12

3259 Palabras
            —¿Porque tenemos que irnos mama?                                                                                  —Debemos regresar a trabajar Vanessa, tu papa y yo tenemos que mantenerte. La niña no se explicaba porque debían dejar las montañas e irse a la estrepitosa ciudad de Shangai.  Carlos estaba en el baño terminado de vestirse y acomodando las maletas para regresar a casa. Any se ocupaba de cuidar a la niña. Vanessa era un pan de dios, pero había veces que se comportaba de forma contraria. —Ya estoy listo. Vámonos a casa. Dijo la inconfundible voz de Carlos en la saliendo del baño. —Entonces vámonos. Afirmo Any con desespero por llegar a la ciudad. Bajaron rápidamente a la recepción, y Any casi lloraba al despedirse de la señora Mixhao, su anfitriona desde la semana que llegaron hasta hoy que se iban. Ella con un cuidadoso abrazo y una fuerte sonrisa, —de las más verdaderas— se despidió con un —Vuelvan pronto muchachos cuídense— Any al escuchar esas palabras casi tira la toalla en ponerse a llorar. Carlos miraba como las mujeres podían ser hipócritas a veces, pensaba que ella odiaba a la señora Mixhao por haberla tratado como una quinceañera. —           aunque pareciera mucho una de ellas— pero ahora su actitud había cambiado.  Y lo que antes le causaba risa y rabia, ahora solo melancolía, —¿Que pasa jefa? vámonos debemos regresar a Shangai—  Any pudo despertar del trance en el que estaba y volviendo en si agarro sus maletas para esperar el taxi que los llevaría a la parada del tren, —que por cierto salía una vez cada seis horas— era mejor para ellos estar puntuales para que no desperdiciaran horas extras. —Pero debemos volver lo más pronto posible— Carlos la miro y se echó una carcajada —Te gusto tanto estar a solas conmigo— Alzo las cejas un par de veces. —Que chistoso. —Volteo los ojos— Solo digo que la vida aquí es muy bonita.    —¿O es que te gusto dormir conmigo? Pregunto Carlos bufándose de ella.           —Ay si, eres todo un inmaduro, no le des esos ejemplos a la niña.                                    —¡A mama le gusta Dormir con papa! Grito a todo pulmón en la carretera. Las personas volvieron a volear y entre susurros reían. —Tapando sus bocas por supuesto— Carlos se rio de la situación tan divertida, mientras que Any se cruzaba de brazos y se ponía tan roja como un tomate, de la pena que estaba pasando, mezclada con algo de ira contra el gorila de su subordinado. Que a veces la hacía sacar de quicio. El taxi llego con dos minutos de retraso y sin más tiempo que perder se metieron en el apretado coche. Any se despedía por la ventanilla del auto de La señora Mixhao, mientras que Carlos jugaba con la Vanessa. Diez minutos se estuvieron para llegar a la parada del tren. Abordaron sin dilaciones,  y Any se sentó en una de las ventanas amplias para contemplar al cien el paisaje de la mágica villa de Hongcun. En sus piernas llevaba también a Vanessa que jugaba con la muñeca que le había comprado Carlos. Y este mencionado se sentó a un lado de ella, mientras que la veía con atención. Miraba un poco sus senos, su espalda, su cuello  —que le hacía preguntarse si morderla o no— que le pasaba, acaso no era… No, no, podía ser, un hombre de su edad, con esas cosas de niños, era verdad, si le atraía pero no para lo que estaba pensando, a lo mejor estaba variando con la atracción que sentía, pero así como lo pensaba no. Pero no le iba a dar más vueltas a la cabeza, solo quería disfrutar aquel paisaje de lo más bello. No quería perderla, si fuera por él, quería que pasaran el resto de la vida en las montañas, lejos de los estruendos de la cuidad y de los líos con la familia de su amada. Pero tampoco podía negar que él tenía que ayudar a Lee a terminar su guerra. Esa maldita guerra en la que habían caído y yo no había nada más que vencer o morir.   —Te pasa algo Carlos. —Lo miro Any.   —No tranquila, jefa es que pensaba en los asuntos en la ciudad, y que mi departamento debe ser un desastre.   —¡JA! Así de desordenada es tu prima.   —Algo así. Pero lo que más me preocupa es que haya encontrado trabajo.              —Bueno dile que se pase por la oficina. —Carlos pensó en la silueta de Elly vestida de secretaria, seguro formaría un escándalo en el primer momento- —No mejor deja que ella busque por su propia cuenta, además creo que nunca le ha gustado ser secretaria.   —A bueno como tu digas. Sin más palabras, Carlos estiro el brazo  y lo paso por detrás de la cabeza de Any, sin ningún tipo de temor, se acercó a ella y pego su cabeza al bonito cuello que le acompañaba, después de eso en un ceño profundo cayo el abogado, dejando a una Any acariciándole el cabello y pensando, estaba segura que si su familia lo descubriera lo iban a matar. Pero sabiendo que el mejor fruto era la del árbol prohibido, que él era un en un millón y que también iba a poner algo de su parte para que fluyera la relación lo más fácil posible, aunque alguna hermanastra les estuviera vigilando. Ya había pasado cinco horas en viaje, pero después  la alarma del tren le despertó del profundo sueño. Ya habían llegado a Shangai, los rascacielos y portentosos edificios se dejaron ver. Vanessa está muy sorprendida con los edificios. Grita de emoción gritando el nombre de Any. Ella la tuvo que tranquilizar para no armar un escándalo. Carlos estaba despertando del sueño y saludo a su jefa con un beso en el cachete. Después reviso el bolsillo esperando que las llaves estuvieran ahí, sin problemas las encontró. Los tres se quedaron en la estación de donde habían partido. Carlos apurado por ir a ver como estaba Elly y por dormir más, le dio un beso francés a su patrona pasando sus manos por su cintura. Y presionándola contra su cuerpo. —Oye nos pueden ver.                                                                                                                                —Sabes tengo tanto cansancio acumulado, que si nos viera uno de tus hermanos, en vez de correr prefiero morir. —No digas tonterías. —Papa va a morir— Grito la Pequeña Vanessa. Y toda la estación volteo  a ver a la pareja. Any cerró los ojos y subió los hombros un poco, en señal de vergüenza —Hay que trabajar en eso —Dijo Carlos, sonriendo sin pena ante la gente— Nos vemos mañana amor, llévate hoy a la niña. Any muda de la pena solo afirmo con la cabeza. Y cuando abrió los ojos ya Carlos se había ido. —Vámonos Vane— agarro a la niña de un brazo y fue a buscar un taxi para llegar a su condominio.  Carlos estaba llegando a la casa, pensaba si ella se había apañando las dos semanas de ausencia en su casa, esperaba que cuando abriera la puerta no encontrara una pila de ropa sucia la que él tuviera que lavar y encima un montón de cajas de pizza sobre la mesilla de la sala o lo que peor le parecía a él. La concina sucia y repleta de platos mugrientos. Sabía que Elly no era una chica vieja, al contrario solo tenía que tener como algunos veinte y cuatro años,  si a mucho, y los jóvenes son demasiados perezosos. Se paró de lleno ante su puerta. Esperando no encontrar al infierno y el mismo demonio. Inhalando aire entro al departamento, y sus ojos se sorprendieron por lo que vio. No había ni una pisca de suciedad, la vajilla estaba lavada, los platos en sus respectivos lugares, corrió de golpe a los cuartos, y estaban perfectamente acomodados, incluso el suyo que lo había dejado desordenado. —¿Pero qué demonios paso aquí?— pensó mientras en la sala buscaba indicio de vida humana, era imposible que el edificio estuviera en perfectas condiciones, no se lo podía creer. Pero bueno tal vez juzgo mal a Elly, ella no se encontraba en el departamento. Carlos tenía un cansancio insano que hacía que sus ojos pesaran como una tonelada cada uno, y sus hombros también estaban tensos y adoloridos. Fue a la cocina, y saco un vino de dieciocho años, se sirvió un poco en  una copa, y vagando entre recuerdos fue caminando al sillón donde sin ansias se sentó y recostó la espalda. Bebió un sorbo de la copa y pretendió esperar a la chica, cosa que no pudo hacer por que el sueño lo invadió de manera ilícita y después de unos pocos minutos cayo en profundo sueño dejando el televisor y la radio encendida. Las bofetadas suaves de Elly despertaron a Carlos. —Despierta que estas durmiendo mal.  