca más ruda. Está molesto.
—¿Qué quieres que te responda? No te conozco.
—Cuando te llame en la tarde para saber dónde quedaba este lugar, no parecías disgustado por que era un desconocido. No entiendo tu indiferencia, si es porque quieres coger conmigo. Vamos a coger. Y listo.
Abro mis ojos sorprendido por sus palabras. ¡Qué directo!
Aprieto mis piernas al sentir como mi pene comienza a endurecerse. Oh mierda.
—¿Quién quiere eso? —mi voz tiembla.
—Tu… —se pega por completo a mi espalda, siento su erección en el medio de mis nalgas y no es pequeña que digamos—… y yo.
Besa latentemente mi cuello, descendiendo sus manos hasta mi cintura, para luego llegar a mis nalgas, apretándolas a su gusto. Gimoteo suavemente, lo que parece encenderlo más. Me gira haciéndome quedar pegado a su pecho por completo, me encanta el aroma que impregna este hombre, todo lo que busco. Las palabras se quedaron atrás, él ahora es terminar haciendo lo que estábamos pensando desde hace minutos.
Coger, como el mismo había dicho.
Minutos después, me arreglo la ropa intentado quitar las arrugas de mi camisa. Mi respiración sigue agitada, por el fuerte sexo que tuve con este tipo que sin duda alguna es el mejor semental con el que he estado. Me encanto la forma con la que me trato, la manera de besar, la sutileza de tomarme. No me había equivocado, es un excelente hombre en la cama, o más bien el pasto. Mi cara está más ruborizada que ni el mismo cabello que la puta de la esquina de mi casa.
—Debo irme —aclaro un poco acalorado.
El hombre que aún sigue siendo desconocido me toma del brazo para luego besarme con hambre. Prosigo su hambriento beso hasta bajar mi mano hasta su paquete que sin duda alguna sabe lo que tiene. Lo aprieto con firmeza notando su dureza. Este hombre sí que es caliente. Lástima que no es de por aquí.
—No —niega tomando de la cintura—, vamos con mis amigos te quiero presentar ante ellos.
Intento negarme pero me hace caminar con el todavía tomándome de la cintura. La gente con la que me encuentro me mira sorprendida. No estoy acostumbrado a salir con ningún hombre en público. Intento alejarme nuevamente pero siento su agarre intensificarse. Expulso el aire que estaba conteniendo. Sigo caminando con el hombre hasta llegar a un lugar apartado, de donde hay varios hombres con mujeres a los costados. Estos están bebiendo whiskey. De igual forma portan la típica vestimenta popular. Ruedo los ojos cuando los mismos hombres me identifican.
—¡Veo que no perdiste el tiempo con el niñato! —dice uno con su aliento totalmente alcoholizado.
—Ya sabes como soy… —comenta orgulloso.
¿Por qué me dolió eso?
—Quien lo iba a decir. El hijo del guerrillero mayor, con Iván Cañas —expresa con burla el hombre más alto. Pasando sus manos por mi mejilla. La alejo de inmediato, este hombre me da asco.
Lo que tenía bonito se le fue con su actitud.
—¡Qué bueno que saben, quien es mi hijo! —Comenta la milagrosa voz de mi progenitor— ¿sí o no, chicos?
Los hombres tragan duro al escuchar y sentir la presencia de mi padre. Todos saben que no deben meterse ni con su joya como con el mismo. Su presencia impone sus cinco factores. Me libero del fuerte agarre del hombre cuando este me suelta a base de la presencia de mi padre.
—Papá… —este me mira atento a que diga mis instrucciones—…me quiero ir. Estoy exhausto.
Su mirada está llena de confusión.
—¿Ya? —Cuestiona, asiento nuevamente—, Humbert te estaba buscando. Pero notando lo ebrio que se encontraba lo mande con uno de los hombres a la hacienda a dormir.
—Que idiota.
—¿Quién es Humbert? —pregunta inquisitivamente ‘Iván’.
—El novio de mi hijo —responde tenas mi padre, sabiendo que no es cierto.
Se lo que trama. Ay papá.
—¿Tienes novio? —pregunta sorprendido y molesto.
—Si —le sigo el juego a mi padre, ojala funcione como siempre lo ha hecho—. Me retiro. Hasta mañana y fue ‘un gusto’, haberte conocido señor Cañas.
Cuando intento alejarme por décima vez de este hombre, me lo impide.
—¿Tienes novio? —vuelve a cuestionarme.
No me contengo de reírme y ruedo los ojos.
—Sí, ya se lo dije.
—Entonces, ¿por qué te acostaste conmigo hace unos minutos? —la rabia atraviesa desde su espina dorsal hasta su boca.
—Te suena, ‘si es porque quieres coger conmigo. Vamos a coger. Y listo’ —abre su boca sorprendido, noto su clara molestia—; bueno, eso hice, quise follar contigo y listo.
—Eres una perra degenerada.
¿Por qué me dolió escuchar eso?
—Mucho respeto hacia mi hijo. Acuérdese quién eres y quien soy yo —mi padre otra vez con su milagrosa presencia.
—Lo tengo bien claro.
Me alejo caminando con un poco de dificultad, me duele toda mi cadera. Por muy obvia razones.