—Deberia de irme.— Murmura acomodando un mechón de su cabello. —Quedate.— Pide al unísono. Y ambos sueltan una pequeña carcajada al haber hablado al mismo tiempo. Claramente siendo un mecanismo de defensa ante la vergüenza que estaban sintiendo en este preciso instante por ese beso apasionado que por demás le había gustado a los dos. Y no había nada qué pudieran hacer para no pensar de aquella forma, es más no podían dejar de pensar en el mismo. —Lo siento.— Se disculpa Eros elevando levemente sus ojos hacia los de ella. —Solo creí qué sería bueno pasar un poco más de tiempo juntos.— Murmura subiendo sus hombros. No quiere que se sienta obligada, y es por eso qué no puede hacer más qué observarla, cruzando sus dedos, de manera mental, esperando que la rubia acceda a a tener un peque

