Pero lo que le atrajo fue la sensación trascendente de estar en lo alto de la tierra, donde no se oye nada más que el zumbido relajante del motor, donde el cielo se convierte en una manta acogedora y las nubes en almohadas de tranquilidad. Con el tiempo, Marcus aceptó el deseo de sus padres de que tuviera una buena educación, una profesión sólida. Por ellos, se volcó en sus estudios y se graduó con honores. Superó los exámenes de admisión a la universidad, y solicitó plaza en varias universidades. Sabía que estaba cualificado, pero la idea de endeudarse mucho y tener varios trabajos mientras estudiaba le desanimaba. Aun así, miraba el buzón todos los días en busca de noticias alentadoras. Rosa abrió la carta que Marcus estaba demasiado nervioso para leer él mismo, y una sonrisa de orgull

