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3509 Palabras
  La mañana llego y Carlos despertó de primero, aún estaba impresionado por el hecho abundante  de hacerle el amor a Any un día atrás. Estaba casi que por pararse a brincar en una pierna. —La única pierna que tenía buena— La otra pierna estaba casi en su punto total, parecía que iba a estallar por la hinchazón, pero sabía que no podía hacer nada porque Xia An, no llegaría hasta después de las una de la tarde, —aunque si por el fuera que se tardara más de un mes en llegar a buscarlos— el rostro de Any estaba rojo y ella un dormía a un lado del pecho del abogado. Carlos estaba sintiendo un sinfín de emociones barbáricas al ser uno de los más machos de la cuidad, pero al estar con Any se reducía a un gatito asustado. Que le pasaba solo una cosa: Enamoramiento. La peor enfermedad del mundo, como lo dijo alguna autora de libros de fantasía. Carlos jalo las mejillas de Any un par de veces. —Despierta dormilona… Dijo con un tono de voz dulce y piadosa. La chica abrió los ojos pero sin ganas de hacerlo y con algunos bostezos y estiramiento de brazos se levantó del pecho de Carlos. El radio de comunicaciones que le había dado Xia An sonaba como loco. —Estas ahí, Carlos responde… ¿Me escuchas?... Aquí Xia An… quien allá. El canal estaba por explotar por los llamados del guía, entonces Carlos en movimientos rápidos se paró de la cama y busco el radio en los pantalones. Como loco hurgaba entre la ropa tirada en los, cuando encontró el radio, respondió al ras el llamado de su guía de expedición. —Aquí Carlos ¿Me escuchas?— —Te escucho amigo… Donde estas voy en camino. Había varios ruidos en la comunicación. —Estamos atrapados en una casa a un lado de la muralla en un amplio valle ven hasta acá, estoy herido en la pierna. Carlos con amplios  gritos se comunicaba con Xia An pero el solo podía escuchar palabras mínimas. Poco a poco se volvió a perder la comunicación con el guía dejando a la pareja en la completa soledad de aquel valle. —Vístete jefa, te voy a sacar de aquí— Any estaba tan entretenida que se había olvidado en cuidarse la noche anterior. Carlos como pudo se vistió pero un fuerte dolor le invadía en la pierna. —Mueve tu trasero jefa o Xia An nos va a dejar acá botados.  La chica atendiendo el llamado de Carlos, se vistió en un efecto fugaz y como una quinceañera escapando de casa guardo todo en extremo cuidado en su mochila. —Lista jefa— Pregunto Carlos, ansioso por poner rumbo a la muralla. —Si vámonos— Respondió feliz, y en sus ojos el abogado noto un brillo que nunca antes había notado. Salieron corriendo de la casa, apresurados por la llamada del guía, seguro que estaba cerca de la muralla y ellos al otro lado. Imposible que los viera desde tierra, entonces debían llegar a la parte superior de la torre del vigía. Carlos con su poca movilidad apenas movía una pierna, no emitió  ni un quejido en todo el camino, pero después por el cansancio y agotamiento Cayo en el piso como una bala de plomo. Any que estaba dos pasos detrás de él entro en pánico. Ella corrió hacia él. —¿Que pasa Carlos? ¿Estás bien? —No la pierna está cobrando factura, no me voy a poder mover. Ella toco con suavidad la pierna, pero con un grito de dolor Carlos aparto las manos de la chica. —Creo que está rota debes irte sin mí. —Que no voy a hacer eso… ¿estás loco? Además párate de ahí es una orden. —No jefa… entiende si alguien no va  a avisar que estamos aquí, simplemente el guía pasara por alto, la opción de que estemos cerca. Debes llegar a la torre del vigía— Señalo la torre con sus labios— y encender una bengala para que haga llamar la atención del equipo de búsqueda. —Carlos no te quiero dejar solo —Dijo ella con los ojos llorosos— No te