Capítulo 37. Desviar la mirada

1466 Palabras
Victoria disimuló lo mejor que pudo, no le gustó la burla en la voz de Stefan, no quería darle el gusto de demostrar lo herida que se siente. La decepción de no significar nada para Michael. Así era como ella lo percibía. Miró a Stefan de manera aprensiva. —Supongo que no te da ni pizca de gracia que no hayan muerto. Stefan subió los hombros. El noticiero informaba de la muerte de Luciano de Luca. —Al menos murió Luciano, eso le dolerá a Massimo Coppola que es a quien en verdad odio. —Me alegro de que los demás estén con vida, tú deberías olvidarte del asunto y procurar también ser feliz. —No sabes lo que me pides —murmuró Stefan. —Massimo Coppola es un hombre mayor y con su trabajo en cualquier momento lo matarán. — ¡Pero debo hacerlo yo! No entiendes que ese hombre me debe demasiado, no comprendes porque eres una mimada que ha tenido todo sin luchar por conseguirlo. —Lo único que veo es a un hombre inteligente y joven que se pudre detrás de una fachada; que puso su vida en pausa creyendo que al matar a un hombre dejará de sentir dolor —Victoria limpió una traicionera lágrima—. Quizás soy una mimada como dices, quizás no he sufrido como tú y no sé lo que es tener un hermano de sangre, pero sé lo que es perder a una hermana, sé lo que es que la vida pase frente a tus ojos y descubrir que de nada sirve cuánta importancia puedas darle a las acciones de otros, porque igual la vida continua con o sin ti. Stefan la miró intensamente y en silencio, ya Victoria pensaba que no iba a contestar y ella se iría. «Él no es el más idóneo para escucharme, mucho menos para entenderme» Ya estaba en la puerta cuando Stefan habló. — ¿Por qué regresaste? Victoria con el picaporte de la puerta en la mano una vez más sintió deseo de continuar su vida, pero el deseo de mejorar a esas quince mujeres pudo más. —Fui a la clínica y no pude comunicarme con las chicas, el doctor me dijo que eres un traductor humano. Stefan sonrió de lado. —No es cierto, pero quizás pueda ayudar, sin que vean mi rostro, sabes que no puedo exponerme porque debo proteger… Victoria no resistió acercarse a él. —Tú no eres el hombre cruel que estás empeñado en hacer de ti… —No tienes idea, Victoria. —Claro que sé de qué eres capaz, lo he visto. Pero aun te importa tu madre y tu hermana, una persona capaz de amar merece redención. — ¿Y crees que no lo deseo? Soy humano, pero para lograr mis objetivos debo hacer algo más, soy joven y el tiempo está a mi favor en cuanto a Massimo Coppola, pero él ya destruyó mi vida y hasta que tú llegaste no me había importado que pasaría una vez que lo matara y siguiera con mi vida. Victoria desvió la mirada. —Ya ese hombre sufre por la muerte de su hijo, ten un descanso y acompáñame, hagamos algo bueno por quince mujeres que Luciano no pudo dañar. —Conociendo a Luciano debe haber tenido a algunas de ellas y ya están dañadas. Victoria lo miró de nuevo. — ¿Eso también hacías tú? — ¿Te refieres a si me he acostado con prostitutas antes? Lo he hecho, como cualquier hombre. Victoria lo miró con asco y negó con la cabeza, eso irritó a Stefan y expresó con desdén: —Tu preciado Michael también lo ha hecho, de hecho es muy querido en un burdel… — ¿Por qué demonios hablas de Michael? —Preguntó Victoria—. Es de lo menos que quiero hablar, te ves muy mal hablando de otro hombre. —Tienes razón, soy un idiota será, porque en eso me convirtió mi enamoramiento absurdo por ti. —Regresemos a hablar de lo que te pregunté y no te desvíes con cursilerías que no van con tu personalidad. ¿Tú has violado chicas con las que negocias? Stefan se echó a reír y negó con la cabeza, Victoria continuó con tristeza asumiendo que era así. —Claro, que ingenua, olvidé como me trataste cuando salimos del mar… — ¡¿Acaso te he violado?! —Exclamó Stefan dolido y se acercó a ella hasta