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Amor y peligro

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Descripción

Irene es una emigrante mexicana, que se casó con un abogado español, pero este la engaña con su única mejor amiga: Paula, y le arrebata a su hija, y es ahí cuando aparece en su vida: Hugo, un tipo que está atado a la mafia por imposición de sus padres y para proteger a su hermano, él solo quiere salvarla porque ella lo salvó hace unos años cuando todavía estaba en México, ella no lo recuerda, y él hace todo lo posible por tenerla a su lado, Irene buscará la forma de huir y trabajar para recuperar a su hija, pero la suerte le dará un giro inesperado a su vida, y la llevará a la fama, sin saber que atrás de eso está Hugo, el ángel de su vida

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Capítulo 1 - !MALA AMIGA! !MAL ESPOSO!
—Debes quedarte, regresaremos por ti mañana – advirtió Irene a su hija Sara, antes de salir de la casa de su suegro, pues esa noche celebraría con su esposo su aniversario de bodas, estaba tan ansiosa por encontrarse a solas con él, pues en ocasiones el papel de madre le impedía muchas cosas.   Llegó a su enorme casa, y entró en silencio para darle una sorpresa , tomó el baby doll que su esposo Mateo le había regalado, y que antes de ir a dejar a la niña, había escondido en el piso de abajo, se cambió rápidamente, se colocó una crema con feromonas y un perfume con un olor exquisito, que también su mejor amiga Paula le había dado, puesto que ella no tenía tiempo para buscar esas cosas y era demasiado conservadora, Paula la había aconsejado y se había ofrecido a comprárselo. Cuando se miró en el espejo y se vio seductora, sintió vergüenza de si misma; no estaba acostumbrada a usar ese tipo de vestimenta, pero quería arriesgarse, subió de puntillas al segundo piso en donde estaba su cuarto, se colocó unos tacones altos y caminó sigilosa en dirección a la puerta, se sobresaltó al escuchar gemidos femeninos, y jadeos de su esposo, se sintió nerviosa y acobardada.   Se escondió tras las cortinas de la ventana y miró a través del vidrio de estas, a Mateo con Paula, desnudos, entregándose con suma pasión, en el piso estaba la lencería de su amiga, idéntica a la que ella llevaba puesta, un cúmulo de emociones se aglutinaron en su garganta. Apretó los dientes con furia, se quitó los tacones para poder caminar rápido, y viéndose completamente ridícula con la ropa que llevaba, arrancó una de las partes que tenía tejidos, apretó la manigueta de la puerta y ante el chillido que esta hizo, ambos se sobresaltaron y ella que estaba encima de él, miró hacia atrás asustada en el momento exacto que Irene abrió.   —Me traicionaste – le gritó y no supo qué a quien de los dos le decía, pero sí supo reconocer que la traición de su amiga le dolía más.   —Cállate imbécil – se atrevió Mateo a insultarla, algo bastante habitual en su frustrada relación mientras Paula desconcertada y atónita se cubría con la sábana el cuerpo.   —¿Por qué me hiciste esto? – gritó alterada, sin poder evitar que las lágrimas rodaran por su mejilla, ni siquiera pudo moverse del mismo sitio en donde se había quedado parada, Mateo se acercó a ella, la agarró del cuello y con fuerza la pegó a la pared, Paula solo miró la escena nerviosa, buscando la ropa en el suelo.   — Eres una desgraciada – pudo decir con la voz cortada, pero Mateo pasó su mano derecha por la boca de ella para que no pudiera gritar más.   —No te amo, nunca he amado, eres una mujer frívola y sin gracia, mira a Paula es esbelta, tiene un cabello hermoso y unas uñas perfectas que me aruñan las espaldas, en cambio tú ni siquiera te arreglas, mira qué ridícula te ves con esa ropa, en cambio Paula la luce sensacional, y si te la di es porque antes fue de ella y si no hubieras venido ahora y hubiese tenido que acostarme contigo después al menos pensar que se trataba de ella y no de ti, pues me das asco, y sabes qué, el perfume que estás usando es el mismo que usa cuando estamos juntos – A cada palabra que dijo Irene le dio una lágrima y él sin piedad continuó – Imagínate cómo eres de estúpida que en tantos años que han pasado de mi relación con Paula nunca te has dado cuenta, te aborrezco, me das asco, eres una mujer que genera repulsión, mírate, una pobre imbécil que parece un bicho raro, que no provoca absolutamente ninguna sensación en ningún hombre, y que ni siquiera puede concebir un hijo, recuerdas, cuando por tu débil cuerpo y tu pésima salud perdiste a mi hijo varón, ni eso pudiste hacer bien – concluyó recordándole el aborto espontáneo que había tenido con su primer embarazo, todo por culpa de Mateo quien a todo momento la maltrataba, sin embargo ella no era capaz de hacer conciencia sobre eso por los estragos de la manipulación que él ejercía en su mente y por lo cual sufría amargamente.   Le destapó la boca y se dirigió a Paula que temblaba de miedo de pie al lado de la esquina de la cama, estaba muda, no sabía qué decir ni cómo defenderse, sobre todo porque lo que había escuchado era cruel. Mateo la abrazó y ella bajó la mirada.   Irene con lágrimas en los ojos y con el enorme dolor que las palabras de su esposo le habían provocado se atrevió a gritarle a la que consideró antes su mejor amiga – Confié años en ti, te hablé con tristeza de mis problemas matrimoniales, estuve para ti en los momentos más difíciles, te ayudé cuando más necesitabas, te confié mi vida, Paula, conociste lo que ni siquiera yo conozco, y te atreves a pagarme de esta manera, cómo pudiste fingir tantos años cuando en tu mismo pecho cayeron mis lágrimas diciéndote lo difícil que era para mí, saber que este maldito hombre no le gustaba tocarme siempre, cómo pudiste tener la conciencia y el corazón tan frío para darme palabras de aliento cuando la causa de todo eras tú – logró decir, y no continuó porque Mateo desesperado por sus gritos se acercó a ella con rapidez y furia y la abofeteó   -Cállate, estúpida, cállate – le gritó en la cara, Irene tragó grueso – Vete, no te quiero cerca de nosotros, lárgate – le ordenó mientras se volteaba hacia el ropero, le sacó la ropa y se la tiró encima, en ese lapso de tiempo solo pudo mirar con tristeza e ira a quien era su mejor amiga, pero Paula no se atrevió siquiera a mirarla.   Recogió la ropa, agarró la maleta que estaba a su lado y metió la ropa rápidamente, Mateo protegió a Paula, rodeándola con sus brazos, de espalda, hacia Irene. Ella se aguantó los sollozos, solo dejó que las lágrimas rodaran por su cara, tras tener toda la ropa en la maleta, los miró por última vez completamente deshecha   —Malditos, ojalá se pudran juntos, son iguales, dos asquerosas personas que no se merecen nada, más que sus propias miserias por eso están juntos – les gritó y lanzó un escupitajo al aire   —Lárgate, maldita sea, lárgate, déjame en paz, a ella la amo, a ti te aborrezco, lárgate ya – gritó siempre de espalda   Irene, que era una mujer sufrida, sabía cómo enfrentarse a los problemas que acaecían su vida, pero lo que acababa de ver la había dejado sin aliento, no sabía de qué forma llamarle, ni cómo enfrentarlo, el mismo día del aniversario de su boda enterarse de algo así, y sobre todo que su mejor amiga fuera partícipe de su dolor, eso le parecía la mayor de las desgracias, pues Paula era alguien supremamente especial para ella.   Con mucha dificultad bajó las escaleras y regresó al baño en donde había dejado su ropa, con asco se quitó la lencería, la tiró al suelo con ira y se vistió nuevamente, tomó su maleta y salió de la casa completamente absorta, con los ojos desorbitados, sintiendo un dolor extremamente grande, incapaz de describir, que hasta le dificultaba la respiración, las lágrimas solo rodaban por sus mejillas y se sentía morir, sin fuerza.   Sabía que tras esa puerta dejaba sus mejores años, cinco años de matrimonio nada fáciles, cinco años a los que se había atado a base de chantajes, de sufrimientos, de manipulaciones, de golpes, y perdones, y que sin darse cuenta la habían obligado a alejarse de sus sueños. El dolor era tan extremo que ni siquiera fue capaz de pensar en nada que no fuera lo que estaba sintiendo.   Abrió su cartera, buscó y supo que solo le quedaban unos cuantos dólares, caminó sin rumbo, halando la maleta con dificultad, mirando fijamente al suelo, las personas a su alrededor solo la observaban. Se metió a un viejo bar, y con lo poco que le quedaba de dinero tomó licor, en la esquina de una mesa, unas horas después era claro que sabía que estaba borracha, pero tenía despierto el dolor que la situación le estaba provocando.   — Debe retirarse, ya vamos a cerrar – le dijo un mesero con amabilidad al verla en ese estado y completamente sola   — Sí, pero no tengo a donde ir, tú sabes a dónde se va cuando te han quitado todo, cuando tu mejor amiga se ha cogido por años a tu esposo, y tú no te has dado cuenta hasta que cumples cinco años de casada y los descubres en tu propia cama – contó mientras las lágrimas rodaban por su cara y con su voz cortada, completamente triste y arrepentida  

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