Capítulo 32. El nacimiento de La Sirena

1573 Palabras
Stefan no entendió en un principio, toda su atención, sangre e inteligencia estaban al sur de su cuerpo. — ¿Qué? —Expresó confuso. Victoria movió el monitor de la computadora y lo mostró. —Llegó el mensaje que esperabas. Stefan leyó y entendió lo que ocurría. Su erección insatisfecha le reclamaba a Victoria. Pasó las manos por su rostro. —Victoria, nos atacaron, si no hubiera sido por el maldito Luciano estaríamos muertos. — ¡Y debes celebrarlo comprando muchachas! — ¡Haré lo que tenga que hacer para devolver el golpe! —Tu propósito es vengarte del padre de Luciano, ¿Que tiene que ver eso con hacer un burdel? —Tú no entiendes… —Pues explicame —Victoria lo retó cruzando los brazos, muy digna aunque esté sin pantaletas. —Maldición Victoria, encontraste la manera perfecta de arruinarme el resto de este día. — ¡Lo arruinaste tú Stefan! —Victoria se puso de pie y acomodó su estrafalaria vestimenta—. Y pensar que al venir aquí lo hice porque no quería ser patética. Stefan quiso impedirle que se fuera, pero Victoria apartó sus manos. —Déjame en paz, me largo de aquí. Victoria abrió la puerta y salió a paso rápido. Stefan metió su m*****o de nuevo en los pantalones muy frustrado y caminó detrás de ella. —Victoria, necesito que me entiendas. Victoria no dejó de caminar y entró a su habitación, pero no pudo evitar que Stefan entrara detrás de ella. —Que te entienda, siempre que entienda y te justifique por ser un maldito desgraciado porque tu vida ha sido triste. ¿Quién te dio el derecho a ser el dios de los débiles? — ¡Es justicia! — ¡Es bajeza! Antes te respetaba, incluso pude entender tu deseo de venganza de Halcón, pero no eres mejor que él, no eres mejor que Luciano si acaso eres peor porque ellos lo hacen por dinero y tú por tu desquiciada megalomanía. Stefan negó con la cabeza, él no sentía que fuera el monstruo asqueroso que veía y describe Victoria. —Victoria, necesito que me escuches. —No me interesa… Stefan cerró la puerta. — ¡Pues igual me vas a escuchar! Victoria se encerró en el baño y Stefan habló en voz alta, aunque no quisiera iba a oírlo, ella no le daría el gusto de verla mientras lo hacía. —Esta noche me atacaron, debo manifestar mi supremacía, escapé, pero no puedo convertirme en una rata que persiguen con un palo al asomar la cabeza. El burdel…, el tal nido que inaugurará Luciano es una bofetada a Halcón, pero no me interesa su cruzada, es supervivencia Victoria, debo mostrar que no soy un pusilánime y cagarme en New York, porque desde que nos lanzaron de un acantilado la organización de Halcón se hicieron los dueños indiscutibles de New York. Son los principales proveedores de Armas y drogas, por encima del cartel mexicano, todos les temen y mi retiro del negocio de mujeres me ha vuelto débil. Stefan esperó una contestación de Victoria, pero continuaba el silencio. Stefan entonces se sentó en el suelo y recostó en la puerta del baño. —Victoria, jamás me importó, para mí esas chicas eran una mercancía más, los únicos escrúpulos que he sentido son los niños y mira que he tenido oportunidad de hacer dinero con el tráfico de órganos, pero el rostro asustado de Stoyan es lo que veo cada noche antes de irme a dormir. Entonces te conocí, me hiciste consciente de que no eran mercancía, que eran chicas como Adriana, con eso les diste rostro. Victoria no te niego que por eso intenté abandonar ese negocio y ahora al ver a esas chicas veo el rostro de mi hermana, pero me ha costado el respeto Victoria, y me matarán en cuanto puedan —Stefan continuó explicando aunque Victoria no respondía—. Sé que te parece que soy un degenerado, pero es que en esta vida al rebasar algunos límites ya no hay vuelta atrás. Debo dar esas mujeres al nido si quiero seguir viviendo, porque a estas alturas ya no puedo simplemente dar marcha atrás. Victoria abrió la puerta y Stefan casi se cae, se levantó y le cuesta mantenerse como quisiera mostrando su entereza, en realidad siente que depende de la decisión de Victoria. —Si es como dices, te estarán esperando en ese lugar. —Claro que lo harán, y para tu satisfacción será gracias a Michael Herrera, no hay manera de hacer una inauguración sin que él con su destreza en informática se entere. —No veo el sentido, es una