voy a abandonar. —Calmate Any, que tus ataques de pánico no estropeen la misión. Escúchame clara mente, busca en la mochila que llevo atrás una bengala de humo, son de color n***o y parecen un tubo utilizados en las cañerías de agua dulce, y tiene una mecha. La chica casi al instante reacciono del trance y busco en la mochila, habían muchas cosas ella revolvió todo para buscar la bendita bengala. —hazlo con más cuidado que me duele un poco la pierna. —Lo siento espera un poco. Después de una búsqueda rápida en la mochila del hombre la chica encontró la bengala, eran dos. Un tubo n***o y otro blanco. —   ¿Cuál de estos es Carlos? Le mostro los dos contenedores al abogado. —Las dos, las dos sirven. El hombre estaba jadeando del dolor mientras apretaba su pierna. La cara del abogado estaba demasiado roja mientras que su pierna derramaba unas pequeñas gotas de sangre. —¿Estas bien? Volví a preguntar Any con preocupación. —SI estoy muy bien, ahora escúchame. Ve a la torre del vigía, y después de eso prende las bengalas, solo le jalas las mechas para prenderla. Yo estaré bien, te esperare aquí trae ayuda. —Seguro que te pudo dejar aquí solo. —Si solo ve. Hazme caso. —Voy… hare la tarea con total éxito. Any le dio un abrazo al chico y después salió corriendo a la torre del vigía, la chica estaba cansada otra vez. Pero no se iba a quedar quieta hasta que un equipo de médicos viera la pierna de Carlos, así que no pensaba perder. > pensó varias veces antes de volver a la torre del vigía. Cuando llego a la puerta de la torre, se lanzó con el cuerpo de lleno a la puerta, esta abrió casi al ínstate, por error ella resbalo y callo en las escaleras, pero aguantando el dolor en sus  costillas siguió avanzando. Subió las escaleras como un rayo dejando atrás mucho trecho. Después de varias paradas en los descansos logro llegar a la parte superior de la muralla. Su cansancio era tanto que los soplidos de aire salían de la boca de Any —estaba muy exhausta— Se asomó al borde del muro, por la distancia no veía nada, solo un poco de humo a la distancia como a tres kilómetros. Prendió la primera bengala. —Ayuda— grito con todas sus fuerzas mientras miraba al otro lado, vigilando a Carlos. Dejo la bengala prendida en la un borde de la gran muralla, produciendo una gran cortina de humo. El humo de color n***o adornaba la mañana blanca haciendo un contraste para una buena señal.  —El humo que ella veía a lo lejos se acercaba más— el tiempo estaba contado el humo se acababa lentamente. —Demonios— Con sus penares y miles de pensamientos turbados, ella jalo con fuerza la otra mecha. La bengala se encendió y otra cortina de humo salió. Ahora era de color verde. Poco a poco se fue elevando en el cielo. —Por favor alguien— pegando plenarias al cielo Any empezó a inhalar humo de las bengalas, y ese humo era toxico. Tosió un par de veces, pero no se alejó de la bengala. Ella vio a un extremo de la muralla, y veía una pequeña mancha verde. Con humo saliendo de él. —Ahí esta— Dijo mientras empezaba a saltar de júbilo por divisar a la camioneta del guía de expedición. Pero ella siguió tosiendo ahora con más intensidad. > pensaba mientras sostenía la bengala. En unos pocos minutos la camioneta de Xia An estaba estacionándose en las praderas al lado de la muralla. Xia An  subió con rapidez las escaleras, vistiendo ropa de rescate, casco y una chaleco lleno de medicinas. —¿Estas bien?— Ella tosiendo afirmo con la cabeza. —¿Y dónde está Carlos? Any con rapidez señalo el valle. Mientras tosía más y más. Xi An bajo a la chica por las escaleras y la dejo en la camioneta con un grupo de especialistas. Mientras que otro equipo fue a buscar a Carlos.  