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1623 Palabras
  Ya habían pasado dos semanas desde que el incidente había ocurrido en la oficina, la pareja se dio al escape con su hija adoptiva Vanessa y ahora comían uvas viendo las puestas del sol en la playa. Carlos estaba un poco preocupado porque Patrick los hubiera seguido. Aunque esa preocupación nunca la dejo mostrar a Any que por su parte estaba muy contenta de tener a su pequeña familia de vacaciones en la playa. Carlos había llamado a Elly y le dijo que se iba a ausentar un par de meses eso quedo en su mente, sabiendo que iba a cuidar bien el departamento. Mientras que Any dejo a Alexandra cuidando del bufete, aunque tuvo que ponerle un mejor salario con el trabajo extra que le había puesto últimamente. Los dos se mantenían alerta por si algunos de sus hermanos, —Menos Lee, Carlos ya le había contado todo con una llamada telefónica, y ni señal de molestia puso— Estuviera tras sus pasos. —Cariño… ven acá la comida ya se va a enfriar. —Any llamo a la mesa a Carlos que corría por la playa ejercitándose un poco. Carlos vio las señales de la chica a lo largo y fue rápidamente al patio trasero de su casa. Ellos habían alquilado una casa con orillas al mar como nidito de amor. —Voy. Espero que me hayas echo algo bueno. —Bromeo con algo de picardía mientras le daba una nalgada a la fémina. —Hey no te pases. —Ella se puso roja como un tomate viendo a los alrededores. Mientras el le indicaba que lo siguiera con el dedo índice. Pasaron dos tardes más en las playas tranquilas de la costa, hasta que se le metió en la cabeza a Any la loca idea de ir a visitar la muralla china. Carlos no tomaba eso como algo bueno, estaban en un lugar seguro que sus hermanos no habían descubierto lo mejor era que se quedaran allí. Pero Any insistía con fuerzas de querer conocer la muralla china cosa que nunca había hecho por el amplio trabajo en el bufete. Any uso sus armas femeninas para conseguir el viaje, saco sus ojos y los aguo hasta el punto de casi llorar. Ahí Carlos se puso más incómodo y no sabía si decir que si, o seguir con sus meditaciones. Any como último recurso se cruzó de brazos hizo un puchero y cerró los ojos. —Como una niña de ocho años— Carlos trataba de solucionar lo que había provocado. —Oye no te pengas así— él se puso detrás de ella, —No te pongas así— Empezó a hacerle cosquillas.  Any contenía la risa pero por dentro estaba casi agonizando de alegría. Con agiles dedos, Carlos tocaba las partes débiles de su patrona haciéndola sufrir de numerosos respingos. Ella al final de unos minutos cedió y cayó en una fuerte risa que no pudo contener haciéndola contraerse contra el sillón —pero antes de que eso sucediera ella logro hacer caer a Carlos— Los dos cayeron en el sillón, y el sol rojizo adornaba la sala, sus ojos se conectaron en una mirada. Sus iris se dilataron, Any puso sus manos en la cara de Carlos, él se acercó un poco más a su rostro. —Ya te dije que eres la chica más preciosa que he conocido en mi vida— La chica no evito sentir un chisporroteo en el estómago. —Siempre tu— Respondió ella. Carlos se acercó y de le planto en cara un beso apasionado con manoseo incluido. —Papa, Mama Que hacen.  Pregunto la pequeña Vanessa algo impresionada. Al ver a su papa encima de su mama en un sillón metiéndose mano a diestra y zurda. —Nada hija, sube al cuarto a cambiarte. La niña hizo caso de lo que dijo su Mama y subió casi que corriendo para cambiarse de ropa, así mismo Any subió para supervisar a la pequeña niña, dejando a Carlos encendido en pasión.  Pasaron dos días más en las calmadas playas de la costa, la paz era gratificante y Any pensaba que si la vida en familia era así, podía olvidar lo duro que había sido su familia y que podía formar una familia al lado de Carlos.  Las cosas para Carlos iban viento en popa no deseaba más, estaba en la playa con su hija y su mujer, que más podía pedir. Solo algo le preocupaba, y era Patrick. Si él llegaba a descubrir donde estaban mandaría a matarlo y llevarse a Any. —¿Amor podemos hablar?— Dijo Any. Caminando para acercarse a la tumbona donde estaba sentado Carlos mirando al mar. —Ven— Respondió el hombre tomando un copa de margarita. —   ¿Qué quieres amor? Cuéntame.   —   Pues quiero que vayamos a ver la muralla con Vanessa.   —   Ya sabes que es peligroso amor, si nos descubren podemos ser…   —   Lo sé, es un riesgo que quiero tomar —Ella no mostro titubeo en sus palabras— creo que es hora de dar la cara.   —   Me dices que no tienes miedo de que nos podamos separar, por culpa de Patrick.   —   No es eso, solo digo que es mejor que demos la cara, para no estar escapando de aquí para allá, y hagamos nuestras vidas más fáciles. Carlos miro al mar, mientras pensaba en las palabras de su amada, ella por otra parte se recostó en su pecho —No te quiero perder… —Acaricio el sedoso cabello de la patrona— Te quiero mucho eso es todo. Y ahora tenemos a Vanessa. —Pues lo sé, pero es que debemos dar la cara, así mostramos que tú vas enserio.        —Entonces vayamos a la muralla, y después veremos qué hacemos con lo de tu familia. —   Si ese es mi bebe, oye pero no hemos tenido ni un momento para nosotros. ¿Sabes qué? —el alzo sus cejas en  busca de una respuesta— podemos dejar a Vanessa en una guardería mientras vamos y exploramos la muralla a solas.   —   Que mala eres, dejaras a nuestra hija con una extraña por darme un momento de placer —pregunto el con sarcasmo— Debes estar bromeando.   —   Pues no tú te lo pierdes. Si no quieres…   —   No he dicho que no quiero, solo digo que no me gustaría dejar a nuestra hija con una extraña.   —   Cálmate bebe —acaricio la mandíbula de Carlos— solo serán unas horas, además ¿qué cosa mala puede pasar?   —   Pues si—carraspeo— pero ni se te ocurra ponerte a hacer locuras.   —   Está bien es un trato —Ella estrecho la mano de Carlos—  bueno me voy a preparar las maletas mañana mismo nos vamos a la muralla.   Any se fue casi que corriendo a la casa, luciendo el despampanante traje de baño que hacía ver completamente su trasero, y sus voluptuoso pecho cosa que Carlos contemplaba todo el día —Otra cosa por la que no quería dejar la costa— pero bueno al mal tiempo buena cara, o así lo decía la mente de Carlos aborta al hacer maletas nuevamente, se estaba empezando a dar cuenta, que: “la vida es lo que pasa mientras se hacen maletas”  tomándose aquel trago de margarita vio uno de los últimos atardeceres rojizos en la playa donde el sol se ocultaba por el mar, y el cielo se teñía de rojo todas las tardes, cosas que iba a extrañar mientras estaba en la muralla. Así con un último suspiro termino sus efímeras vacaciones de verano. Llegaba el día y las chicas estaban listas esperando a Carlos que bajara con las maletas, Carlos con fuerza en sus brazos cargaba las tres maletas pesadas como una tonelada algunas veces flaqueaba pero no dejaba de cargas las maletas pesadísimas, cerraron la casa —Asegurándose dos veces— y Vanessa hasta se despidió de ella dándole un abrazo a la barandilla de la escalera. Carlos reía con un poco de bufo en su corazón. Caminaron unas calles hasta llegar a la estación de tren, allí esperarían a un tren que les llevaría a las montañas donde se encontrarían con la colosal muralla. Any estaba emocionada y sacaba fotos a todo lo que veía desde una simple roca hasta una pareja besándose sin vergüenza en la central de la estación. Carlos bajo las pesadas maletas, y se sentó de golpe en la barandilla esperando que esta no se rompiera por lo pequeña que era. Pero no lo hizo, Any seguía los pasos de su caballero muy de cerca riendo por cada metida de pata del grande mastodonte, sentados en la estación esperaban al tren que venía un poco retrasado, pero sin ninguna dilación llego, después de cinco minutos de retraso. El tren paro en la encrucijada de la pequeña estación y después muchos pasajeros salieron de la cabina.  Ellos entraron casi que tropezando con las personas que salían del vagón y con una rapidez impresionante se sentaron en los primeros asientos que vieron, las maletas Carlos las puso encima de la cabina en una pequeña fisura que había para poner las petacas. Any miraba a Carlos con disimulo diciendo en su mente: ¡Gracias baby! Carlos se sentó haciendo múltiples quejidos. De momento el miro fijamente a Any —Cuando vea el mas mínimo peligro cancelo todo escuchaste— Dijo apuntando a la chica con el dedo índice. El viaje inicio con la puesta en marcha del tren y su portentosa corneta retumbando en la estación. Punto y coma inicia el viaje. Olvidando poco a poco los chiringuitos de la playa y su verano claro.              
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