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1543 Palabras
la espalda del abogado y se apretó fuertemente de su hombre. —No me vayas a soltar— Carlos estaba tan prendido en pasión que su amor dejaba delatar algunas sensaciones entre su entre pierna. La chica apretaba cada vez más fuerte y sentía los pezones de su patrona pegados a su pecho. Él no podía controlar el fuego de la pasión era inevitable. —Patrona quiero que sepas algo… te amo— Carlos puso sus manos en la mandíbula de la chica acariciando levemente el pómulo de la chica e implantando un beso sin igual a la joven. Su lengua subía y bajaba las lágrimas de sus ojos salían. Jadeos adornaban la tarde, la lluvia estaba más intensa. Sus labios chocaban uno contra otro sin cesar como si no hubiera un mañana. La lengua traviesa del abogado hacia círculos en la boca de la chica, pero no solo ahí. Aprovecho el momento y bajo lentamente la camisa que llevaba la abogada, dejándola en su brasiers Paso sus manos por debajo de la única cosa que cubría la brecha de sus pechos, deslizándola por sus senos una y otra vez. Moviendo de arriba abajo los pezones   de la chica. Any se puso roja y sufría de leves espasmos, no podía hacer más que morderse la boca por las sensaciones tan satisfactorias que sentía. Soltó un leve gemido, pero tan leve que Carlos apenas lo pudo escuchar, entretenido en sus respiraciones y jadeos. Carlos dejo de besar la boca de Any, bajo algo más, y empezó a hacer círculos con la lengua en los pezones de la joven. Ella se acostó completamente en el mueble. Y tiro la cobija encima. Puso sus manos en la cabeza de Carlos aferrando en su cabello. Mientras la espalda de Any hacia una perfecta curva. Dejando solo su cabeza y su trasero pegado al mueble. El resto levitaba en el aire. Carlos arrebato de un jalón el pantalón que tenía la chica cerro los ojos. El abogado empezó a manosear las piernas bellas y mullidas de la abogada. Después beso su barriga jugando a juegos picaros arriba y abajo. Sobándola en todas las direcciones, ella dejo que su cuerpo fuera profanado de arriba abajo.  Carlos empezó a mover su lengua en los labios inferiores, haciendo que ella se estremeciera u soltara gemidos múltiples. Frio, calor, placer, dolor ellos sentían de todo en unos segundos interminables pero efímeros que se volvían inefables e inmensurables. Como hoja que es meneada por la brisa de un lado a otro, la lengua de Carlos se movía en la entre pierna de Any humedeciendo en altos niveles su pelvis. —Ya no aguanto más— Dijo Carlos susurrando al oído. Como pudo el abogado levanto del mueble con los brazos a la chica. Pensando en ese momento tan deseado pasaría en pocos segundos, cuando pasara la puerta estaba seguro que no habría vuelta atrás, en su mente solo había alguien plasmada de pies a cabeza o mejor dicho que acababa de plasmar, Any se convirtió en parte de su vida, necesaria para su bienestar que le daba algo de vida, que le daba un soplido fresco de aire, que lo ponía al cien o que lo llevaba a las estrellas, tal vez podría ser su mausoleo pero nunca se arrepentirá de haber llegado hasta el paraje más lejano de una mujer. Su entre pierna. —Yo tampoco— Dijo Any con una voz quebradiza en calor infernal hasta la medula, su interior parecía que iba a estallar de placer, su cabeza daba vuelta en miles de placenteras posiciones, ella se daba por vencida, era Carlos y nada más el quien la sacaba de las casillas y hacía que perdiera la razón incontrolablemente. Tal vez el frio ayudo a impulsar ese calor, pero ninguno de los dos se quería separar del otro. Any vio como la pierna de Carlos estaba hinchada y cada paso que daba en su cara se reflejaba el dolor. Jadeos iban y venían pero el hombre nunca desistió —¿Te duele mucho?— Pregunto Any preocupada —Nada que no pueda controlar— Dijo el confiado y con una sonrisa le implanto un beso tierno en la boca haciendo intenso poco a poco.  —Dame más, quiero de tus labios jefa. Dijo Carlos con pasión en su leve tono de voz —Pues convénceme… dijo la patrona inmersa en la ternura de las manos del chico. Las goteras de lluvia torrencial se escuchaban perfectamente en el techo, un trueno rompió las súbitas goteras haciendo que Any saltara de miedo. —¿Hey que pasa tienes miedo jefa?— la chica rio un par de veces, pero sin nada solo se metió entre los brazos de abogado y poso su cabeza en el pecho del hombre. Carlos sentía el paso de la chica —aunque era liviana— pero con su pierna en ese estado nunca podría soportar tanto peso. La puso sentada a una mesilla que había en la habitación esa mesilla también tenía un espejo. —El joven seguía besándola con pasión— Los dos jóvenes estaban encadenados a las caricias del otro y como droga para adicto su sentir era necesario en cada paso que daban. Las manos subían y bajaban: Entre piernas, muslos, labios, cuello, pecho, trasero y absolutamente todo. Ni una parte quedo sin tocar. El hombre orgulloso apenas hablaba, sin mencionar ni una palabra solo se quedó contemplando la belleza de la chica, —que en segundos se iba a comer— tal vez eran plenas imaginaciones o no. Pero estaba seguro de lo que pasaría de aquí para adelante. Hundiendo la boca en el lado sur oeste del cuello de Any, Carlos la mordió intensamente e hizo que viera el universo entero pasando por sus ojos, cuando la chica regreso del trance, noto que Carlos ya había tomado posesión de su entre pierna con dos grandes y ásperos dedos. Los labios resecos de Carlos dijeron unas palabras que dejaron a la chica en completo frenesí —Te amo abogada, estaré contigo para el resto de mi vida, y si muero lo hare feliz, moriré por el amor de mi vida… ósea tu— Carlos subió su cabeza por encima de la de la chica, como si le estuviera dando un abrazo tierno. Pero eso no iba a ser suficiente, ya estaba encendido en calor, ahora él le iba a dar la diferencia entre un simple chisporroteo  de barriga, a un incendio pasional elevado al mil y convertido en múltiples orgasmos. Carlos sin control tomo a la chica encima de sus brazos y la tumbo en la cama. El que todavía tenía algo de ropa se la quitó como un lince y dejo caer sus manos en el pecho de la chica. Apretando manoseando y jugando con sus esponjosos pechos. —Eres culpable jefa… —¿De qué? dijo ella conteniendo los variados gemidos. —De mi pasión. Carlos apretó sus senos con más delicadeza, haciendo que la chica se torciera e hiciera una curva completa con su cuerpo. —Ya no aguanto más. Afirmo con ansias el hombre Carlos con todas sus fuerzas se quitó el pantalón, y sin remedio pero con mucho cuidado entro dentro de ella, La chica pego múltiples gemidos de lujuria y pasión.  Ella disfrutaba del calor de su cuerpo pegado a del abogado, el movimiento de sus manos calientes que frotaban su cuerpo húmedo y mojado. Del como con suavidad el subía y bajaba, de cómo aumentaba el ritmo —pero besaba la brechas de sus pechos— ella se aferraba a la espalda del chico, dejándole la marca de las uñas. Dos almas bailando un compás único en el zahir de la vida, dos almas complementándose al ritmo de un tormenta en Asia, donde la lluvia marcaba la pasión,  y los vidrios se empañaban a diestra de la pequeña recamara. Gemidos iban y venían, Carlos Subía y bajaba aguantando lo inevitable, queriendo más tiempo de pasión, algo que no podía contener por las reacciones químicas de su cuerpo. —La chica estaba a punto de llorar— Carlos se dio cuenta de eso, y levanto a su jefa del lado inferior de la cama, y se sentó en la misma con ella encima. Entrelazo sus dedos mientras besaba su cuello, aspiraba el olor de la chica que lo tenía desesperado queriéndosela devorar, —más de lo que estaba haciendo ahora— los chicos estaban al borde del universo viendo las estrellas con lunas incluidas, pero con dos movimientos efímeros, inevitables y etéreos, terminaron llenos de felicidad. La chica recostando la cabeza en el hombro de Carlos, y el besando su cuello, abrazándola con pasión y ternura. —Te amo— Dijeron los dos al mismo tiempo y perfecta sincronía. —Jamás te voy a dejar sola jefa te lo juro.  Dijo Carlos entrelazando sus manos con las de su jefa, y acostándose en la cama poniendo la cobija encima, la chica lo siguió y se acostó de espaldas a él, dejando su trasero en el orgullo masculino —si quieres más estoy agotado jefa— Carlos en un tono bufo, Ella rio un poco para dos minutos después caer en un sueño profundo.                                                               
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