Any estaba más tranquila porque el equipo de rescate había llegado a la muralla, respiraba aire de una bombona de oxígeno, pues el humo había consumido los pulmones de la chica con rapidez. Sin dilaciones la chica empezó a mostrar mejorías, sonrío con ansias a que trajeran a Carlos para verlo, y saber que era lo que tenia que no lo dejaba caminar. Cosa que tal vez hubiera provocado ella. Los chicos no llegaban a ella le preocupaba mucho eso, se estresaba más con cada segundo que pasaba. Las manos de la chica estaban inquietas una entre sus piernas, y la otra en su boca, comiéndose las uñas mientras ponía la mirada en aquella brecha entre la puerta de la torre y la oscuridad de adentro. Pensaba en Carlos como nunca, estaba más preocupada de lo común. Su mente giraba en torno al abogado,  daba más de lo que tenía en su vida para saber qué había pasado, se tardaban demasiado, mucho para su gusto. La privilegiada patrona estaba a la merced del equipo de recate, cosa que no le gustaba. Si lo golpeaban o hacían que sintiera más dolor  del que tenía el abogado, ella iba a poner una denuncia contra todos los integrantes. Pensamientos absortos daba vueltas en su cabeza de aquí para alla empezó a andar por la pequeña colina, los integrantes del equipo que se quedaron en la patrulla, era un hombre de piel oscura, extranjero y una chica joven pero algo obesa, ambos llevaban guantes en las manos y cascos de protección. Explicaban sin dilaciones a Any como sobrevivir a una situación frustrante como esa. Pero ella no le hacía ni el menos de los casos, solo pensaba en una cosa, Carlos. Viral eran los pensamientos de cada uno de los dos abrazados en un eterno resplandecer. O tal vez no… solo quería volver a Carlos saber de él, que pasaba porque demonios el equipo se tardaba tanto, claro dos kilómetros no eran fácil menos para traer a alguien cargado pero tampoco era para tardar tanto. —Llegamos. Dijo Xia An Any volteo la mirada en un segundo, para ver el trágico escenario de Carlos completamente desmayado. Tras entrar en pánico la chica también cayó en desmayo. Dos horas más tarde en las amplias salas del hospital de las luces titilaban en una camilla desesperada por saber de Carlos. El chico había sufrido un desmayo por el dolor producido en las piernas. El equipo de rescate así lo reporto. Any estaba en una silla de ruedas vagando por el pasillo y buscando la habitación de Carlos. Las enfermeras le dieron la información. La puerta estaba cerrada y ella vestida con una bata de color blanco. En su cara varias vendas por algunos golpes que había recibido. Aprovecho que estaba en el hospital y se mandó a revisar para ver si su noche de pasión no traería “consecuencias”. Pero por suerte para ella no iba a ser así. Estaba limpia y su menstruación había llegado con normalidad. Con ímpetu abrió la puerta y vio a Carlos acostado en la cama. —Ella vio con compasión al hombre— entro más en la habitación cerrando con cuidado la puerta. Rodo las ruedas de su metálica silla un par de veces hasta acercarse lo suficiente para que quedara el nivel de la cama. El rostro de Carlos estaba pálido, él estaba conectado a una máquina que le brindaba oxígeno.  Su pierna estaba enyesada, y por lo que había dicho el medico tuvieron que operarle unas horas antes.  Ella poso su mano en la cabellera del joven, acariciándole levemente con sus dedos metidos en su pelo Ella lo miraba fijamente… —Te dije que estar conmigo es peligroso.  Any le dio un beso en la frente del chico, Carlos estaba en sueño profundo. —Tontito, porque siempre haces estas cosas por mí. Any reposo su cabeza en el pecho de Carlos teniendo sumito cuidado de no dañar algo. No quería empeorar la situación. Además dejo correr unas pequeñas lágrimas por su mejilla. > pensó infinidad de veces, sintiendo como si el ausente Carlos, le abrazara y diera consuelo a su abatida alma. Con el alma hecha pedazos la chica esperaba que Carlos abriera los ojos y se levantara de allí, que se la llevara a la heladería más cercana y que nunca más se volviera  a repetir tal cosa, pero… también tenía ella algo de culpa, pensó que si nunca hubiera querido ir a la muralla, Carlos no sufriría a tales consecuencias  de rescatarla y que su pequeña aventura no hubiera terminado tan mal. La luz blanca de los focos en la habitación reflejaban las intensas emociones con tildes, en la cámara de una pasión incontrolable. —Quiero que te levantes de ahí, me escuchas Carlos, es una orden. Nuestra hija nos está esperando afuera. No pienso llegar sin su padre. Levántate. —Grito la mujer desesperada— no ves que no puedo seguir sin ti… En descontrolado lloro Any estaba en crisis nuevamente. Casi sin razones para seguir en la habitación, mas aferrándose a la idea que en cualquier momento podía despertar su caballero. Pero nada, los ojos cerrados de Carlos eran el único paraje por el cual daría su paseo. Any se ve descontrolada llora con sollozos de dolor, al ver como su amado se pudre con su lesión, por culpa de su capricho de conocer la muralla china, recostada en el pecho del hombre escucha su palpitar. Indómito como el sol, él era fuerte no podía tirar la toalla. Después de todo lo que habían luchado para estar juntos. Abriendo la puerta de un golpe una figura rígida aparece. Desbordante de carácter e ímpetu, él era fornido alto piel claro y cabello oscuro “El caballero de la noche” así lo apodaba en Shangai. El segundo hermano mayor de Any… Dan Jun. Ingreso con orgullo a la habitación. Con el mentón elevado y ropa elegante, la mafia las llevaba en las venas. —Dan— Dijo Any y como pudo se levantó de la silla de ruedas poniendo mucho esfuerzo, y se lanzó encima del cuerpo de Carlos. Protegiéndole de cualquier cosa que le pudiera hacer Dan. —No lo mates. Cerró los ojos y abrió los brazos tratando de interponerse en el camino de su hermano. El hombre siguió avanzando poco a poco. Dando pasos y taconeando con sus lujosos zapatos. Any con cada paso que daba temía por la vida de Carlos. Ella de repente siente un calor en el cuerpo… —No lo hare. Dijo el abrazando a su hermana. —Tenemos que hablar hermanita. Any se sentó de nuevo en la silla de ruedas esperando que Dan no matara a nadie, aunque confiaba en su hermano, estaba más que atenta a cualquier cosa que pudiera pasar. Se calmó un poco más. Dan camino unos pasos para ver al hombre postrado en la camilla. —¿Este es el hombre con el que escapaste cierto? Señalo al moribundo Carlos. Ella solo afirmo con la cabeza, resignada en su decisión de niña quinceañera. —Nos queremos y por eso nos fuimos juntos, hasta dio su vida por mi míralo. señalo ella con los ojos llorosos. Confrontando a su hermano clavando la mirada en sus ojos castaños. —¿Entonces porque no me dijiste nada a mi o a Lee? Sabes lo preocupado que hemos estado por ti. Any no respondió la pregunta y divagaba entre los pensamientos, las acciones de sus actos habían llevado al extremo de perder a un ser querido, no por culpa de su familia, sino por su propia culpa, ahora a quien le debía caer el peso de la ley. Pues sabiendo de leyes a ella. Además como no pudo pensarlo, tenía confianza con sus hermanos mayores, mientras que con la única que no se podía encontrar ni en pintura era con Rebecca. —en parte de ella había sido la culpa de que Carlos estuviera en ese estado tan crítico, si no hubiera mandado a Patrick a la oficina nunca nadie se hubiera enterado de nada— Rebecca sí que nunca iba a dar su brazo a torcer. —¿Ustedes me ayudarían? Dijo ella con los ojos llorosos. Dan veía los aparatos en la pequeña sala de laboratorio silbando una pequeña melodía… —Esa melodía no la escuchaba desde niña, cuando corríamos jugando por la casa. Dan volteo la mirada, y alzo la barbilla de su hermana mientras respondía con una sonrisa fruncida en su rostro. —Claro que te vamos a ayudar.  