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1726 Palabras
❝CARTA PARA LOS HERMANOS.❞ ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ La fuga de la boa constructor le acarreó a Harry el castigo más largo de su vida. Y como Hydra y Harry hacían todo juntos a tío Vernon le pareció bien que los dos estuvieran castigados. Cuando les dieron permiso para salir de la alacena ya habían comenzado las vacaciones de verano. Hydra no estaba tan feliz de estar de vaciones, estar en la escuela para ella era mucho mejor que estar con sus primos y tíos, ahí podia leer cualquier tipo de libro que quisiera. Al contrario de su hermana, Harry se alegraba de que el colegio hubiera terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley, que visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcolm y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe. Los demás se sentían muy felices de practicar el deporte favorito de Dudley: cazar a Harry. Por esa razón, Harry y Hydra pasaban tanto tiempo como les resultara posible fuera de la casa, dando vueltas por ahí y pensando en el fin de las vacaciones, cuando podrían existir un pequeño rayo de esperanza: en septiembre estudiarían secundaria y, por primera vez en sus vidas, no irían a la misma clase que su primo. Dudley tenía una plaza en el antiguo colegio de tío Vernon, Smelting. Piers Polkiss también iría allí. Los hermanos Potter en cambio, irían a la escuela secundaria Stonewall, de la zona. Dudley encontraba eso muy divertido. -Allí, en Stonewall, meten las cabezas de la gente en el inodoro el primer día -dijo a Harry- ¿Quieres venir arriba y ensayar? -No, gracias -respondió Harry- Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza y pueden marearse -luego tomo la mano de su hermana para salir corriendo antes de que Dudley pudiera entender lo que le había dicho. Un día del mes de julio, tía Petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelting, dejando a Hydra y Harry en casa de la señora Figg. Aquello no resultó tan terrible como de costumbre. La señora Figg se había fracturado la pierna al tropezar con un gato y ya no parecía tan encariñada con ellos como antes. Dejó que vieran la televisión y les dio un pedazo de pastel de chocolate que, por el sabor, parecía que había estado guardado desde hacía años. Aquella tarde, Dudley desfiló por el salón, ante la familia, con su uniforme nuevo. Mientras miraba a Dudley con sus nuevos pantalones, tío Vernon dijo con voz ronca que aquél era el momento de mayor orgullo de su vida. Tía Petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que aquél fuera su pequeño Dudley, tan apuesto y crecido. A la mañana siguiente, cuando los hermanos fueron a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina. Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercaron a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris. -¿Qué es eso? -preguntó Harry a tía Petunia. -Sus nuevos uniformes del colegio -dijo. Harry volvió a mirar en el recipiente. -Oh, no sabía que tenía que estar mojado. -No seas estúpido -dijo con ira tía Petunia- Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de Dudley y ropa mía de cuando era chica. Cuando termine, quedará igual que los de los demás. Hydra siempre se vestía con la ropa que habia pertenecido a su tía cuando era chica. Al contrario de Harry que tenia que usar la ropa de su primo que le quedaba enorme.   Dudley y tío Vernon entraron, los dos frunciendo la nariz a causa del olor de los nuevo uniforme de ellos. Tío Vernon abrió, como siempre, su periódico y Dudley golpeó la mesa con su bastón del colegio, que llevaba a todas partes. Todos oyeron el ruido en el buzón y las cartas que caían sobre el felpudo. -Trae la correspondencia, Dudley -dijo tío Vernon, detrás de su periódico. -Que vaya Harry -Trae las cartas, Harry. -Que lo haga Dudley -Hydra rio. -Pégale con tu bastón, Dudley. Harry esquivó el golpe y fue a buscar las cartas mientras Hydra se quedaba. -¡Date prisa, chico! -exclamó tío Vernon- ¿Qué estás haciendo, comprobando si hay cartas bomba? Harry volvió a la cocina. Entregó a tío Vernon dos cartas y le dio una a su hermana. Hydra miro la carta con sorpresa ¿Era para ella? Dio vuelta la carta y leyó: Señorita H. Potter Alacena Debajo de la Escalera Privet Drive, 4 Little Whinging Surrey Hydra miro a su hermano confundida. ¿Como sabian donde dormian? Tío Vernon rompió el sobre de la factura, resopló disgustado y echó una mirada a la postal. -Marge está enferma, al parecer comió algo en mal estado. -¡Papá! -dijo de pronto Dudley- ¡Papá, Harry y Hydra han recibido algo! Tío Vernon les arrancó las cartas de las manos. -¡Es mía! -dijeron los hermanos al mismo tiempo tratando de recuperarlas. -¿Quién les va a escribir a ustedes? -dijo con tono despectivo tío Vernon, abriendo la carta de Harry con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirió un blanco grisáceo. Miro la carta de Hydra y la abrio rapidamente. -¡Pe... Pe... Petunia! Dudley trató de coger la carta para leerla, pero tío Vernon la mantenía muy alta, fuera de su alcance. Tía Petunia la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejó escapar un gemido. -¡Vernon! ¡Oh, Dios mío... Vernon! Se miraron como si hubieran olvidado que ellos todavía estaban allí. -Quiero leer esa carta -dijo a gritos Dudley. -Nosotros somos quienes quieren leerla -dijo Harry con rabia- Son nuestras. -Fuera de aquí, los tres -graznó tío Vernon, metiendo las cartas en los sobres. -¡QUIERO MI CARTA! -gritó. -¡Déjame verla! -exigió Dudley. -¡FUERA! -gritó tío Vernon y, cogiendo a Harry y a Dudley por el cogote, los arrojó al recibidor, tomo a Hydra por los hombros y la empujo junto con su hermano y primo. Cerró la puerta de la cocina. Harry y Dudley iniciaron una lucha, furiosa pero callada, para ver quién espiaba por el ojo de la cerradura. Mientras ellos peleaban Hydra espiaba por la cerradura por lo que cuando Harry y Dudley se dieron cuenta no les quedo más que escuchar por la rendija que había entre la puerta y el suelo. -Vernon -decía tía Petunia- mira el sobre. ¿Cómo es posible que sepan dónde duermen? No estarán vigilando la casa, ¿verdad? -Vigilando, espiando... Hasta pueden estar siguiéndonos -murmuró tío Vernon, agitado. -Pero ¿qué podemos hacer, Vernon? ¿Les contestamos? Les decimos que no queremos... -No -dijo finalmente- No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta... Sí, eso es lo mejor... No haremos nada... -Pero... -¡No pienso tener a dos de ellos en la casa, Petunia! ¿No lo juramos cuando recibimos y destruimos aquella peligrosa tontería? Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Hydra y Harry en la alacena. -¿Dónde estan nuestras cartas? -dijo Harry, en el momento en que tío Vernon pasaba con dificultad por la puerta. -¿Quién nos escribió? -preguntó Hydra. -Nadie. Estaban dirigidas a ustedes por error -dijo tío Vernon con tono cortante- Las quemé. Hydra bufo, era obvio que algo ocultaban. -¡SILENCIO! -gritó el tío Vernon- Ah, sí, Hydra, Harry, en lo que se refiere a la alacena... Su tía y yo estuvimos pensando... Realmente ya son muy mayor para esto... Pensamos que estaría bien que se muden al segundo dormitorio de Dudley. -¿Por qué? -dijo Harry. -¡No hagas preguntas! -exclamó- Lleven sus cosas arriba ahora mismo. -Que humor... -dijo Hydra por lo bajo cuando su tío salio. La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia, otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon), en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél. En un solo viaje trasladaron todo lo que les pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio. Habia una litera por lo que Hydra le gano a Harry pidiendo la de arriba. A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley se hallaba en estado de conmoción. Había gritado, había pegado a su padre con el bastón de Smelting, se había puesto malo a propósito, le había dado una patada a su madre, arrojado la tortuga por el techo del invernadero, y seguía sin conseguir que le devolvieran su habitación. Tío Vernon y tía Petunia se miraban misteriosamente. Cuando llegó el correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con los mellizos, hizo que fuera Dudley. Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó. -¡Hay otra más! Señor H. Potter y Señorita H. Potter , El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4... Con un grito ahogado, tío Vernon se levantó de su asiento y corrió hacia el vestíbulo, con Harry y Hydra siguiéndolos. Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello y Hydra lo empujaba. Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón, tío Vernon se enderezó con las cartas de Harry y Hydra arrugadas en su mano, jadeando para recuperar la respiración. -Vayan a la alacena, quiero decir a su dormitorio -dijo a Harry y Hydra sin dejar de jadear- Y Dudley.. Vete... Vete de aquí. Harry paseó en círculos por su nueva habitación mientra Hydra lo miraba tirada desde la cama. -Tengo un plan -dijo Harry a su hermana. Hydra no confiaba mucho en los planes de su hermano, porque para ser sincera, ella era la más inteligente de los dos. Pero en esta ocasión decidió confiar en él. -Soy toda oídos.
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