La Cenicienta Asesina

2191 Palabras
Me desperté esa mañana como si nada, ya estaba acostumbrada, ellas esperaban que hiciera los quehaceres y nunca ayudaban en absoluto. Estaba totalmente cansada de mi madrastras y mis hermanastras. Maldita la hora en que a mi padre se le antojo casarse con esa bruja y dejarme sola con ella. —Erika, mamá te esta llamando —Dijo mi Ángela, mi hermanastra, fuera de la puerta. —Dile que ya bajo —Conteste sin mirar a la puerta, me apresure a ponerme una remera y un pantalón de pana. —Mocosa, ¿Qué son estas horas de levantarse? —Pregunto ella con irritación, intente ocultar mi molestia, pero era evidente que podía notarlo. —Madre, mi nombre es Erika —Le dije rápidamente, ella siempre me exigía que le hablara así porque quería borrar todo rastro de mi madre, incluso en mis recuerdos, que eran casi nulos. —No me importa, ¿Hiciste la colada? —Pregunto con revuelo, yo estaba algo nerviosa porque realmente no me había acordado de eso. —Me olvide —Mis palabras hicieron que ella se alterara, sus ojos se saltaron de su rostro, pensé que en cualquier momento saldrían disparados de sus cuencas. —Niña estupida, como es posible que no hagas las cosas que te pido, acá vives de mantenida y ni siquiera eres mi hija, mejor ponte las pilas o tu y yo tendremos un problema serio- Levanto la mano para darme una cachetada, pero yo no estaba dispuesta a dejar que me tocara. —Si me golpea juro que la denuncio por violencia —Ella bajo la mano al instante, estas amenazas siempre dan resultado con ella y de esta forma evito que me agreda físicamente. —Mejor ve a hacer la colada o me enfadare mas —Soltó sin mas y yo saque mi celular para ver la hora y fui a hacer la bendita colada. Mi madre falleció cuando yo apenas tenia seis años, casi no recuerdo nada de ella, mi madrastra se aseguro que la olvidara. Mi padre se caso con ella cuando cumplí los diez años, creyó que necesitaba una madre, pero mas que eso; yo lo necesitaba a el. Mi madrastra vino con dos hijas gemelas de mi misma edad, pero que me odiaban a muerte. Desde niñas hemos peleado siempre, yo tengo diecisiete años y aun no puedo irme de la casa, pero realmente deseo pronto desaparecer y ver de lejos, como hacen ellas para arreglarse por su cuenta. Debido a la muerte de mi padre dos años después del matrimonio, quedamos en la ruina y mi madrastra tuvo que despedir a los sirvientes. Ellas se creía que eran finas, ricas y fresas, no podían ser menos. Decidieron tomarme a mi como la sirvienta, así ellas gozarían de los lujos que les proporcionaba la herencia de mi padre. Era poca en verdad debido a que su empresa quebró luego de su fallecimiento, ellas se gastaron todo el dinero y no lo invirtieron en la empresa, ocasionando la quiebra. Yo soy la sirvienta, además tengo un trabajo con el que mantengo sus lujos y holgazanerías. Hubieron veces en que odie a mi padre, lo maldecid y quise que se pudriera en el infierno por haber desposado a esa mujer. Prefería haber crecido en un orfanato que hacerlo con ellas, no hubo día de mi vida en que no me hicieron sentir inferior y menos que ellas. Cuando en realidad soy la verdadera heredera de todo lo que gastaron. Pero eso se iba a terminar, tenia un plan y pensaba ejecutarlo lo mejor posible. Acabaría con ese reino de soberanía y les haría ver que no soy como creen, que no pueden despreciarme y tratarme como una estupida. Les haría pagar todo el daño que me habían causado y con sangre lo pagarían. Cuando volví a la sala, me encontré con Ángela y Eusteria corriendo sin parar. Ambas estaban enloquecidas tirando ropa y cosas por todos lados. Estaba furiosa, ahora yo tendría que ordenar eso, ¿Acaso tenían que ser tan brujas? Tenia unas ganas inmensas de hacerles limpiar sus porquerías con la lengua. —¿Que está pasando acá? —Pregunté exasperada, esto me estaba dando ganas de hacer algo prohibido. —¿Como que esta pasando? El hijo del presidente dará una fiesta para poder encontrar