Dijo ella con gran atención al chico. Carlos despertó al instante, y lo primero que vio fueron los grandes pechos en frente de el, que rebotaban de un lado a otro cuando se movía la fémina. —Perdón te estaba esperando —Se limpió los ojos— quería saber cómo estabas, porque entre al edificio y no encontré ni señal de que alguien viviera aquí. Todo estaba limpio y en su lugar, los platos lavados, en realidad me sorprendí demasiado. Y encima mi cuarto estaba acomodado, pensé que te habías ido. —Deja lo tonto, solo Salí a comprar verduras —Vacilo la bolsa de verduras que traía  en un lado del brazo— Oye no dejes la puerta abierta, alguien malo puede entrar, tu sabes a lo que me refiero. Además ¿a que viene lo de ordenada? no soy tan desordena que pensaba que no iba a limpiar algo la casa. —Se cruzó de brazos con una actitud dominadora— pero no solo he malgastado tu dinero, mientras tu no estabas, también conseguí un trabajo, —Sonrió con toda su cara— bueno no es la gran cosa— volteo, los ojos, y  a Carlos eso, le recordó mucho a Any tal vez en china era muy común hacer eso— es de camarera en un bar. Añadió ella encogiéndose de hombros. —Ningún trabajo es deshonra. —Añadió Carlos— Además estás haciendo muy bien, las cosas,  además te voy a pagar por que mantuviste bien limpio mi departamento, espero que tu cuarto no sea un desastre. —Comento con un tono de sarcasmo entre ricillas— —Claro que no, soy muy ordenada, si quieres puedes ver que hasta mi ropa interior está en perfecto orden. —¿Puedo hacer eso? Pregunto Carlos sorprendido.  —Si con gusto vamos. Alto allí —Carlos detuvo a la chica— me voy a dormir, mañana tengo mucho trabajo, después me mostraras tu ropa interior—Se rasco la cabeza— a se me olvidaba —Él se giró con los talones— Esa maleta es tuya, confundí las maletas, entonces no tuve ropa en Hongcun, todo eso es ropa tuya. Bueno voy a descansar —Y yo  trabajar. —Añadió ella con gran ímpetu —Pero no trabajas de camarera son casi las siete de la noche. —Si en un bar nocturno. Pero no te preocupes, me puedo defender sola —Apretó el puño. —Está bien pero cuídate. —   ¿Te dejo algo de comer? —No dudo que coma algo, estoy tan cansado que dormiré de lleno hasta mañana. —Nos vemos mañana Abogado. —Igual Camarera cuídate. Elly espero a que Carlos entrara al cuarto, y se echó una pequeña risa, apretando sus brazos, esa chica sabía que él, era muy buena persona y que en la faz de la tierra era uno de un millón. La Tarde siguiente Carlos comía helados con su patrona como era de costumbre, ahora no solo esperaban para regresar al bufete si no ahora esperaban en la tarde a que Vanessa saliera de la escuela. La pequeña niña mostraba avances en su conducta, ya no le daban ataques de pánico, aunque la gente no se le podía acercar tanto por que empezaba a desconfiar. Pero sin adherir eso, lo demás estaba viento en popa. A veces Carlos quería estar mas a solas con su jefa, la deseaba con todo su cuerpo y alma. No podía soportar estar lejos de su amor. Y la única barrera que lo impedía era su familia.  Su portentosa familia.  Que iba a hacer con sus dos hermanos restantes, por que lee no presentaba ninguna dificultad. En cambio hasta hablaban del asunto. Pero Dan y Rebecca si serian una espina dolorosa en el camino. —Any ahora que estamos  solos te tengo que preguntar algo —¿Qué es? dímelo. Respondió con helado en la boca y una sonrisa ferviente.   —¿Que vamos a hacer con el asunto de tu familia?   —No lo sé… —Respondió con total calma, añadiendo que tenía el helado en la boca y saboreaba hasta la última pisca de él— Ay vámonos de Shangai, vámonos a otro lugar, escapémonos juntos y después nos apañaremos en otro país. Carlos no sabía el cómo responder ahora a su actitud descuidada,   Antes esa misma Any hubiera dicho, que no podían hacerlo, porque les perseguirían hasta el resto del mundo habido y por haber. Pero lo que le inquietaba era la última tarea que tenía que hacer para Lee. Desmantelar la última base de sus contrincantes. La más peligrosa  y hasta lee se había ofrecido a acabar con el enemigo de una buena vez. Ahora el sentía un miedo algo traumático que lo hacía vacilar en sus decisiones, por una parte, se sentía como un ganador y sabía que podía hacerlo todo por su amada, su hija y su gente. Pero por contra parte despertaba sollozando en las peores pesadillas de muerte que se le pueden cruzar a una persona.  La esperanza fluctuaba y en su corazón y el vaivén de emociones componían la melodía que tocaba la sinfonía de la paranoia en su mente. —Confiare en ti jefa, pero espero que no haya algo de que arrepentirse, estamos muy bien para que algo malo sucediese. —Él le agarro la mano de forma cariñosa— Sabes que no me perdonaría que te pasara algo. —Deja lo tonto abogado,  no nos va a pasar nada, mejor vámonos al bufete, hay mucho trabajo que hacer.             