—Siguiente fila —dijo Silver, dando una orden obvia. La segunda fila contenía el aliento, estaba siendo una escena increíble, ver cómo sus gargantas emitían un sonido desgarrador por el miedo que ocasionaba el precipitarse al vacío y no precisamente por voluntad propia, sino porque eran empujados por algunos de los guardias que se mantenían alerta a las órdenes dadas por su comandante. Todo el acontecimiento era totalmente absurdo, ninguno de ellos había vivido algo semejante ni en sus sueños más locos, pero a pesar de toda la actividad, Félix parecía ni siquiera inmutarse por aquello, su rostro pálido y perfilado se mostraba sereno, sin ninguna expresión, esperando su turno a un lado de Arlett, en la cuarta fila. Ya con la tercera fila de cincuenta personas que