Eres nuestra hermana tontita. Obviamente te voy a ayudar. Es mas lo he estado haciendo desde siempre. Igual que nuestro hermano mayor Lee. Any estaba muy presionada con las declaraciones de Dan, estaba siempre un paso adelante de ella, y desde que eran niños había sido así, como lo pudo dejar pasar al inteligente hermano mayor lee, como pudo dejar pasar la opción de pedirle ayuda al humanista Lee. El único en la familia que piensa con el cerebro y no con el corazón. El chico a musitar palabras. —Desde que Rebecca nos dijo que Patrick te había visto besándote con El. Y que habías escapado de la ciudad capital a una provincia Salí a tu búsqueda. Mas no para perseguirte sino para saber quién era el. Además para cuidarte como siempre lo he hecho no te encontraba y las opciones eran pocas.—Vio el reloj en su mano izquierda— mas cuando me dijeron que en la muralla había ocurrido un accidente y que una prestigiosa abogada estaba involucrada en él, me puse sagaz como el viento y vine lo mas rápido que pude. Sabes que no somos de asuntos legales… Pero familia es Familia puedes contar con nosotros. El agarro la mano de la abogada tiernamente dándole consuelo. A su vez le dio un abrazo caloroso para animar a la chica. —Pero espera Dan. —¿Qué pasa? —Si hay rumores Rebecca puede… —No eso ya lo solucione, todo está bajo control créeme. —Siempre vas un paso adelante. —Sabes a papa y mama le daría alegría tener un yerno… Bueno esta Patrick pero el es un pedazo de mierda. — Afirmo con total rotundidad y orgullo— ¿y cómo se llama este pobre hombre? —Se llama Carlos, y es una ternura, debes esperar a que despierte veraz que te llevaras bien con él. —¿Y en que trabaja? —Conmigo en el bufete. Dan rio un poco de la situación. Any veía en los  ojos de su hermano la verdad. Estaba segura de que podía confiar en él. —Soy una tonta en no haberos pedido ayuda. —Deja de presionarte. Herrar es de humanos. —Perdónenme muchachos. Any agacho la cabeza con mucha vergüenza. — Deja lo tonta. Tienes que volver. Regresemos todos a la ciudad a dar la cara. Any al escuchar la declaratoria de Dan se calmó un poco y el estado de ánimo se elevó por las nubes, ya todo empezaba a tomar rumbo. No estaba sola en esto. Volvió a darle un abrazo a su hermano, tenía mucho tiempo que no había visto a su gran hermano. —Tengo una hija. —Si ya lo se… la pequeña Vanessa es un amor. Fui a verla antes de venir para acá, esta con una chica canguro. La chica es linda además. Mande uno de mis hombres a cuidarla. Respondió dan con una sonrisa en la cara. Mientras fijaba su mirada a su móvil. —Gracia hermano, mil gracias, siempre estas atento por todo. —De nada chica, eres mi hermana pequeña la consentida.  Vamos  a tu sala de recuperación. Yo empujare la silla de ruedas.  Any y Dan entre varias horas de conversa, trataron los miles de temas en el mundo, desde cuando había conocido a Carlos hasta cuando la salvo de aquella rama mortal que casi acababa con su vida. Entusiasmo al máximo en la sonrisa de Any. Y dan compartió momentos con su hermana Any esperando la Recuperación de Carlos pronto. Pero eso solo era decisión del cielo.  Ella veía al abogado con unos ojos cubiertos en una mescolanza de: Tristeza, Alegría, Pena, Dolor, Amor, impotencia, Pasión, lujuria, y hasta en ocasiones enamoramiento, y un sinfín de emociones. Ridiculeces y tonterías que pasaban, el cruce de miradas y la complicidad de dos almas al song de una canción simplemente: Amor      
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