CAPÍTULO VII TIEMPOS DESESPERADOS REQUIEREN MEDIDAS DESESPERADAS

1560 Palabras
CAPÍTULO VII TIEMPOS DESESPERADOS REQUIEREN MEDIDAS DESESPERADAS —¡Mierda!, tu ex es Itzam Balcab — chilló con sorpresa Miranda. Al acudir ese día a la universidad, Milenka fue plenamente consciente que se enfrentaría a un bombardeo de preguntas por parte de su amiga. Y siendo sincera consigo misma, la chica se lo había ganado a pulso. Siempre era muy respetuosa con lo que Milen quería contarle sobre su vida, nunca indagaba más allá y en ocasiones rellenaba esos vacíos con sus propias historias, jamás se molestaba por tener que dar más detalles de su vida, cuando Milen solo decía lo mínimo indispensable para socializar. Por esa razón, Milen decidió que era momento de contarle un poco más sobre ella, sobre todo por qué tras su infortunado reencuentro con Itzam, era normal que Miranda tuviera preguntas y no pensaba mentirle, no cuando ella era completamente sincera y transparente con ella. Literalmente, Miranda era la primera amiga que tenía en su vida, una amiga real, de esas a las que puedes contarle todo y al mismo tiempo no necesites contarle nada por qué con solo verte sabrá cómo estás. Una compañera incondicional dispuesta a pelear codo a codo tus batallas. — Lo dices como si fuera un triunfo — se mofó con amargura. Su intención era restarle importancia al asunto, pero resulto ser todo lo contrario. — ¿No fue así? — Miranda unió las cejas con preocupación — Porque podrá estar muy guapo el muy maldito; pero si tú lo odias, yo lo odio también — afirmo con determinación. — Ni siquiera lo conoces — Milen no estaba familiarizada con la solidaridad entre amigas. — No importa, eso hacemos las amigas. Si una perra te cae mal la golpearé por ti y si un imbécil te rompe el corazón lo curaremos a punta de helado, buen vino y películas románticas, no sin antes darle su merecido por su puesto y declararle nuestro odio incondicional. Miranda se mostraba impetuosa, hablaba con rudeza y valentía; aun así, para Milen fue el gesto más tierno que nadie nunca más había tenido por ella, al menos no hablando de amigas. — Entonces … Supongo que yo tengo que odiar a la mirada de los hombres de esta universidad — bromeo Milen. Miranda abrió la boca sorprendida por el repentino oscuro sentido del humor de su amiga; pero no se ofendió en lo absoluto — Te equivocas querida, tienes que odiar a todos los hombres del mundo, es una regla no escrita — agregó con picardía — No quiero meterme en lo que no me importa; sin embargo, no puedo fingir que no estoy preocupada. Dado a cómo se dieron las cosas, debo suponer que no todo terminó bien entre ustedes. — La morena acomodó un mechón de su espeso cabello tras su oreja, no había preguntado nada, solo expresó sus pensamientos a fin de reconfortar a su amiga y muy a su manera hacerle saber que no estaba sola. — Supones bien, no terminaron nada bien, aun así … Su comportamiento me confunde, ¿sabes? — confesó Milen dudando que su amiga pudiera entender a lo que se refería en realidad. — Bueno, sí, el hombre estaba hecho una furia, ¿tú lo terminaste? — inquiero Miranda. Con un movimiento ligero de cabeza, Milenka respondió la pregunta de su amiga. Le resultaba muy doloroso decir en voz alta la razón por la que ella e Itzam habían terminado su relación; de hecho, no lo había hablado con nadie. No sabía cómo tocar el tema sin desmoronarse pedazo a pedazo. Pensar en ello era como revivirlo, por ellos permitió que su amiga sacara sus propias conclusiones, reuniera las piezas de ese espantoso momento. — Entonces, él lo hizo — concluyo en tono pensativo. — No exactamente — dijo sin pensar Milen. Ahora que lo pensaba, su relación se dio por terminada por sí misma cuando ella lo descubrió engañándola con Emilia. — El muy desgraciado, te engaño, ¿cierto? — apretaba los labios con fuerza — pero que descaro el suyo — continuo sin esperar que Milen le diera una respuesta — trataré como si fueras la peor mujer del mundo cuando fue el quién cometió la falta. Pero es que todos son iguale de sinvergüenzas. Que se piensa que porque es millonario puede tratarte como basura. No amiga, eso no lo podemos permitir. — Tampoco es como que pueda hacer mucho, no lo había visto desde que terminamos y no creo que vuelva a verlo de nuevo. — No podemos estar seguras de eso, ya ves