pegarla contra la puerta—. Desde antes de probar tu coño me traías desesperado, ahora ni siquiera desahogarme con otra mujer soy capaz, te deseo tanto que me masturbo aun sabiendo que estás a unos pocos metros de distancia, sola, recien bañada y dormida en una cama limpia que resulta está en mi casa —Stefan pasó su mano entre sus pechos y la agarró del cuello hasta casi pegar su boca a la de él—. No puedo creer que me lo preguntes, ¿Acaso se te olvida que no he estado dentro de ti? Por lo visto solo a mí eso me obsesiona —Estefan inhaló el olor de su cuello—. Veo que estás decidida a creer que soy un monstruo. La respuesta es no, Victoria; no he obligado a una mujer, porque el sexo me gusta divertido y mi diversión consiste en hacer excitar a una mujer. Para que me teman no utilizo sexo. —Pero me amenazaste… — ¡Pensé que entendías que era parte de mi papel! Tú me conoces, lo digo en serio, nadie me conoce como tú. Stefan la soltó con rabia y Victoria tomó su mano, lo miró a sus ojos gris claro y no pudo contener la mirada, de nuevo la desvió. —No creo que seas un monstruo, pensé que te habías dado cuenta cuando te dije que creo que puede redimirte, olvidar esta vida. —Victoria, olvídate de eso, que ni siquiera por ti lo haré. Me retiraré el día que muera Massimo Coppola. —No te pedías que lo hicieras por mí. —Claro, se me olvida que no quieres nada que ver conmigo. Victoria jugó con sus manos haciendo girar el anillo que él le dio en su pulgar. —Creo que es mejor que te devuelva esto, no tiene sentido que lo tenga, sé que no me matarás. Stefan la detuvo cuando se estaba quitando el anillo. —Vamos a hablar con tus chicas dañadas. Michael estaba en su sala de computadoras y por una vez no estaba con la mirada fija en las pantallas. No tenía paz, pero estaba conforme y había aceptado que Victoria murió con Slashdot al caer por el acantilado aquella noche. Tenía un espejo de mano para ayudarse a ver la herida que dejó una bala al atravesarle el muslo, debía poner de nuevo una venda, acababa de bañarse y Guadalupe entró a buscarlo. —¿Por qué no dijiste nada?, ven te ayudo con eso —exclamó al verlo como trata de colocarse la venda él solo. Se acercó de inmediato y se puso de rodillas ante él. Sus mejillas estaban coloradas y no podía disimular la sonrisa traviesa en su rostro. Michael sonrió también. —Me recomendaron no quitarme la venda, pero tenía que bañarme, no creo que una venda llena de agua de mar tuviera que dejarla. —Estoy de acuerdo con eso, pero debiste llamarme antes para ayudarte con el baño. Michael sonrió de lado. —¿Me ayudarás ahora o no? Guadalupe con mucha atención en los detalles, limpió ambos extremos de la herida. —Tienes el muslo enorme —Guadalupe puso la mano y la estiró todo lo que daban sus dedos y comenzó a medir cuántas veces debía repetir la mano para que lograra abarcar, lo miró mordiendo su labio inferior, las caricias disimuladas despertaron la entrepierna de Michael y ella sonrió ladina al lograr su objetivo. —Eres una desvergonzada —le acusó él, pero estaba complacido. Michael la tomó por debajo de los brazos y la atrajó a él , ella quedó entre sus piernas y cayeron al piso todos los materiales del botiquín de primeros auxilios, Guadalupe se afincó en su pecho para colocarse mejor y Michael jadeó de dolor. Guadalupe levantó su franela y vio los hematomas circulares donde impactaron los proyectiles que detuvo el chaleco. —¿Estás son marcas de balas? —Preguntó anonadada, solo de imaginar que pudo morir le hacía doler el corazón. Michael afirmó con la cabeza. —Estoy bien, mejor que en mucho tiempo. —Michael, pudiste morir. —Es lo que merezco. Guadalupe negó con la cabeza. —No es cierto —murmuró ella con voz estrangulada—, tú mereces vivir… —Entonces dame vida. Guadalupe lo besó dispuesta y feliz.
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