jugada k******e. —El burdel debe inaugurarse, pero no me importa si termina destruido el mismo día, el enfrentamiento debe darse, el problema son tus amigos, ellos representan a Halcón y lo más seguro es que me maten antes de llegar al viejo Coppola. —Stefan, tu vida es una porquería. Stefan bajó la cara. —El precio no es bajo y a todos al final nos llega la muerte, la noche de hoy habríamos muerto y me atacaron porque me he vuelto débil, Victoria, me atacaron fuera del evento con más seguridad de New York, en esa fiesta había solo gente influyente. — ¿Mafiosos? —No solo mafiosos de cuellos blanco, jueces, diputados, a veces coroneles y hasta miembros del gabinete de estado, donde muestro mi rostro no es simple mafia de recursos ilegales, son secretos, a veces el destino de una nación se dirige allí, todos los que asisten allí tienen más que perder si me delatan, igualmente no sabes que soy Stefan Angelov, como Stefan nunca aparezco, por eso mi peculiaridad al ser Stefan el Ceo. —Dame un momento, el brillante plan de Luciano es hacer un burdel ¿por qué? —A Halcón no le gusta que le recuerde que él es hijo de una prostituta, denigra a Luciano por ser un proxeneta y lo apartó de la trata de blancas. —Pues eso me agrada de Halcón. Stefan hizo una mueca y la miró con rabia. —Y cuando me maten será más satisfactorio para ti. Victoria rodó los ojos. —No te va el hacerte el mártir. —En realidad quiero parecer todo lo contrario con mis enemigos, quiero que vean que conmigo no pueden, ante ti solo te muestro mi verdadero rostro. — ¿Qué dirás si te atrapan y preguntan por mí? Stefan sonrió. —Para qué me preguntarían por ti, tú estarás con ellos de seguro. —Yo estaba contigo —murmuró Victoria con tristeza. Stefan se desesperó. —Dime qué quieres de mí Victoria, pídeme lo que quieras que no sea no matar a Massimo Coppola y te lo daré. — ¿Tanto te importa que esté de tu lado? —Sí —afirmó Stefan sin lugar a dudas. Victoria suspiró. —No puedes llevar a esas chicas. Stefan bajó la cara. — Ya están pagadas, lo siento Victoria, te prometo que no lo volveré a hacer. —Me acabas de decir que te pones en peligro si no sigues en eso, que si te sales es peligroso. —Prefiero el peligro a tu mirada acusadora. —Stefan eres un desquiciado. —Por ti Victoria, estoy loco por ti, te necesito Victoria —Stefan la abrazó sin importar que ella no correspondió al gesto—. Tú eres mi luz. Victoria no sabía qué pensar, pero mentiría si dijera que no le gustaba la manera como Stefan le demostraba estar dispuesto a cualquier cosa porque ella se mantuviera a su lado. Para ella que solo ha experimentado el rechazo la mayoría de su vida esto era un bálsamo. —Ya compraste a las chicas, no hay vuelta atrás, pero luego debes liberarlas. —Victoria, esas chicas en su mayoría están tan dañadas que ya no son confiables, me delatarían y será peor. —Yo me encargaré, les podemos dar terapia, Stefan, quizás no se salven todas, pero si tu organización es tan débil que una prostituta pone en peligro entonces como carajo piensas que podrás vengarte de Halcón. Stefan se quedó callado y rascó su cabeza. — ¿Me estás diciendo que te encargarás de las chicas que llegarán? Victoria sonrió. —Sí… Me gusta, es algo bueno que puedo hacer. —Victoria, no puedes mostrar tu rostro, estas mujeres son adictas, demasiado peligrosas. Victoria recordó el miedo de Stefan que ordenó asesinarla cuando supo su nombre. —Tienes razón, los adictos son problemáticos, pero tú me diste un antifaz, no tendrían que ver mi rostro, igual solo organizaría el tratamiento en la clínica de ibogaina, quizás necesite más personal psicológico… Stefan se echó a reír. —Si con eso logro que te quedes —Stefan acarició su mejilla. —Me quedaré si me das la oportunidad de resarcir lo que hiciste, pero igual lo hiciste, no confío en ti, y si no lo hago no voy a tener sexo contigo. — ¿Qué hay de la Victoria que ve el sexo como nada? —Murió al caer de un acantilado. Stefan la abrazó de nuevo y la besó en el cuello y la mejilla cuando ella desvió la cara. —Te gusta seducirme y negarme lo que deseo, no sé a dónde se fue tu miedo, porque ahora juegas conmigo, sabía que esto pasaría, me has vencido y puedes llevarme a la muerte Victoria, eres mi sirena.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR