Ha pasado muchos años, faltaban pocos días para que la batalla entre Dios y el diablo se iniciará: el perdedor seria encarcelado para siempre junto a su ejército en los dominios del vencedor. Posteriormente el juicio final se llevaría a cabo, sin atrasos. El diablo debía de ganar esa batalla a toda costa, pues no iba a permitir que lo encerraran de por vida. Su objetivo era derrotar a Dios y dominar el mundo de los vivos por completo, convirtiéndolo en un verdadero infierno. —¡Mi señor, le tengo una mala noticia! —gritó Belcebú preocupado—. Su hijo ha escapado del calabozo. El diablo estaba impactado por la noticia; claramente alguien lo había ayudado a escapar. —¿Dónde se encuentra? —preguntó seriamente. Belcebú se preparaba para la reacción de su amo. —En el mundo de los vivos

