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2635 Palabras
  Lanzaron los vestidos al aire y quedaron en un sexy diseño de roa ajustada y reveladora con escotes y faldas mínimas. Carlos abrí los ojos con asombros, la chica que hace algún par de semanas se quejaba por que la miraran con ropa, ahora se había convertido en una leona en el escenario. Alguien tuvo que haberla entrenado. De verdad en su mente no cabía la nueva Elly, pero le estaba gustando como se desempeñaba en su trabajo. Termino la música de sonar, y las chicas se metieron a sus camerinos. Carlos quería ver la cara que iba a poner Elly cuando viera que estaba allí, y había visto todo. El por supuesto pasó desapercibido. Ella ni noto que estaba allí.  Ahora Carlos colándose por una pequeña puerta, se introdujo a dentro de los camerinos, esquivando varios agentes de seguridad. Carlos llego a la puerta y vio las chicas toco un par de veces con los nodillos, las chicas se alarmaron. Entonces una de ellas salió y vio a Carlos. —Que se le ofrece— En perfecto chino. —Quiero ver  a Elly dile que soy Carlos.— Dijo el Abogado sin ceder en su postura de ver a su amiga.  La chica entro al camarote y después de un rato Elly salió un poco más vestida. —En hora buena— Dijo Carlos en tono burlón. —Pero no sabía que cantabas tan bien— La chica se sonrojo como un tomate cuando el abogado dijo sus efímeras palabras. —No digas esas cosas, me haces poner roja. —La chica se puso roja como un tomate, Elly al ver como las demás chicas creaban bululú en el camerino agarro a Carlos y lo llevo a la barra— Aquí hablaremos mejor sin el ruido que hacen mis compañeras de trabajo —   ¿Porque no me dijiste que estabas cantando así? —   No lo hacía hasta ayer, que el gerente me dio la oportunidad de poder cantar en el escenario. —   Pero me debiste haber dicho, sabes que soy responsable de ti hasta que tengas una casa propia y sin embargo, te cuidare también después de ello, ya que te veo como una hermana pequeña.  —   Qué lindo eres, —murmuro entre las amplias paredes pero Carlos no escucho—  hey ¿me estas escuchando? —   Si solo es que no… —se rasco la cabeza— la música está muy alta eso es todo, dime ¿hasta qué horas tienes que trabajar? Pregunto Carlos preocupado por su amiga la cual trataba como una hermana menor —   Pues hasta las dos de la mañana. —   Entonces me quedare para acompañarte así no te iras sola, —Ella negó con la cabeza. —   Tú tienes que trabajar mañana, tienes que dormir temprano. Carlos cerro los labios de su compañera con sus dedos e hizo un siseo con su boca. —   Yo sé lo que voy a hacer, así que quédate quieta, trabaja y después nos iremos, te esperare afuera porque ahora tengo ganas de fumarme un cigarrillo. —   Está bien, pero no dejare que te desveles por mí. Ya haz echo mucho por mí, quiero pagártelo de alguna manera. —   No… Ni siquiera se te ocurra regalarme algo. No estoy pidiendo que me pagues nada, solo  debes comportarte bien, terminar la universidad y conseguir un buen trabajo, con eso quedo satisfecho. —   Está bien… —   Además en que semestre de la universidad estabas cuando lo dejaste. Ella negó con la cabeza, sin mirarlo ni decir una palabra. —Y la secundaria— Pregunto Carlos algo preocupado por el nivel académico que podía o no, tener la chica. —Pues la termine hace como dos años, pero después de eso, no volví a estudiar. —su tono de vos cambio y se tornaba algo más quebradiza y débil— Mi mama tuvo un accidente de tráfico, después de eso, empecé a trabajar compraba las medicinas y a veces no tenía ni para comer, después de eso ella… —Elly soltó una lagrima— Ella murió por el cáncer que tenía. Sin ánimos de vivir tome malas decisiones, recurría a las drogas para cambiar el dolor que me estaba matando por dentro. Y salía a bares para despejar la mente, yo era una dama de compañía, —Él la miro fijamente con compasión— no era una prostituta pero hacia algo parecido: en teoría le sacaba dinero a la gente por estar con ellos acompañarlos a lugares y verles beber vino. En teoría como una esclava.   —Debió ser duro. Agrego con cariño el abogado, poniendo su mano en la espalda de la muchacha   —Pues sí, pero después de un tiempo, puedes volver a caminar, y tu haz sido de gran ayuda para mi reingreso a la sociedad, aunque esto—señalo el bar con sus ojos— Sea el principio.   —Tranquila, el principio siempre es algo duro, pero después puedes volver ser como antes. —Ella le sonrió— pero voy para afuera a fumar un cigarro. Nos vemos en un rato. Yo entrare a buscarte.   —Si como tú desees.   La chica queda pensando en que Carlos tal vez era el hombre más bueno que existía en la faz de la tierra, era un amor, con ella, no esperaba nada a cambio y encima la ayudaba en todo lo que pudiera. Con una sonrisa ella volvió al trabajo, evadiendo las burlas y bromas de sus amigas, al verla con un hombre apuesto y bien vestido como Carlos. Aunque Elly también dejo bien en claro eso con todas sus amigas. Y en ese camerino quedo estrictamente prohibido hacer alguna broma de ella con Carlos, más cuando el vendría todos los días a visitarla y llevarla a su casa, Carlos estaba esperando afuera, fumaba uno de sus cigarrillos, miraba al cielo distraído con dulzura en las nubes y en los cielos y altos edificios de la ciudad de Shangai, recapitulaba las cosas que habían pasado, Any, Elly y el. Que pasaría de allí para adelante, pues él no lo sabía. Lo que más le comía la cabeza. Era el pensar que la última base de sus contrincantes era la más peligrosa, y los mejores armados de la ciudad, contra ellos un bate de nada iba a servir, ahora solo le quedaba esperar a que Lee llamara para hacer desastres en ese depósito. —Temo por ti amada, Any no quiero que me digas que volveré, quiero ser aquel que te acompañe por el resto de la vida. Pero no sé qué decirte, ahora a estas alturas, si te digo que estoy ayudando a tu hermano solo sería un problema. Quiero que sepas que te quiero, y aunque lo haya dicho miles de veces solo espero que me entiendas en esta última decisión es por el bien de los demás, de Elly de Vanessa y de ti. Lo hago todo por ti, asi que ten en cuenta que no voy a dejar que me maten, pero si algo me llega a pasar recuérdame— En la soledad de la noche el hombre abrió su corazón, tanto así que se podían escuchar gritos de su palpitar, no eran gritos de dolor, ni de miedo, eran gritos de pasión combinados con amor. La peor de las cosas en el mundo, el hombre estaba más que enamorado, y su compromiso con Lee le detenía de escapar con Any y Vanessa a otro lugar. Varias veces paso sus manos pensando el cómo escapar, pero en todas moría. La única opción era escapar, y eso debía hacerlo antes de que cualquiera se diera cuenta de ello. Su pequeño reloj volvió a sonar. Y viendo la hora, se volvió a meter en el bar. A los minutos salió con Elly de un lado, quien ya había terminado su horario de trabajo. Ella se despidió hasta del portero quien parecía ser muy conocido de ella, hasta le dio un caluroso abrazo y un beso en la mejilla. Carlos quedo sorprendido pero poniendo rumbo al edificio se metieron al auto. —Era ya muy tarde y encima empezó a llover— Los dos se mojaron demasiado, cuando llegaron al edificio Elly como un relámpago se fue al cuarto a cambiar la ropa. El abogado hizo lo mismo, no sin antes despedirse de Elly. —Nos vemos mañana…— Dijo mientras entraba al cuarto de la fémina. Pero al entrar se encontró con la silueta del cuerpo desnudo de la joven. El sin inmutarse, lanzo una pequeña sonrisilla. Y la chica busco algo con que taparse. Poniéndose roja como un tomate con voz quebradiza entre la risa y la vergüenza ya tapada con un paño cubriendo su cuerpo. Se despido del abogado —Hasta mañana abogado— La mañana siguiente llego como un rayo. Al despertarse Carlos se aseo de manera rápida, y se fue al bufete porque en su despertador ya marcaba las 8:30 su descapotable estaba al máximo de velocidad y esquivaba las facciones de los autos entrantes a la carretera, pasaba por un lado de ellos y lo rebasaba como si fuera una película de cine. Al llegar al bufete pasó por la oficina de su patrona. Allí estaba ella bella como siempre, con su perfecto maquillaje y un vestido bien ajustado que dejaba ver las curvas de la mujer. Eso a él lo ponía al cien, su mente divagaba en el cómo, se la comería de pies a cabeza con amor desbordante en sus labios, o como bombas de éxtasis encallados en cada giro que su lengua pasaba por encima de los pezones de la chica. Que a la vez se ponían duros, —Y eso no era todo Pues los pantalones del chico ya hacia efecto— todo esto en unas fracciones de segundos, mientras decía: —Hola que linda te ves hoy. —Deja lo tonto Carlos siéntate que quiero hablarte de algo. —Que es mi patrona le pasó algo a Vanessa. —No ella está bien, No te preocupes por nuestra —Hizo énfasis en “Nuestra”— Hija ella está muy bien. Quiero proponerte un plan. —Ella jugueteo un poco con sus labios. —¿Que es mi patrona? sabe que le puedo servir para todo lo que usted desee. —Nos vamos a la playa… —Any tras decir esta palabras se recostó en su silla giratoria y abrió los brazos de un lado a otro— —   ¿Qué?... —Carlos estaba dubitativo con la actitud de su jefa tan deseada por el.   —Como escuchaste cari… Nos vamos a la playa. Ya hemos trabajado mucho y no hemos tenido ningún descanso para nosotros. Ahora si nos vamos alguna de las hermosas playas de china. —No pero espera y ¿el bufete? —Que se encargue Alexandra —Apunto con los labios, a la chica que escribía folios en su escritorio. —Si pero que va a decir la gente, no va a empezar a sospechar de que tú y yo nos ausentamos mucho en la oficina, para irnos a quien sabe dónde. Las secretarias ya están haciendo rumores, escuche por los pasillos que tú y yo, estábamos saliendo. —Pues que ellas digan lo que quiera, además sino están trabajando las despido, por eso les pago para hacer documentos no para chismosear en la oficina. —Oye cálmate, solo digo que tenemos que planearlo mejor. —¿Qué pasa es que acaso no te quieres ir conmigo? ¿O es que no me quieres ver en un traje de baño? Te aseguro que soy demasiado sexy en un traje de baño —Jugo con sus Senos un poso— —Pues claro que te quiero ver en traje de baño. Solo es que si un hermano tuyo se entera nos va a matar. —Ahora tienes miedo. —Sí. Tengo miedo, y sabes ¿de qué tengo miedo? Pregunto el abogado. —No lo sé dímelo. —Pues tengo miedo de perderte, de nunca más  volver a ver esos hermosos labios, o tus ojos, o tu rostro que me tiene hecho polvo, porque pienso en ti todos los días a cada minutos, segundo o a cada momento de la vida. No entiendes que me enamore como un adolescente, como un niño sin remedio y que no me perdonaría ni la más mínima pizca de ineficiencia al protegerte. Por eso… por eso me tomo todas las precauciones del mundo. —Diablos que cursi eres —Dijo la chica mientras se levantaba de la silla— Pero te has ganado esto. Con rápido actuar, ella se puso en pie, y le planto un beso francés dejando al abogado sin palabras dejando que fluyera por dentro de él, y viceversa. El agarro la cintura de la chica. Ella puso sus manos en los hombros del abogado, pasando antes por su marcado pecho, —Ella se ponía loca con ese pecho— el bajo un poco más las manos, como al nivel de sus caderas y se apoyó de ahí, aprovechando con un poco de descaro subió un poco el pliegue de su vestido, ella sintió un poco de frio en las piernas que era un calentadas un poco por las manos del chico que subían y bajaban como ascensor de rascacielos. Ella continúo el beso. —Nos pueden ver— Susurro el a ella. —Pues que nos vean igual soy la puta jefa de aquí— El con una risa picara siguió besando el cuello de la fémina haciendo que ella se contrajera en respingos de amor. Pasaba por todos los lados de la chica, ella se aferraba  a su espalda, su lengua inquieta hacía de las suyas en las praderas de su pecho y la trinchera de éxtasis en su escote. —Ahora si empecemos— Dijo el mientras bajaba lentamente el cierre del escote de la chica, dejando ver el sostén de color rojo que la chica portaba con gran seducción. El cabello de Any cubría todo la cara de Carlos, haciéndolo pasar un calor insoportable, —Ella reía constantemente— El pasó sus manos por los pechos esponjosos de su jefa. Se besaban sin cuartel la lengua de uno buscaba la del otro dando giros traviesos cargados de ponzoñas con un veneno más letal que cualquier toxina únicamente: cargados de amor. A su vez agarrados de las manos con sus dedos entrelazados completamente. —   ¿Qué está pasando aquí? Dijo Patrick entrando a la oficina de Any. Any en un reflejo se separó de Carlos y después se acodo el vestido. —¿Qué demonios es esto Any?— Dijo el mafioso confundido por la escena tan acalorada de los dos jóvenes. — ¿Tu hermana sabe algo de esto? Any no respondía nada se encontraba bloqueada viendo a los ojos del asiático que los miraba con dudas —Haces demasiadas preguntas. Patrick, dijo Carlos parándose de la silla —Cállate extranjero, tu nos mentiste a todos, cuando la familia de Any se entere te va a comer vivo. —Tú y cuantos más. Respondió Carlos en un tono agitado. —Solo yo bastardo. Sin piedad Patrick soltó una bofetada al rostro de Carlos y el abogado por el impacto, cayó al suelo casi inconsciente. Patrick alzo la mano  a Any que quedo paralela a lo que estaba pasando viendo como él estaba a punto de pegarle. Del suelo se levantó Carlos y y rápidamente agarro la silla donde estaba sentado y con todas sus fuerzas le dio un golpe directo a Patrick, el sollozo y cayo al piso al instante. Carlos agarro Any —aun anonadada— y salieron de la oficina corriendo rumbo al estacionamiento, dejando al bufete en alboroto y un moribundo mafioso inconsciente en el piso        
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