lo que paso— alego Miranda. — Bueno, el dejo muy claro que no quería volver a verme e incluso se atrevió a pedirme que me fuera de la ciudad — exclamó Milen en medio de un resoplido lleno de indignación. — ¡¿Qué?!, definitivamente es un hijo de la gran put… — Milen se dio cuenta muy tarde que había hablado de más. — Dios, si lo le pidiera eso a todos mis ex, este país estaría vacío, está loco, definitivamente loco, Te engaño y encima quiere que te vayas de la ciudad, eso no tiene ningún sentido, es de manicomio … A menos que … — Miranda cerro la boca de tajo. — ¿A menos qué? — inquirió Milen, incitando a su amiga a terminar la frase. — Bueno… solo puedo pensar en que independientemente de que te haya engañado, el que quiera que te vayas, no tiene nada que ver con ellos, a menos claro que siga sintiendo algo por ti y que quiera que te vayas para no tener tentaciones; pero si fuera ese el caso, porque terminaría contigo en primer lugar, bueno… te engañaría — La voz de Miranda se convirtió en un murmullo a odios de Milen hasta que termino por desaparecer y solo quedo el sonido de su propio corazón y la posibilidad de que Itzam la siquiera queriendo. > Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Nadie podía ser tan cruel como para ocasionar tremendo sufrimiento a alguien que amaba. No podía haber más razón que la misma naturaleza de Itzam. Su fama de mujeriego lo precedía, simplemente el amor que decía tenerle no fue suficiente para cambiar comprometerse con una sola mujer. Por lo tanto, debía ser otro el motivo por el cual le exigía con tanta vehemencia que se fuera de la ciudad. Ahora que lo pensaba, el hombre parecía desesperado por ello y no era el único, récord como hubo un tiempo en que Rigo insistió con lo mismo, él aseguraba que era para evitar a Itzam; pero ya no estaba muy segura de que eso fuera cierto. A todo ese rompecabezas le faltaba una pieza, una que Itzam y Rigo le estaban ocultando. Podía sentirlo. > sintió creces, una irá dentro ella > apretó los puños con fuerza. Rigo era el abogado de los Balcab, era obvio que seguía en contacto con Itzam, seguramente contándole cada paso que ella daba. > Desde un inicio la intención de ambos había sido que Milen se fuera. Itzam se lo propuso. Cambiar de universidad, luego Rigo hizo lo mismo cuando terminaron, ahora que se encuentra con Itzam después de atento tiempo, lo primero que le dice es que se vaya. También estaba el hecho de que casualmente cuando Itzam aparece la mudan de casa, a una que parece toda una fortaleza, con más seguridad que un banco. Estaba completamente segura que no era para protegerla de Itzam como Rigo lo aseguraba. No dudaba ni un poco que fuera el mismo Itzam quien decidiera sobre su nuevo hogar. Pero ¿por qué? — Katerina, ¿estás bien? — Miranda le dio un pequeño galón por el antebrazo para llamar la atención de su amiga, que parecía sumergida en el mar de sus pensamientos. — ¿Qué?, si lo siento — se disculpó avergonzaba, tenía la sensación de que se había detectado de la realidad por horas. — La señorita desea hablar contigo — hasta ese momento, Milenka, reparo en la presencia de Ramona. Esta le dedicaba una sombrilla nerviosa mientras yacía de pie frente a ella a escasos unos pasos. Parecía feliz de verla; pero al mismo tiempo se mostraba cautelosa. Después de todo, era de esperarse que al terminar su relación con su primo, decidiera hacerlo también con su familia, aunque le decepcionaba un poco que su amistad solo se basara en su parentesco con él. — Hola, Milen… lo siento, Katerina — saludó con amabilidad Ramona. — Ramona, no esperaba verte aquí. — Como dicen, Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas — no había mejor frase para describir tal situación. — Miranda, adelántate a clase, te alcanzo en un momento — pidió Milenka. La morena le dedicó una mirada llena de preocupación y otra de desconfianza a Ramona. Sabía perfectamente que formaba parte de la familia de Itzam, la reconoció por la fiesta. — Estaré bien — Milen le dio un pequeño apretón en la mano para asegurarle que no corría ningún peligro. Con un seco Bien, nos vemos, Miranda echo a andar hacia el interior de la universidad. Un silencio incómodo se hizo tras su partida, ni Ramona ni Milen sabían por dónde comenzar, qué decir.
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