La tarde paso entre folios de papeles, pero en su mente el pensamiento cómplice de pensarse como rutina diaria. Carlos ponía los papeles y carpetas en el lado izquierdo de la mesa, dejando el lado derecho despejado para poder ver bien a la mesa de su jefa. Por otra parte Any dejaba su parte izquierda abierta para hacer lo mismo con Carlos. Entre miradas esos ojos picaros imaginaban miles de fantasías, solo dios sabrá lo que pasaba en sus mentes, aunque no era raro pensar en que se estaban comiendo a besos —y no solo a besos— en cada mente separada, pero con la única ambición de tener ese placentero momento de pasión. Aunque los últimos sucesos no les habían dejado vida. Y estaban tan atareados que mirar iba a ser el único amor que se iban a dar mutuamente.             Las cinco de la tarde en Shangai se hacían notar, y la patrona estaba  a un lado de Vanessa despidiéndose por hoy de su amado abogado. Carlos con un beso en la frente se despidió de su hija, mientras que a si jefa bueno… Fue más abajo el beso. En dirección a la boca implanto su lengua y despidió a su enamorada. Sabían que en unos momentos hasta mañana no se iban a volver a ver, el elevador era testigo de ese amor tan confuso. La compuerta del mismo los separo y marco la despedida del día. Carlos espero a que el auto de Any saliera para bajar el. Por la ventana del piso siete pudo ver como su auto salía en perfecto estado. Y mirando a su reloj se marcó rumbo a la nueva dirección. Algo que muy poco frecuentaba.             Carlos salió en su descapotable, en dirección al bar donde se encontraba trabajando Elly, el hombre estaba bien preocupado por el bienestar de su amiga. Y como era de pensar iba a visitarla para ver que podía hacer por ella. Condujo no más de veinte minutos.  Y en una zona algo alejada de la parte central de Shangai pudo encontrar el sitio que Elly le había dicho.  En la puerta estaba un gorila de dos metros y de aspecto rudo. Carlos trago algo de saliva para poder hablar con el jefe. Y el portero lo que le pidió fue su identificación, como Carlos no tenía solo saco su pasaporte y se lo dio. El tipo escrutaba los documentos y no puso muchos peros, además el le indico pasara haciendo una señal con los dedos, y afirmando con la cabeza.             Adentro había un ambiente más agradable, algo más relajado algunas parejas salían por el pasillo, y otras entraban, el interior estaba oscuro, parecía más una discoteca que un bar, habían muchas luces de neón, y chicas por todos los lados, la música retumbaba en las paredes y en los oídos del abogado que le incomodo esto. Unas luces adornaban las barras y las mesas estaban repletas de gente, esperando a por una bailarina. Esa bailarina era desconocida. Pero cantaba con voz de oro, así decían los rumores, que corrían por el bar. Carlos se sentó en la barra, pidió una copa. El camarero fugaz a la orden de su cliente preparo una. Sirvió la copa con total cuidado de no derramar ni una gota de su licor y Carlos sorbió de ella. El licor se basaba en algo caliente, que con el pasar de los segundos se transformaba en frio y a la vez picaba un montón. Eso no le disgusto para nada, le pareció apropiado para el tipo de bar. Una voz del silencio emergió: —Buenas noches, ladies  and Gentleman bienvenidos a la casa de Los sueños su bar favorito. Ahora presentaremos a la sensual y talentosa. “Venus”… En ese mismo instante de la nada apareció una luz apuntando a una sábana roja. De ella salió Elly vestida de gala con un antifaz, otras muchachas salieron por el telón, los hombres empezaron a gritar descontrolados. Carlos no se dejó ver la cara, para ver la actitud de Elly cuando él no estaba. La chica empezó a cantar una melodía,  la tarareaba, la susurraba, la silbaba y finalmente canto la letra. La voz era perfecta no desafinaba en ninguna nota. Ella también bailaba, una coreografía sensual para atraer las miradas, aprovechando la piel blanca, el voluptuoso trasero y su hermoso pelo. Las piernas largas y estiradas deslumbraban y brillaban con las luces del escenario. Llevaba un vestido rojo de lentejuela, la hacía ver años más adulta y madura, sin duda un escenario que no había visto antes. —No sabía esto de ti— Susurro entre las copas del bar. Turbado en la mente lo único que pudo hacer fue observar los movimientos de la chica. De un momento a otro la lenta música cambio por fuertes retumbadas de música pop. Y las chicas —también Elly— Se soltaron los vestidos de un jalan. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR