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951 Palabras
la antigüedad. —Sí, es verdad trabaje con él, y ahora le ayudo con una banda rival, pero eso es todo, mi trabajo es ser abogado nada más, el hecho de que este haciendo eso, es solo para pagarle un  favor. —Eso espero amigo, además no quiero que mi hermana sufra por tus actos. —Apunto con un lapicero, en un tono incitador. —Lo se amigó. Carlos le dio una palmada en la espalda del hombre.  Las chicas estaban comprando algunas cosillas, mientras llegaba la camioneta que las iba a llevar a la casa de Any. —Mira Any, tu hermano y tu novio se llevan muy bien, hasta se dan palmadas. —Si mi Hermano es muy comprensivo, además es muy entendedor, todos los hombres deberían ser así v    —Ya sabes abogado —Dan le arreglo el cuello de la camisa a Carlos— Quedamos así, si la haces lloran siquiera un mísera lagrima. Te cuelgo del puente mas alto de la ciudad y te castro. Carlos no retrocedió ante la amenaza latente —Tú también sabes mafioso, —Él le dio otra palmada en la espalda— No soy  un cachorro, soy un lobo. A la cara le dijo todo lo que tenía que decirle a su cuñado —Eso espero lobo. El carro llego cortando el tono de rivalidad entre los hombres. Dejando las cosas en una era del hielo, las mujeres rápidas y fervientes salieron de la tienda como un rayo, y se fueron a reunirse con sus respectivos novios. —Llegaron— Dijo Dan en voz alta, como si estuviera ocultando algo. —¿Que estaban haciendo? Pregunto  Any. —Nada Cariño solo estábamos hablando del futbol. —Ay ustedes los hombres. Solo piensan en el futbol. Acompaño con voz leve Sofía. —Así será, pero mejor entremos al auto para ir a casa. Las mujeres obedecieron al llamado de Dan y con rapidez se fueron al auto, sin dar lugar a la duda, pero entre bambalinas pudieron darse cuenta de aquel ambiente hostil, que emitía las miradas furtivas de rivalidad entre Carlos Y Dan. Dejaron a Any y Carlos en la casa de su patrona, la pequeña Vanessa iba a un lado de ella. —El viaje estuvo divertido. Dijo Any algo entusiasmada. —Claro jefa, me partí una pierna obvio que estuvo divertido. —Ay no seas así, estuvo genial y conocimos la muralla. —Bueno está bien tú ganas, conocimos la muralla. Pero mañana vamos a ver a tus padres, de aquí para adelante es más complicado todo. —Échale bolas ¿no eres hombre abogado? —Eres igual que una… —Paro de hablar en el acto— Bueno no importa, mañana nos vemos jefa. Tú también pequeña Vanessa. La chica con un beso en la mejilla se despidió de su abogado. Y se agacho para darle un fuerte abrazo a la pequeña Vanessa. El abogado ponía rumbo a su casa, ojala el departamento estuviera bien, casi no había visto a Elly desde que se dio a la fuga con Any, como tres meses hacia eso ya. Esperaba tener departamento  y no que ella se lo hubiera apropiado para sí. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que vio a su pequeña amiga que cantaba muy bien.      Capítulo 17: He vuelto a casa   —Carlos que gusto volver a verte... —Ella abrazo a el chico con todas sus fuerzas mientras se saludaban en la entrada de su departamento— Pasa, ay que tonta igual es tu casa. —¿Cómo has estado? ¿Te las pudiste apañar sola? Pregunto el abogado ansioso por sentarse en su sillón. —Claro… sabes hay algo mejor que debo de contarte, pero antes —Ella fue corriendo a la barra de la cocina y saco una copa de vino— aquí tienes siéntate. —Veo que te has convertido en una buena camarera. El empujado por la chica se sentó un su sillón. —De eso te quería hablar.  Carlos frunció el ceño —¿Que paso te despidieron? —No nada de eso, sino es que voy a cantar en la Tv. —¿Qué? —Dijo Carlos impresionado— Eso es muy bueno, ¿cuándo será? —Espera una pregunta a la vez. —El hombre rio con ternura— Un día que no estabas, yo me quede acomodando las sillas antes de venir a casa, y un hombre algo misterioso apareció de la nada, al principio me dio miedo, pero después me explico varias cosas… Una de ellas era que se dedicaba a patrocinar a los nuevos talentos en un programa de Tv para cantantes. Y la otra es que quiere apostar por mi talento mandándome a cantar a ese programa. La chica estaba tan emocionada que derramo un poco de Vino en la alfombra. —Cuidado tontita —Dijo Carlos con cariño— ¿Qué le dijiste al hombre? Rápidamente la chica levanto la mirada. —No le he dicho nada, estaba esperando a que tu llegaras. El abogado sintió como si un tren le golpeara la cabeza enseguida rio —Se echó una buena carcajada— Ella no entendía porque Carlos se comportaba así, pero se cruzó de brazos algo indignada. —No tienes que pedirme permiso, ya eres grandecita para hacer lo que se te venga en gana. Lo único que si te voy a decir… Es que tengas cuidado. Chica como vas a desperdiciar una buena oferta.  La chica se rio un poco, —Carlos la acompaño— ambos estaban tan divertidos que las horas pasaron volando, y contando historias pasaron  la noche en vela, entre anécdotas y risas.                                        
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