prometida —Comenzó a decir Ángela chillando de emoción, yo me reí internamente, como si el hijo del presidente estaría interesado en alguna de ellas dos. —Todas las chicas del país están invitadas —Agrego mi madrastra cosa que me dio gracia, pleno siglo veintiuno y seguimos con los matrimonios arreglados y el desespero de la mujer por encontrar hombre con plata. Estoy perdiendo la fe en la sociedad. —Eso significa que yo también puedo ir —Solté con alegría, una fiesta siempre resulta agradable. Ósea, fiesta, alcohol, perreo y hombres guapos, ¿Quién no querría ir? —Claro que no irás Erika —Dijo ella fulminándome con la mirada, mis hermanastras me dieron una mirada de burla y yo las ignore por completo. —Eso es lo que tu crees —Solté sin mas, no es como si fuera la primera vez que me toca fugarme para ir a festear con mis amigas. Ósea, soy una experta en esto de salir a hurtadillas de mi propia casa. Soy buena confeccionando ropa, siempre soñé con tener mi propia tienda de ropa y convertirme en una diseñadora famosa. Ha sido un anhelo de toda la vida, mi madre tenia el mismo sueño, pero lo abandono para tenerme a mi y aunque ella siempre parecía feliz, realmente no lo era, al menos no al cien por ciento. Muchas personas dicen que las mujeres estamos cien por ciento completas al tener hijos, como si nuestra única misión en la vida fuera parir. En realidad nosotras somos tan importantes como los hijos y aunque tengamos mil hijos, no seremos cien por ciento felices ni estaremos totalmente completas si no alcanzamos nuestros sueños y metas. No somos incubadoras, tampoco fabricas de hijos. Somos seres como cualquier otro, podemos ser felices sin tener hijos y también podemos serlo con ellos. Cada cual tiene su sueño, hay mujeres que sueñan con casarse de blanco, tener hijos y cuidar de la familia como amas de casa. Ese no es mi sueño, felicito a las mujeres que lo desean, pero no es mi caso. Suficiente ya he limpiado y he sido ama de casa teniendo que mantener a esas tres holgazanas, no quiero mas gente a quien mantener. Solo quiero mantenerme a mi, si me caso quiero que sea con alguien que me sume y no me reste. Que me alce y no me ancle al suelo, que me acompañe a soñar y celebre mis triunfos, no alguien que tenga miedo de mi éxito y sienta que mi triunfo es una patada a su orgullo. ¡Eso es lo que deseo! Dos días me tomo coser el vestido que usaría en la fiesta, era algo sencillo, corto y fácil de mover. Un vestido perfecto para perrear toda la noche sin excepción. No me importaba nada mas que disfrutar de mi vida al cien por ciento. Esta noche ejecutaría el plan perfecto y luego iría a la fiesta a pasarla en grande, finalmente regresare acá y disfrutare el espectáculo. Me coloque el vestido perfectamente y me peine como toda una perra salvaje. Estaba lista y preparada, primero fui a ver a mi madrastra quien me pidió que ayudara a sus hijas a ponerse hermosas para el hijo del presidente, cosa que hice sin dudarlo. Cuando Ángela me vio acercarme a ella con mi hermoso vestido, me miro con unos ojos de envidia. —Acaso eres sorda Erika, mi madre dijo que tu no irías a la fiesta —Soltó la estupida chica que no sabia lo que se le avecinaba. —Claro que iré, ¿Acaso tu lo impedirás? —Le pregunte mientras sacaba de mi espalda mi mano derecha, esta poseía un cuchillo afilado y de golpe; todo el valor de Ángela desapareció. —¿Qué intentas? Si no fuera por madre estarías en un orfanato —Murmuro la chica con temor, yo solo sonreí victoriosa. —Preferiría haber crecido en un orfanato en lugar de cómo tu estupida criada, pero se termino, ya no volverás a ensuciar los pisos y tirar tu ropa para todos lados —Musite con mi mejor cara de psicópata, pensaba infundiré todo el miedo que me fuera posible. —No volveré a ensuciar, lo prometo. Hare todos tus quehaceres a partir de ahora —Comenzó a decir ella de golpe, ¿A dónde se fue todo tu maltrato Ángela? Impresionante, con un cuchillo en la mano recibo finalmente tu respeto. —Claro que no volverás a ensuciar, eso dalo por hecho —Continúe diciendo y lance la mejor risa de psicópata que pude, estaba en el cielo y no pensaba bajarme de el. —La gente lo sabrá, ensuciaras el nombre de tu padre e iras a prisión, si me matas arruinaras tu vida por completo —Comenzó a decir ella, pero yo me reí sin parar. Tenia todo planeado, ellos jamás sabrían quien fue la asesina en esta historia. —Te equivocas, mi plan no fallara. Solo tu y yo sabremos sobre esto y como dice el dicho; “Los muertos no cuentan historias” —Fue lo ultimo que dije antes de lanzarme contra ella y apuñalarla hasta la muerte. Mi vestido se mancho con un poco de sangre, pero quedaba tan bonita y delicada, todos pensarían que era parte del diseño. Me prepare para continuar la travesía, corte en pedazos a Ángela y lleve su cabeza en mi mano, traía un guante por ende no dejaría huellas en absoluto. Me encamine al cuarto de mi segunda hermanastra, esta estaba tranquila poniéndose los adornos en la cabeza. Se veía tan patética, ya ansiaba poner mis manos sobre ella hasta matarla. Era quien mas odiaba, eso era evidente. De niñas solía agredirme físicamente todo el tiempo y yo siempre soñé con el día en que pudiera vengarme por ellos.   —Eusteria —Murmure bajo, el sonido de mi voz era tan fantasmal que pude ver como se tensaba.   Ella me miro y yo le sonreí, saque la mano que escondía detrás de mi y pude dejarla ver la cabeza de su gemela. La lance a sus pies y ella se horrorizo, me observo y comenzó a gritar por el nombre de su madre, me reí sin poder evitarlo y salte sobre ella para asesinarla a cuchillazos. La apuñale tanto que quedo completamente irreconocible, eso era perfecto para mi y me sentía tan bien de que así fuera. La corte en pedazos y la deje ahí tirada junto a la cabeza de su hermana.   Luego me toco el momento mas gratificante, estaba ansiosa de llegar hasta mi madrastra y hacerle pagar tantos años de maltrato. No olvide llevar las cabezas de mis hermanastras. Cuando ella me vio empapada de sangre, con los ojos hundidos y la mirada inexpresiva, sintió un fuerte terror recorrerle el cuerpo entero sin excepción. Lance las cabezas de sus hijas a sus pies y ella me miro impactada.   —¿Por qué? —Pregunto cínicamente y yo me reí a mas no poder.   —Por que estoy cansada de vuestro abuso, llego la hora de mi venganza y vaya que la estoy disfrutando —Solté sin mas, ella observo el cuchillo lleno de sangre en mis manos y me vio con terror.   —Tranquila, no voy a apuñalarte, al menos no hasta la muerte. Mereces sufrir tanto como he sufrido yo maldita perra —Termine de decir rebosante de alegría.   Hice mi acto perfecto, me lance contra ella y le corte los brazos y las piernas mientras ella gritaba de dolor. Luego la ate a la cama y me despedí totalmente alegre de ese cuerpo inerte, fui por la gasolina y la lance sobre su cuerpo y las cabezas de sus hijas. Encendí con un fósforo y entre gritos desgarradores, su cuerpo se fue quemando y tornando n***o. Me reí en silencio, abandone la habitación y rocíe el resto de la casa con esa gasolina para luego encender toda la casa.   Me cambie el vestido, me puse otro que había hecho para el baile. Prepare dos, uno para la fiesta y otro para el asesinato, este ultimo se quemo con la casa y yo me fui a la fiesta viendo de lejos como la enorme casa donde había compartido hermosos momentos con mi padre y mi madre, se reducía a cenizas y se quemaba sin piedad.   Disfrute esa noche en la fiesta como nunca en la vida, esa era la coartada perfecta. Recibí una enorme suma de dinero por el seguro de vida de mi madrastra que era mas de lo que esperaba y con ese dinero me mude muy lejos donde continúe con mis crueles asesinatos. Pero no hacia personas inocentes sino hacia hijos que sufrían abuso de sus hermanos y padres. Asesinaba a estos de la misma forma que asesine a los míos, sin piedad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR