Me siento aturdido y peor que antes. Pretendía exteriorizar lo que me atormenta, pero terminé empeorando todo. Me mantengo en el mismo lugar, pendiente del pitido de las máquinas del otro lado de la puerta. Las paredes de esta casa no son gruesas y si me concentro, podría escuchar más, pero tengo miedo. Nunca en mi vida creí tenerlo de nuevo. No a este punto. Cuando casi pierdo a mis padres tuve que lidiar con demasiado dolor, pero dentro de todo había esperanzas. Todavía las hay. Pero ¿qué tengo aquí y ahora? Cuando al fin logro hacer algo por mí mismo, cuando me dejo llevar por un sentimiento intenso y abrasivo que solo me pertenece a mí, todo se desmorona. ¿No tengo derecho, acaso? El silencio me aturde, las manecillas del reloj no se detienen, pero avanzan demasiado lento.

