Carlos miraba su reloj con gran disimulo, la verdad era que después de un tiempo ya se le había hecho costumbre despertarse tarde, a pesar de dormir temprano. El apartamento estaba en un completo orden, siempre se fascinaba en el como Elly mantenía limpio y acomodado el condominio. Con las manos arriba pensaba en que su paseo había sido de lo máximo y que en unos pocos meses se iba a casar con la mujer de su vida. Que podría pasar de allí hasta la boda. Una pregunta que solo la sabe el destino. El techo estaba en blanco así como su mente, nunca pensó en que las cosas se tornarían tan fáciles de alguna manera, pero se extrañó que todo en su casa estaba igual menos una pulsera. La pulsera de metal que siempre se ponía en la mano derecha para hacer juego con su reloj. Carlos miro un par

