—¿Está abierto?— Eros aparece por la ventanilla de take away. Sorprendiendo a una Lola con leves ojeras debajo de sus ojos, por lo cuál, cuándo ella levanta la vista con una tierna sonrisa, que le cuesta mucho trabajo hacer, Eros frunce su entrecejo al observarla de aquel modo tan cansada. —Buenos días, si.— Sonríe nuevamente y avanza hacia la puerta principal para sacar el seguro y abrir la misma. No se había dado cuenta de que se había pasado unos minutos del horario habitual de apertura, y es por eso que todavía no había podido destrabar los seguros y habilitar la entrada a cualquier persona que quisiera consumir en el establecimiento. La zona de take away comenzaba una hora antes, y era una gran ventaja para los estudiantes que ingresaban al colegio en ese horario, o para incluso

